Han estado prácticamente en todas las casas del mundo: los ‘goldfish’, los peces dorados (o de colores) que venden en casi todas las tiendas de animales y que han vivido en peceras de nuestras casas no siempre tienen el final que merecen. En muchas ocasiones, tras unos meses acaban muriendo en nuestros hogares, pero en otros directamente los dueños se cansan de estos animalitos y acaban haciendo algo que es del todo desaconsejable: lanzarlos a lagos o estanques.

El motivo para no verter estos animales en entornos que no son el suyo es mucho más mundano que el hecho de que sean especies invasoras que pueden dañar el ecosistema: es su tamaño. En Burnsville, Minnesota, han alertado de esta mala práctica tras encontrar "grupos de peces de colores gigantes" en uno de sus lagos. La advertencia es clara: "Por favor, no suelte a su mascota en estanques y lagos, crecen más de lo que cree", han clamado en su Twitter oficial. Además, por supuesto, han recordado lo obvio: estos peces “contribuyen a la mala calidad del agua al limpiar los sedimentos del fondo y arrancar las plantas”.

Estos pequeños peces pueden llegar a crecer hasta tener el tamaño de una pelota de fútbol. Además, compiten con las especies nativas por la comida y aumentan las algas en los lagos.

Solo en la ciudad de Bursville se encontraron 10 peces en el lago Keller a principios de mes mientras hacían un estudio de la calidad del agua, según informa la agencia AP. Pero la cifra no ha quedado ahí: el mismo lunes se han encontrado 18 peces más, algunos medían hasta 46 centímetros y pesaban casi dos kilos.

Estos peces dorados se reproducen a gran velocidad y tienen pocos depredadores naturales ya que provienen del este de Asia y son ‘primos’ más pequeños de la carpa común. Según explican en 'Star Tribune', deterioran la calidad del agua al alimentarse de los fondos de los lagos, lo que altera las plantas y agita los sedimentos, que a su vez liberan fósforo, lo que fomenta el crecimiento de algas.