Uno más para la leyenda. Uno más para el mejor deportista español de todos los tiempos. Un Grand Slam más para el número 1 del mundo, para Rafa Nadal. El de Manacor no dio opciones a un Anderson que no pudo hacer nada ante el pundonor de un Nadal que, pese a no jugar su mejor partido

El 16 contra el 1, la opción de agrandar su leyenda o de escribir su nombre en un torneo histórico por primera vez. Los dos protagonistas se dispusieron sobre la pista con todo que demostrar por distintos motivos.

Empezó sacando Anderson y, ya desde su primer saque, Nadal quiso meterle presión, llevando sus juegos al límite. El sudafricano fue manteniendo sus saques como pudo, a base de aces y de jugar al límite.

Nadal, por su parte, no tenía dudas con su saque. No le cedía ni medio espacio al sudafricano, dejándole como único momento de alegría un 15-30 que logró en el 3-2 del partido.

A por el 16

Pero cada saque de Anderson era un dolor de cabeza para él. Nadal siempre estaba en su oreja, aguantando sus cañonazos desde las gradas de la Arthur Ashe, casi saludando a los Bill Gates, Tiger Woods o Seinfeld que estaban en el público.

Finalmente, después de mucho intentarlo, llegó el ansiado break. Fue para ponerse 4-3 en el marcador, con saque y con todo el viento a su favor. Poco a poco, el de Manacor fue soltando su derecha, fue activando sus piernas, fue enlazando sus golpes endiablados desde el fondo de la pista para desesperar a su rival.

Así, mantuvo una vez más su saque sin apenas sudar, con cada vez mayor sensación de seguridad. Era el turno de Anderson una vez más, si Nadal ganaba el juego se haría con el primer set, y así hizo.

Llevando una vez más el saque de Anderson al deuce, Nadal cerró su puño y celebró su primer set con un puntazo muy suyo. Estaba a dos sets de su tercer US Open, de su 16º Grand Slam, pero quedaba mucho camino por recorrer.

Intratable Rafa

El segundo set empezó con ambos tenistas seguros con sus saques, cada uno manteniendo el suyo, conocedores de que el resultado del segundo set podía ser clave en el devenir del torneo.

Todo se mantuvo así hasta que Nadal apretó, hasta que vio el momento de dar la estocada definitiva al set y casi al partido, ese 3-3 con saque de Anderson en el que decidió que le rompería el servicio.

En ese momento, Nadal, con 4-2 en el marcador y con un juego de número 1, dejó claro al sudafricano que no iba a ganar, que la muralla que tenía delante era demasiado grande como para tirarla abajo. Anderson había visto la realidad del tenista más duro mentalmente de la historia.

Con esta situación, Nadal sólo tuvo que mantener sus saques, algo que no le había costado en exceso durante todo el partido. Así fue, no dudó ni medio segundo, cuando tenía que cortar la bola la cortaba, cuando tenía que pegarle plana la pegaba. Ni una sombra de duda en su drive, en su prodigiosa mano izquierda y en su firme revés.

El tercer set, con break para empezar

Nadal cerró el set, el segundo, con uno por delante para hacer más grande si cabe su leyenda. La Arthur Ashe parecía hasta aburrida ante la superioridad de Nadal, mental, física y táctica sobre su rival. Daba igual la potencia que usase su rival, daba igual si subía a la red, si se mantenía atrás, si le hacía un ace. Rafa siempre estaba ahí.

Pero la fiesta no quedó aquí, ya que empezó Nadal ganando el primer juego del tercer set. Esto significa que le hizo el break a Anderson, poniéndose 1-0 con saque para el 2-0. Era el guión perfecto, como si estuviese escrito por el propio Nadal, que a veces parecía ni sudar.

Y el tiempo pasó mientras se digería lo conseguido por Nadal, convirtiendo lo extraordinario en cotidiano. Después de caer en la más profunda de las oscuridades, de perder el aura de titán que había conseguido, se rehizo. Sin decir nada de nadie, sin pedir explicaciones a aquellos que dejaron de creer en aquel que nunca se rinde.

De repente, el ogro volvió, y volvió más fuerte que nunca. Cuando muchos le daban por retirado, cuando se escuchaba a los agoreros decir que nunca sería lo que fue, Nadal volvió de sus cenizas, sacó su juego más agresivo y volvió a sorprender a todos.

Una leyenda cada vez más grande

El partido pasó, como la vida, pensando en todo aquello que fue, es y será. Anderson ganaba sus juegos, mantenía dignamente la cabeza alta, pero no podía tumbar al muro de Manacor. 2-1, 3-1, 3-2, 4-2, 4-3... El trofeo estaba cada vez más cerca y no parecía peligrar.

Llegamos al momento clave, el 5-3 con saque de Anderson. El US Open estaba a un juego de distancia para Rafa Nadal, pero tenía que esperar. Anderson mantuvo, una vez más, su saque. Era el turno de Nadal, que fue ovacionado por la Arthur Ashe antes de entrar en la leyenda.

Y entró por la puerta grande. Victoria para Rafa Nadal, que selló su Grand Slam número 16, el tercer US Open de su carrera. 6-3, 6-3 y 6-4, sin fisuras, sin dudas, a lo Nadal. A lo leyenda. Esta vez no se tiró al suelo, "no hubo tensión", aseguró su tío Toni tras el partido.

La Arthur Ashe se rindió al español, que levantó al cielo la copa de campeón del US Open. El número 1 no se rinde, el número 1 no cede a presiones, el número 1 quiere quedarse en su trono. Rafael Nadal Parera sigue grabando su nombre en la historia del tenis y del deporte.