La lejía doméstica es una disolución de hipoclorito sódico en agua. Según el territorio se le conoce con otros nombres: cloro, lavandina, agua de jave, agua de jane, cloro activo, decol, límpido… También según la región y el fabricante la cantidad de hipoclorito de sodio en estos limpiadores domésticos varía ligeramente.

Estos productos se pueden diluir con agua para desinfectar superficies, lavar frutas y verduras. Pero no todas las lejías sirven, y no todas las disoluciones son iguales, de ahí el lío. A continuación vamos a explicar cómo preparar cada una de ellas, cómo funcionan, cómo hay que usarlas y qué precauciones deberíamos tomar.

Qué es el hipoclorito y por qué desinfecta

El hipoclorito de sodio es una sal alcalina que se usa como desinfectante debido a su gran poder oxidante. Según la acidez y la temperatura del agua, se va trasformando en otras especies químicas como el cloro gas, el perclorato, dióxido de cloro, ácido clorhídrico, ácido hipocloroso… Todos ellos son sustancias oxidantes.

El poder oxidante de todos estos derivados del cloro, incluida la lejía, les convierte en unos grandes destructores de materia orgánica. Pueden alterar sus estructuras y romper enlaces químicos.

El hipoclorito ataca a la materia orgánica, especialmente a los ácidos grasos, a quienes transforma en sales (jabones) y glicerol. Además, el hipoclorito neutraliza los aminoácidos de las proteínas formando cloraminas, agua y sales.

Por eso el hipoclorito es capaz de destruir la pared celular de las bacterias y las envolturas víricas de los virus. También destruye sus proteínas y su material genético. Ese es el mecanismo por el que el hipoclorito acaba con los microorganismos y los incapacita para producir enfermedades. Su poder de oxidación hace que además sea germicida, eliminando mohos, algas y otros microorganismos. Por eso se utiliza para desinfectar tantas cosas: superficies, piscinas e incluso para potabilizar el agua que bebemos.

Su poder de oxidación es tal que también se emplea como blanqueante. Muchos de los pigmentos que se utilizan en el textil son compuestos orgánicos denominados cromóforos. Tienen la particularidad de absorber radiación del espectro visible, por eso los vemos de colores. Sin embargo, el hipoclorito es capaz de romper enlaces químicos de estos compuestos haciéndoles perder su capacidad de absorción en el visible y, por tanto, pierden el color. Así que cuidado al usar lejía con textiles.

En resumen, el hipoclorito se usa como desinfectante porque su poder oxidante es capaz de destruir materia orgánica.

Limpieza | iStock

Cómo preparar y usar hipoclorito para desinfectar superficies

Según la evidencia científica de la que disponemos, una disolución de tan solo el 0,1% de hipoclorito es suficiente para acabar con la mayoría de microorganismos patógenos, incluyendo el actual coronavirus. Es capaz de inactivar al coronavirus por contacto en menos de un minuto. Es decir, no hace falta ni frotar ni enjuagar, porque por contacto ya queda inactivado. De ahí que las autoridades sanitarias recomienden el uso de hipoclorito al 0,1% para desinfectar todo tipo de superficies.

La lejía doméstica tiene una concentración de hipoclorito que puede variar desde el 3% al 6%. No obstante, revisando los productos de limpieza convencionales españoles llamados «lejía», la horquilla no es tan amplia. La concentración oscila entre los 30 g/l y los 40 g/l de hipoclorito sódico.

Hay una correspondencia directa entre la concentración de hipoclorito sódico y el «cloro activo» que figura en las etiquetas de algunos de estos productos. Esto es así porque, primero, el hipoclorito suele fabricarse a partir de cloro gas; segundo, el cloro que es realmente activo depende del pH de la disolución; y tercero, el poder oxidante del cloro gas, el llamado «cloro activo», es equivalente al poder oxidante del hipoclorito de sodio. El «cloro activo» se corresponde con un determinado % de la concentración de hipoclorito. En la mayoría de productos son datos casi equivalentes, al menos para la precisión de la medida que necesitamos en el entorno doméstico.

Haciendo los cálculos con una lejía doméstica promedio de 35g/l de hipoclorito, para obtener una disolución del 0,1%, necesitaríamos disolver 28 ml del producto comercial en 1 litro de agua. Esto traducido en cucharadas sería:

Para limpiar superficies: 2 cucharadas soperas (2 x 15 ml) de lejía doméstica disueltas en 1 litro de agua fría.

Esta receta nos sirve para preparar hipoclorito al 0,1% con cualquier producto comercial denominado lejía. Es la disolución que usaremos para limpiar suelos, superficies de todo tipo, baños, cocina… Incluso los envases de productos que vengan del exterior. Lo podemos aplicar con fregona o con un paño. Como está tan diluido, no hay que preocuparse por materiales sensibles como metales (a excepción del cobre), granitos o mármoles. No les afectará. Pero sí es corrosivo para la piel, así que hay que aplicarlo siempre usando guantes.

Es importante que el agua en la que preparamos la disolución esté fría. Por seguridad y por efectividad. Esto también tiene una explicación química.

La lejía siempre en agua fría y almacenada en un recipiente de plástico cerrado y opaco

El hipoclorito sódico en agua se va descomponiendo poco a poco. El análisis de la velocidad a la que transcurren las reacciones químicas se conoce como cinética química. Esta descomposición tiene una cinética relativamente lenta, al menos para lo que concierne al uso doméstico, pero se acelera con la temperatura, la luz y en contacto con el aire, algunos metales y ácidos, entre otros factores.

Las reacciones de descomposición son variadas. Puede dar lugar a cloruro sódico y oxígeno, desproporcionar a cloruro y clorato, e incluso liberar cloro gas, que es la reacción más peligrosa. La formación de cloro gas, que es un compuesto tóxico, corrosivo e irritante, con un fuerte «olor a piscina», se forma cuando la lejía se calienta. A partir de 30oC se empieza a formar cloro gas de forma significativa. Por eso es tan importante no usar jamás agua caliente con lejía. Es muy peligroso.

Además de peligroso, la lejía con agua caliente es menos eficaz que con agua fría, porque al descomponer el hipoclorito también perdemos su poder desinfectante.

Es importante saber que la lejía se descompone para hacer un mejor uso de ella. Por eso es mejor usarla el mismo día que se prepara, porque a medida que pasa el tiempo va perdiendo efectividad. Aunque cuando el hipoclorito está muy diluido, la descomposición es más lenta, sí se acelera por acción de la luz, el aire y la temperatura. Por eso debemos almacenarla protegida del calor. Si la guardamos en un recipiente abierto, como el cubo de fregar, la descomposición será mucho más rápida que si lo guardamos en un recipiente herméticamente cerrado, lo que nos permitirá usarla durante algún día más. También debemos almacenarla en un recipiente de plástico opaco, jamás en vidrio o metal, porque acelerarían su descomposición.

Un mínimo de 5 verduras y frutas al día. | Free images

Cómo preparar y usar hipoclorito para desinfectar frutas y verduras

Las autoridades sanitarias recomiendan lavar frutas y verduras antes de ser consumidas y aunque vayamos a pelarlas. Podemos hacerlo simplemente frotando bajo el chorro del grifo. Además, hasta la fecha no se ha documentado ningún caso de contagio por coronavirus a través de la comida. Aunque el riesgo de contagio es remoto, hay que ser conscientes de que en el supermercado hay clientes que podrían haber manoseado los productos, haber hablado cerca de ellos, o tosido o estornudado, así que el virus pudo haberse quedado en la superficie. Por eso, por precaución ante la gravedad de la situación actual, no está de más ser especialmente cuidadosos. De hecho, las autoridades aconsejan que, si vamos a comer fruta o verdura con piel, las mantengamos al menos 5 minutos sumergidas en una disolución de hipoclorito en agua fría.

Aunque las recomendaciones sobre la concentración del hipoclorito usado para desinfectar alimentos son un tanto variables, la AESAN recomienda usar una disolución de 50 ppm (en porcentaje serían 0,005%). Es decir, mucho más diluida que la que usamos para limpiar superficies. Equivale a 1,5 ml de lejía doméstica por cada litro de agua.

Esto traducido en cucharadas sería:

Para limpiar frutas y verduras: 1 cucharada tamaño postre (4,5 ml) de lejía doméstica disuelta en 3 litros de agua fría.

Además de usar agua fría, hay que tener en cuenta que no todas las lejías valen. Hay que fijarse en que en la etiqueta ponga "apta para la desinfección de agua de bebida" o "apta para uso alimentario". No todos los productos de limpieza con lejía valen, porque algunos contienen otras sustancias como perfumes o tensioactivos que pueden migrar hacia dentro del alimento. Esa es la razón por la que no se pueden usar jabones, lavavajillas u otros productos de limpieza, porque tienen componentes tóxicos que podrían difundir hacia el interior del alimento.

Después de dejar las frutas y verduras a remojo en la disolución de hipoclorito, hay que aclararlas con agua abundante. Incluso aunque el producto sea apto para uso alimentario. Este paso es fundamental para mantener la seguridad del alimento. Una vez aclaradas, nunca hay que mantenerlas a remojo, sino que hay que secarlas con papel de cocina.

Por qué no se debe mezclar lejía con ningún producto de limpieza

Al mezclar lejía con otros productos de limpieza pueden pasar dos cosas: o bien que los productos anulen su capacidad de desinfección, o bien que se produzca una peligrosa reacción química que libere sustancias tóxicas. Ambas situaciones pueden darse a la vez.

La lejía es un producto alcalino así que, en contacto con ácidos como por ejemplo el acético presente en muchos productos de limpieza, se neutralizan uno a otro. La efectividad desinfectante se desvanece.

La lejía también reacciona con sustancias presentes en multitud de productos de limpieza, como el amoniaco (formando peligrosas cloraminas), algunos ácidos, sales metálicas, aminas cuaternarias (tensioactivos) y peróxidos (oxígeno activo). Así que la recomendación es que la lejía no debe mezclarse con nada, con ningún producto de limpieza, porque prácticamente todos contienen algún componente incompatible con el hipoclorito.