La política es percepción. Los votos no se ganan explicándole a la gente con tablas elaboradas que el hecho de tener un coche para desplazarse 60 kilómetros al trabajo los convierte en un decil más rico que el que no tiene coche y se desplaza en transporte público cuando a veces el transporte público no es una opción. El trabajador de una zona rural que tiene que usar el coche de manera imprescindible o la persona que vive en la zona sur de Madrid, o en la zona del sur del sur de Madrid, y tiene que coger el coche para desplazarse a trabajar al norte no tiene la percepción de ser unos privilegiados por mucho que unas tablas estadísticas puedan decirlo. El gobierno quiere darse un tiro en el pie y establecer un cobro por uso de autovías y cabrear a su votante potencial con una medida concreta, visible y perceptible de forma evidente. Se han propuesto perder España de una manera más ruidosa que Madrid. El coste social y político de esta medida no sale en los gráficos de Iván Redondo. La hostia será herodótica.

La importancia de olvidar lo visible y dedicarse a lo imperceptible en política para asegurarse la derrota. Olvidar que hay que ganarse el voto acudiendo a lo concreto y cotidiano. La diferencia entre hacer la vida más fácil al ciudadano o de encabronarlo de manera inmisericorde para luego pedirle el voto. De dedicarse a las musas o las lentejas. Con el debate aún caliente de los bares como trampantojo para cuidar el curro de la gente que la izquierda no supo ver, el gobierno se ha implicado en molestar a unas inmensas capas de población con medidas que les afectarán de manera directa y visible. El pago por el uso de las carreteras es el que nos ocupa, pero no conviene dejar de lado que no haya una previsión de que se llame a la gente para vacunarse en periodo vacacional sin posibilidad de cambiar la cita. O volver del viaje, o perderla, es que es de una genialidad estrepitosa. Complicar la vida del ciudadano hasta el extremo de obligar a cancelarle las vacaciones en mitad de un descanso que en pospandemia es el mayor anhelo personal en años. Sí, los que tienen vacaciones también están un decil por encima de quien no las tiene. Cada uno se suicida y autoconsuela a conveniencia.

El coste de las autovías puede pagarse recaudando de muchas maneras, una de ellas es subiendo el tipo impositivo de sociedades o los impuestos al capital que siguen con tipo fijo en vez de con un tipo progresivo como el del trabajo. En la izquierda ninguno nos quejaríamos. Comprendo las motivaciones desde la izquierda verde que defienden la tasa, pero observo un sesgo urbanita preocupante en esas posiciones que se ciegan a realidades muy diversas. Se ha decidido que se va a cargar sobre el usuario, con tasas, que es un impuesto regresivo digan lo que digan los deciles sobre los propietarios de vehículos. Porque cuando paga lo mismo el que conduce un coche de 2.000 euros comprado en pandemia por el miedo a usar el transporte público para hacer 100 kilómetros al día por necesidad laboral que el del Mercedes de 60.000 euros que se va al Club de Campo a jugar al golf es regresivo. No es difícil de ver por mucho que la abuelita inventada del señor Pere Navarro no tenga coche.

Lo verde es importante. Es imprescindible. Es vital. La lucha contra el cambio climático es una emergencia mundial que atacará de manera brutal a las clases más desfavorecidas en todos sus entornos. Lo sé, lo sabemos quienes hemos podido estudiar su importancia. Pero no puede ser que lo verde se convierta en enemigo de lo común y las clases trabajadoras sin que se les ofrezca soluciones antes de realizar una transición ineludible. Las tasas para las autovías y penalizar el uso del coche privado estará bien para quien vive en Malasaña, Gracia o Lavapies, pero es una tremenda torpeza para quien vive en Extremadura y todavía no tiene un tren en condiciones, o en una zona rural sin transporte, o en Asturias o Galicia, o para el que vive en Parla, Serranillos del Valle o Fuenlabrada y tienen los centros de trabajo en el norte de Madrid con un transporte público cada vez más depauperado que quita años de vida y horas de luz. Esto no es una opinión, es un hecho, les guste o no, será devastador para la izquierda en determinados sectores de población y lugares específicos que tengan la constancia de que el gobierno más progresista de la historia sirve para hacerles la vida más difícil y más costosa. Lo concreto y visible, atiendan a lo que podemos ver y palpar de manera cotidiana. No sean torpes. Pisen la calle, no solo las del centro.