No he entendido las quemas a lo bonzo de muchos políticos de izquierdas, medios de comunicación y periodistas progresistas después de haber leído el auto de imputación a José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, es un auto demoledor, y no, Calama no es Peinado. No importa lo mucho que te haya decepcionado que se rompa la percepción que tenías sobre el expresidente porque los hechos tienen que ser valorados según te son presentados. La izquierda es diferente, o tiene que serlo, a la derecha y exigir mucho más y ser mucho más firme con actuaciones como las que se expresan en el auto de la Audiencia Nacional. Podemos valorar y acordar que eso mismo que se expresa sobre Zapatero si fuera investigado en Felipe González o José María Aznar sería mucho más escandaloso. Las comisiones de Aznar en Libia son solo un ejemplo. Pero eso es un debate accesorio que tendremos que darnos sin eludir la responsabilidad de unos hechos imposibles de defender desde una óptica de ética progresista. La izquierda que yo defiendo se escandalizaría e indignaría. Por eso es lo que me ocurre cuando asisto al espectáculo de estos días.

Puede que esté muy ligado a la ética protestante del trabajo, lo reconozco, pero en mi casa se ha dado mucho valor al hecho de ganar cada euro con tu trabajo y ser consciente de lo que cuesta ganar cada euro. Lo sabemos. La gente normal lo sabe. Sabe lo que cuesta sacar adelante un pequeño negocio, facturar como autónomo con mucho sufrimiento o lograr el dinero necesario como trabajador por cuenta ajena para sobrevivir a un mes. Sabemos lo que se gana y que nadie regala dinero y cuando ves ciertas cantidades regaladas con tanta ligereza por empresarios que hablan del dinero como adictos a la cocaína es fácil deducir que algo no huele bien. Esa misma fue la razón porque rechacé la oferta de ganar 125.000 euros de dinero público por un puesto de Dircom de una empresa pública donde "no se trabajaba nada" que me ofreció José Luis Ábalos, porque nadie ofrece ese dinero por nada y me sonaba tan mal como lo que se lee en el auto del juez de la Audiencia Nacional.

No, no hay nadie que me pueda convencer de que es normal cobrar 240.000 euros en cuatro años por maquetar informes ya realizados de una empresa relacionada con el rescate de una compañía aérea que tiene relación con tu padre. No, no me va a convencer nadie de que eso es normal. No, no hay nadie que me pueda convencer de que es normal que una empresa sin actividad en España y de la que son propietarios unos millonarios venezolanos próximos al régimen bolivariano pague medio millón de euros a las hijas de Zapatero por hacerle una web con imágenes de archivo. Soy de Fuenla, aquí no pasan esas cosas, pero en los barrios sabemos lo que vale ganar un solo euro y que cuando te pagan así por hacer algo así es porque lo están haciendo por otra cosa que no parece legal y que por supuesto está muy lejos de una ética de izquierdas aunque lo sea.

Algo podemos decir ya respetando la presunción de inocencia de José Luis Rodríguez Zapatero al leer el auto y es que, desde una perspectiva de izquierdas, aquellos que ya habían olvidado las causas por las que también fue un objetivo del 15M y le habían convertido en referente y faro actual pueden dejar de hacerlo. No importa las cosas buenas que hiciera en su época de presidente porque las actuaciones expresadas en el auto y ya confirmadas, incluso por él mismo, son incompatibles con una ética de izquierdas. No pueden defenderse desde ningún punto de vista sin importar si se confirma la ilegalidad o el delito. Porque si lo que se narra en el auto de investigación del juez José Luis Calama no es delito tendría que serlo y la izquierda siempre ha defendido que tiene que serlo. Tiene que proponer que lo sea y que se juzgue a más gente por hacerlo.

No es aceptable que un expresidente del Gobierno use su influencia para favorecer los intereses de empresarios sin escrúpulos cobrando de ellos por el simple hecho de haber sido el representante de la soberanía popular. Se le montó un escándalo a Alberto Garzón por intentar hacer eso mismo en un lobby, de manera legal, y nos lo agradecerá, porque en la izquierda no es aceptable ni tolerable participar de ese mundo de privilegios que deja a las clases populares sin posibilidad de competir en igualdad de condiciones. Mucho más aún el lobby para lograr ayudas públicas, que es de lo que se trata el tema sobre el expresidente. No se centren solo en lo penal, sino en los valores que decimos defender.

Es necesario mantener un espacio dentro de la izquierda que mantenga distancia ante este tipo de actitudes sin importar el desarrollo legal y penal que pueda tener. Claro que hay que ser consciente de que hay que tener la mente muy fría para saber separar actuaciones judiciales de lawfare, que las hay y las ha habido, de otras que tienen la contundencia y la expresión de hechos como los que investiga José Luis Calama y que en la izquierda hay que rechazar de manera frontal sin importar cómo vienen para los intereses de un gobierno de coalición. Porque este gobierno es mucho menos importante que mantener un espacio progresista limpio con unas convicciones morales incontestables que tienen que liderar la denuncia de hechos como los que se investigan contra José Luis Rodríguez Zapatero. La izquierda existía antes de este gobierno y tiene que seguir haciéndolo cuando termine. No se quemen defendiendo a quienes destruyen los valores y las convicciones progresistas, porque vienen cosas peores.

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