En tiempos de incertidumbre, cuando las trincheras se empiezan a cavar, aparece el carácter cipayo de la derecha sin importar de qué lugar. Venezuela, España o Alemania. Nunca defraudan en su condición genuflexa. La añoranza de las dinámicas coloniales les lleva a mostrarse serviles al imperialismo norteamericano para convertirse en virreyes en tierra propia a costa de ceder la soberanía para poder reprimir a la izquierda y todos aquellos que consideran enemigos internos.

Esta manera de ser se entiende mejor al observar cómo tienen que demostrar que son patriotas diciéndolo muchas veces, gritando fuerte, y enarbolando banderitas para compensar su complejo. Es sabido que esto es un principio de compensación psicológico; decir muchas veces y con mucha vehemencia que eres lo contrario que eres. La izquierda no tiene que demostrar en su vida cotidiana lo patriota que es, porque sabe que cuando toca defender a su país lo va a hacer por su profundo convencimiento antiimperialista y en favor de la soberanía de los pueblos. Cuando vienen mal dadas en la izquierda defendemos nuestra patria de manera natural, sin fingimiento ni alharacas. Lo hacemos y ya.

Abascal dejó claro en unas declaraciones en la campaña en Castilla y León lo babaza que puede llegar a ser. El presidente de Vox dijo que habrá ocasiones en las que los intereses de España se verán afectados por actuaciones extranjeras, pero que él defiende el derecho de los patriotas de los otros países a defender lo suyo. Claro, Santi, pero el problema es que tú no defiendes tu patria cuando Trump defiende la suya atacando los intereses de España. Por eso eres un cobarde arrastrado que solo espera que el demente yanki le unja con su favor dándole pasta y ayudándole cuando las elecciones se abran haciendo lo posible para dejar las injerencias rusas como una broma de hackers adolescentes. Venderías a tu madre, lo sabemos.

El lamebotismo de la extrema derecha tiene al menos un carácter pragmático porque Donald Trump ya ha dejado escrito que ayudará en todo lo que sea posible a los partidos ultras en Europa para llevar a nuestra unión a unas posiciones que les sean más favorecedoras para sus intereses. Es algo que une a Donald Trump y Vladimir Putin, debilitar a la Unión Europea a través del fortalecimiento de los partidos posfascistas porque saben que siempre son propicios a vender su patria al mejor postor.

La meada fuera de tiesto de Ursula von der Leyen pidiendo el final de las reglas del derecho internacional para adaptarse a la ley del más fuerte y saltándose todas las atribuciones y responsabilidades que tiene en su cargo no es nueva pero ha sido épica, ya lo hizo acudiendo junto a Roberta Metsola a fotografiarse a Israel con Isaac Herzog sin un mandato de los 27 para posicionarse de manera férrea con la estrategia sionista de generar un genocidio en Gaza. Las declaraciones posteriores del día siguiente no solo no cambiaron, sino que siguió alimentando la agenda ultra con su posición a favor de las nucleares, que es uno de los puntos fuertes de la estrategia posfascista para combatir la agenda energética europea que la propia Von der Leyen lideró en su primera legislatura. A la líder de los 27 se le ha visto la patita con su giro aceptando todos los postulados de la extrema derecha cayendo en la misma trampa que los conservadores europeos que desaparecen en favor de los ultras pisaron antes.

La estrategia de seguridad nacional de Donald Trump deja claro que hay que apoyar a lo que consideran "partidos patriotas" para fortalecer una Europa que defienda los valores tradicionales y luche contra la inmigración, algo que parece una burla mientras ataca Irán y desestabiliza la zona que provocó el mayor éxodo inmigratorio del siglo XXI en Europa tras la guerra en Siria. EEUU no busca el bien europeo, y esos partidos patriotas tampoco, solo el suyo propio y por eso prefieren que arda Europa si ellos la gobiernan. Es más complicado entender que la derecha conservadora se pliegue de esta manera porque consigue engordar una dinámica que solo favorece a sus adversarios en el mismo espectro ideológico. No hay nadie mejor que los cipayos de extrema derecha para rendir pleitesía a Trump. Merz, Feijóo y Von der Leyen no pueden competir en arrastrarse por mucho que muestren tan buena voluntad. A baboseo nadie gana a los fascistas

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