PAISAJES INCREÍBLES

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Longsheng, los arrozales que cubren montañas en China

Durante los últimos cinco siglos, los habitantes de Guangxi modelaron las montañas y sus valles para poder cultivar arroz. El resultado, un paisaje espectacular donde todo se ha convertido en una sucesión de terrazas.

A finales del siglo XIII, en plena dinastía Yuan, los habitantes de la provincia de Guangxi, concretamente los de la comarca de Longsheng, comenzaron una aventura de ingeniería agrícola impresionante. Seguramente, no sospechaban que iba a convertirse en una de las más ingentes jamás creadas por el hombre, especialmente sin contar con las herramientas de última generación de las que gozamos ahora. Y mucho menos que les iba a llevar culminarla más de cuatro siglos y otras tantas generaciones.

Poco a poco, empezaron a cortar las laderas de las montañas, eliminando el desnivel diagonal para crear terrazas horizontales, en las que se pudiera cultivar arroz y, así, evitar hambrunas. El resultado, todo un paisaje de valles y picos que ocupan kilómetros y kilómetros de superficie a más de 500 kilómetros al noreste de Cantón.

La dedicación es tal en la comarca a los arrozales que prácticamente se podría decir que el tiempo se ha detenido en este rincón del interior de China. De hecho, ocupan prácticamente todo el terreno, con apenas bosque o selva y mucho menos con espacio para grandes infraestructuras humanas, como carreteras o la fundación de grandes ciudades. Así, las casas siguen levantándose con paneles de madera, sobre pilares a mitad de la ladera.

Todas las viviendas se construyen con el mismo estilo rústico y casi en los mismos colores, dando un resultado muy plástico que aumenta aún más el poder de fotogenia del paisaje de Longsheng. Además, no faltan bambúes que es donde se preparan los platos típicos de la región, como el bambú de arroz, el bambú de pollo, el de verduras... acompañados de los clásicos destilados asiáticos a base de arroz.

Los propios habitantes también tienen su parte curiosa. A las mujeres las aldeas se las conoce como Yao (de hecho, es una minoría étnica) y se diferencian por su larga melena, que puede llegar a medir más de dos metros de largo y que, por razones obvias, suelen llevar recogidas en pomposos peinados. La razón de esta curiosa costumbre la encontramos en la creencia popular que indica que el pelo es símbolo de prosperidad y longevidad, de ahí que únicamente se lo corten una vez en la vida: en su 16 cumpleaños. Sus vestidos son igual de llamativos, con blusas de colores vivos como el fucsia o el amarillo, siempre conjuntados con una falda negra.

El mejor modo de llegar a Longsheng es en autobús desde Guilin. Es un viaje de alrededor de dos horas en el que se recorren 100 kilómetros de valles, bosques y, cómo no, arrozales. Aldeas como las de Huang Luo o Ping An son algunos de los rincones que no debemos perdernos, con casas de madera de dos y tres alturas y tejados a dos aguas que parecen fundirse con el paisaje.

Elegir el momento del año, depende de los gustos de cada uno. En verano, las terrazas lucen de un espectacular color verde. Antes, en primavera, están repletas de agua, por lo que reflejan el color del cielo, apareciendo grises y azules únicos. En otoño, en cambio, se tiñen de dorado, mientras que en invierno, por las copiosas nevadas, son un manto blanco escalonado. Quizás, lo ideal, sería ir cuatro veces, una por estación, pero mientras, habrá que decidirse por una.

Más información:
Turismo de Guilin
Turismo de China

 

Sergio Cabrera | Madrid
| 21/06/2015

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