Las facilidades para viajar en avión son más numerosas cada día: vuelos más baratos, más aeropuertos, más aerolíneas con más trayectos… Conocer el mundo es muy sencillo, y normalmente barato, gracias a este medio de transporte. Sin embargo, cuando se viaja en avión, no sólo los pasajeros pagan su billete, sino que la naturaleza también se resiente.

En plena ola de crecimiento de la conciencia ecológica, han surgido detractores de los trayectos aéreos por su alta contaminación. El movimiento “flygskam” habla de la vergüenza de las personas por volar, debido a los gases contaminantes que produce utilizar este medio de transporte. Nacido en Suecia, el término se ha extendido por todo el país, haciendo que los pasajeros de aviones hayan descendido significativamente.

“Flygskam” es el movimiento que sugiere a los pasajeros no volar y, como sustituto, elegir medios alternativos para reducir su huella de carbono. Ante el dilema ético que surge debido al cambio climático, la Agencia Europea del Medio Ambiente demuestra con datos qué transporte es el más sostenible. La alternativa más ecológica, desvelada en el vídeo, produce hasta 20 veces menos de CO2 que el avión.

El sentimiento del “flygskam” también se ha extendido a otros países de Europa. La vergüenza por volar se llama “flugscham” en alemán y “vliegschaamte” en neerlandés, idioma hablando en Países Bajos. Finlandia también ha acuñado su propio término equivalente a este movimiento, y se llama “lentohapea”.

El futuro del sector aéreo

Cuando un avión está en el aire, sus motores queman combustible, que a la vez libera vapor de agua, óxido nitroso y otros gases perjudiciales para la atmósfera. Ante la masiva emisión de gases de efecto invernadero que producen los aviones, el sector aéreo de transporte no tiene claro hacia dónde ir en el futuro. El cambio de los motores hacia una versión más ecológica puede ser una solución, pero la transición será lenta y costosa.

Otra solución con conciencia ecológica pasa por suspender o prohibir los vuelos interiores en países grandes, como España o Alemania. Sin embargo, esta solución también es extrapolable a países más pequeños. Por ejemplo, los vuelos entre Ámsterdam (Países Bajos) y Bruselas (Bélgica) han sido suspendidos por existir otras alternativas de transporte en las que sus trayectos duran menos de tres horas.

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