Parece que poco a poco vamos siendo conscientes de lo que supone compartir nuestra vida en las rede sociales, en Internet en general. Más o menos siempre hemos sabido que es algo que no deberíamos hacer, pero quizás no tenemos demasiado claro el por qué. Pero hoy hemos conocido una de las razones más demoledoras para dejar de hacerlo. Algo tan sencillo como que a día de hoy una simple foto nuestra puede aportar a cualquier gobierno, organismo o agencia de seguridad todo acerca de nuestras vidas y quiénes somos. Algo que se ha multiplicado con la llegada de la inteligencia artificial y su uso masivo.

Clearview AI, o como saber todo de ti gracias a una imagen

El FBI es el principal impulsor del software desarrollado por Clearview AI, que se basa en el reconocimiento facial para facilitar a la agencia la información más minuciosa de las personas que comparten sus imágenes por la red. Gracias a este software, la agencia es capaz de conocer todos los datos sobre la vida de una persona a partir de una imagen. Y como lo normal es que la mayoría de nosotros tengamos compartidas no solo una, sino muchas imágenes en las redes, es cada vez más sencillo que organismos de todo tipo puedan conocer sobre nosotros los datos más críticos. En esta información desvelada por The New York Times, se asegura que el software es capaz de buscar por toda la red coincidencias con una imagen nuestra, en redes como Twitter, Facebook, Instagram o YouTube.

Rostros creados con inteligencia artificial | Generated Photos

Al encontrarnos en estas redes, el software de inteligencia artificial puede recabar multitud de datos acerca de nuestra vida presentes en los perfiles de estas redes. Datos básicos como nuestro nombre, la dirección en la que vivimos o el número de teléfono, todo eso en una primera prospección de la red. Y es que este software que utiliza el FBI cuenta con una base de datos de nada menos que tres mil millones de fotos. Muchos más que las algo más de 600 millones de fotos con las que cuenta el FBI. Gracias a esta IA se han podido resolver algunos delitos, identificando al agresor mediante el software, y obteniendo sus datos en la búsqueda en redes a partir de su rostro.

Al no aparecer en las bases de datos tradicionales, esa persona pudo ser arrestada al ser identificada por esta inteligencia artificial. De esta forma se potencia la identificación de las personas independientemente de que se cuenten con datos previos de ella. Así, las redes sociales se convierten en una herramienta más para poder identificar a personas que no han tenido antes ningún percance con la justicia. Por supuesto, en estos casos, es una herramienta útil para poder resolver o prevenir posible actos delictivos. Pero una vez más nos encontramos ante la encrucijada de poner por encima del derecho a la privacidad de las personas el uso de la información para fines de seguridad.

Ya os contábamos la pasada semana que la Unión Europea iba a prohibir el uso del reconocimiento facial en espacios públicos durante un lustro, precisamente para evitar estas situaciones. Y gigantes de la red como Google desde hace años han dejado aparcados sus proyectos relacionados con el reconocimiento facial porque saben del potencial peligro que tiene avanzar demasiado en esa dirección. Como veis, una razón más para no compartir nuestras imágenes a la ligera, sobre todo si se hace de manera pública. Porque a partir de una foto pueden saberlo todo sobre nosotros.