Los filtros popularizaron Instagram. Su propio fundador, Kevin Systrom, lo ha reconocido en múltiples ocasiones: estos añadidos con nombres pintorescos fueron el principal atractivo de la red social en sus comienzos, cuando la comunidad todavía era muy reducida y prácticamente solo la usaban los fotógrafos.

Gracias a los filtros el usuario medio, sin grandes conocimientos de fotografía y edición de imágenes, logró hacer pasar sus instantáneas del montón por auténticas obras de arte. Luego llegaron los famosos. En poco tiempo, todo el mundo lo supo: las cosas lucen mejor con un filtro de Instagram.

Y entonces comenzó el 'boom' que acabaría con la empresa en manos de Facebook, que pagó la friolera de 1.000 millones de dólares. Por aquel entonces, la cifra parecía escandalosa. Un precio demasiado alto por un puñado de filtros y poco más de 30 millones de usuarios...

Ahora, después de las adquisiciones de WhatsApp y Oculus Rift, la compra de Instagram parece poco menos que una ganga. La red social ya tiene vídeos (de 15 segundos) y un incipiente modelo de negocio basado en las imágenes patrocinadas. Los filtros siguen siendo uno de sus principales alicientes, pero ya no el único. De hecho, se ha puesto de moda el #nofilter.

Como sabréis, es la etiqueta que añaden los usuarios para presumir de esas fotos que lucen de maravilla sin necesidad de cambios. Algo así:

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En ocasiones es cierto que resultan asombrosas, y otras veces no tanto, pero, en cualquier caso, son imágenes que deberían cumplir la premisa de ir #sinfiltro, algo que no siempre sucede. A veces los colores o la iluminación resultan poco realistas y nos da por sospechar ¿Y si no fuera cierto? ¿Y si nuestros contactos de Instagram estuvieran haciéndonos creer que son buenos fotógrafos cuando en realidad están aplicando filtros de tapadillo?

Hay mucho mentiroso suelto y un estudio reciente de la consultora Spredfast lo ha demostrado. El 11% de los fotos que utilizan la etiqueta #nofilter son un engaño: en realidad sí llevan filtros. Los cinco más populares entre los farsantes son Amaro (15%), Valencia (12%), X-Pro II (10%), Lo-Fi (8%) y Mayfair (8%).

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Para desenmascarar a los impostores, Spredfast analizó las 100.000 últimas imágenes que llevaban la etiqueta a través de la interfaz de programación (API) de Instagram, que permite saber a ciencia cierta los filtros que se han aplicado sobre una imagen. Un método similar al que utiliza el blog de Tumblr 'Filter Fakers', que se dedica a publicar ejemplos sangrantes de #nofilters que en realidad sí están retocados.

Por ejemplo, esta chica que utilizó Lo-Fi para realzar los colores y potenciar las sombras de la imagen de sus idílicas vacaciones en las islas Mauricio:

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O estos impresionantes fuegos artificiales, que no son lo que parecen porque el autor utilizó Amaro para añadir más luz al centro de la imagen:

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Seguro que se te viene a la cabeza alguna foto con pinta sospechosa que has visto recientemente en Instagram. ¿Quieres dejar en evidencia al autor? También tenemos un truco para eso. Precisamente en 'Filter Fakers' hay una herramienta que te permite averiguar si una foto tiene filtros aplicados. Simplemente pegas la URL de Instagram y en pocos segundos obtienes la respuesta.

A veces ni siquiera es necesario recurrir a eso. Algunos intentos de engañar al personal son tan desastrosos que hablan por sí solos:

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Así que, ya sabes, si alguna vez sientes la tentación de usar #sinfiltro para describir una foto retocada, piénsalo dos veces. Ahora pueden pillarte fácilmente con las manos en la masa.