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CUANDO NOS QUEDAMOS EN BLANCO O SE NOS OLVIDAN LAS PALABRAS

'Lo tengo en la punta de la lengua': la ciencia detrás de los olvidos

A todos nos ha ocurrido en alguna ocasión el hecho de saber que tenemos que decir algo concreto pero se nos olvida por completo cómo se dice o llama, y durante unos instantes somos incapaces de verbalizarlo teniendo que utilizar otras palabras e intentando explicarlo de otro modo, resultándonos mucho más complicado. Eso que te pasa tiene explicación científica.

Lo tengo en la punta de la lengua

Agencias Lo tengo en la punta de la lengua

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Te invitan a la boda de tu mejor amigo y éste te pide que durante el convite pronuncies unas palabras. Te has estado preparando durante varias semanas un pequeño discurso que esperas que sea recordado por todos los presentes, atrayendo así la admiración de todos ellos. Pero en el momento exacto de tener que hablar algo ocurre en tu cabeza y empiezas a notar que las palabras no fluyen desde tu cerebro a la boca y crees haber olvidado todo aquello que querías decir. Todas las miradas caen sobre ti y una angustia, acompañada de sudor frío, recorre tu cuerpo.

Este es solo un pequeño ejemplo de las muchísimas situaciones en las que cualquier persona puede encontrarse a la hora de tener que hablar en público y que de manera inesperada, y por muy bien que se supiera lo que tenía que decir, se queda completamente en blanco durante unos cuantos segundos, que se hacen eternos.

No sólo le sucede a individuos extremadamente tímidos y a aquellos a los que tener que hablar en público les espanta, sino que es algo muy común y que afecta incluso a quienes se dedican profesionalmente a ello –de hecho, muchos son los actores de teatro que a lo largo de la Historia han tenido que utilizar un apuntador que les iba chivando en voz baja el texto que debían declamar-.

En ese momento, al que se le conoce como ‘miedo escénico’, es cuando nuestro cerebro –más concretamente en el córtex de la glándula suprarrenal- segrega una hormona, conocida como corticosterona, que es la encargada de provocar que nos quedemos en blanco como respuesta a una supuesta situación de angustia, estrés o miedo.

El cerebro detecta ese momento de ansiedad y lo que hace es liberarnos de todo aquello que no es de vital importancia para nuestra supervivencia –o al menos así lo entiende este órgano-, pudiendo ser conscientes de quiénes somos y de todo lo importante para salir de una situación angustiosa o de peligro. De ahí que el instinto de supervivencia nos permita hacer cosas que jamás pudimos llegar a imaginar que haríamos, aunque no considera que recordar un texto nos pueda ser de utilidad, y por lo tanto no recordaremos esa cosa tan importante durante ese corto espacio de tiempo. En cuanto recuperemos la calma nos acordemos completa y perfectamente de todo aquello que queríamos decir.

Otra de las situaciones en la que es común encontrarnos es cuando estamos hablando con alguien y de repente -y sin saber por qué- hay una palabra o concepto que no somos capaces de recordar cómo se dice ni llama, no sabiendo verbalizarlo adecuadamente. Así las cosas, tenemos que recurrir a una retahíla de términos con los que intentamos hacer entender a nuestro interlocutor qué es aquello a lo que nos referimos. Es lo que comúnmente se conoce como ‘lo tengo en la punta de la lengua’.

Este momentáneo, pero molesto y desesperante bloqueo mental es conocido como ‘letológica’, y su etimología proviene del griego 'lethe' –olvido- y 'logos' –lenguaje-. Dicho término se le atribuye al psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, uno de los colaboradores con los que contó Sigmund Freud, aunque su popularización se la debemos al ‘Dorland Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Medicina’ publicado en 1915 y que ha sido, a lo largo del siglo pasado, la referencia más importante en el campo de la terminología médica.

Nuestro cerebro es capaz de almacenar la inmensa mayoría de palabras que hemos ido escuchando y aprendido pero, como cualquier sistema de almacenaje, siempre hay algo que se extravía –en este caso algunas palabras- y suele ocurrir con aquellas que utilizamos en menor medida.

Tenemos una memoria asociativa que, mediante la actividad nerviosa superior del cerebro, se encarga de formar redes entre todo aquello que vamos aprendiendo y conociendo a lo largo de nuestra vida. Así, el que nos acordemos de algo depende del uso habitual que hagamos de dichas palabras, nombres o conceptos, ya que estos están interconectados entre sí.

De ahí que, sabiendo perfectamente a lo que queremos referirnos, haya ocasiones en las que seamos incapaces de decirlo, utilizando para ello todo un glosario de sinónimos o términos afines que sí nos resultan más familiares.

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