EN BUSCA DE HUMEDAD Y CALOR

EN BUSCA DE HUMEDAD Y CALOR

¿Por qué el moho adora tu cuarto de baño (y cómo puede afectarte)?

Numerosas especies de hongos microscópicos son capaces de penetrar en los edificios para instalarse en sus rincones favoritos: aquellos más húmedos, oscuros y con una temperatura agradable. En la inmensa mayoría de los casos, no suponen riesgos para la salud de las personas, pero hay excepciones.

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Poco a poco, casi sin que te percates, coloniza las esquinas para pasar después a ocupar franjas del techo y las paredes, difuminando el blanco de la pintura original con sospechosos tonos grisáceos. Hasta que un día reparas en esa especie de obra de arte mural que el moho ha pintado en las superficies de tu cuarto de baño sin tu permiso.

Aunque nadie pone el grito en el cielo cuando hacen su aparición en aseos o en otras partes de una vivienda, la presencia de estos seres microscópicos suele causar cierta inquietud entre las personas con quienes comparten hogar. Sobre todo, entre aquellas que siguen preguntándose por qué han elegido precisamente su casa y si suponen un riesgo para su salud.

Para contestar a la primera cuestión, basta recordar que al dichoso moho -término que engloba diferentes especies que comparten reino con las setas- le encanta la humedad, el calor y la oscuridad. De ahí que los cuartos de baño sean su debilidad y su hábitat favorito.

Estos organismos, que podemos encontrar casi en cualquier ambiente interior o exterior, penetran en los edificios gracias a las esporas, las diminutas partículas que utilizan como medio de dispersión y supervivencia. Estas células o agrupaciones de células se cuelan en las viviendas a través de puertas y ventanas, sistemas de ventilación o aire acondicionado y adheridas a superficies como la piel, la ropa o el pelo de los animales.

Los mohos habitan tanto en interiores como en exteriores | Virginia Smith I Flickr

Una característica fundamental de las esporas es que son capaces de aguantar en estado de latencia hasta encontrar las condiciones idóneas para su proliferación. Así permanecen hasta alcanzar las confortables esquinas sobre la ducha o en torno al lavabo. Es entonces cuando salen de su letargo para dar lugar a hongos que producen nuevas esporas hasta ocupar zonas cada vez mayores.

Otro factor que puede ayudar a su crecimiento son los nutrientes que proporcionan ciertos materiales, como aquellos ricos en celulosa (papel, cartón, madera, …). El moho también prefiere aquellas superficies de productos sintéticos como pintura o yeso y tejidos como los de cortinas y moquetas.

Problemas de salud solo en casos muy particulares

Podemos encontrar otras especies, pero la mayoría de los hongos que habitan en el interior de los edificios pertenecen a los géneros ‘Cladosporium’, ‘Penicillium’, ‘Aspergillus’ y ‘Alternaria’. Si bien en la mayoría de los casos estos organismos son inocuos para los humanos, hay personas especialmente sensibles que pueden presentar síntomas como picor de ojos o nariz si la exposición es prolongada.

Diferentes estudios han encontrado evidencias de que la presencia de moho en interiores puede provocar reacciones como tos o estornudos en individuos sanos y problemas respiratorios en el caso de personas con asma, susceptibles a desarrollar neumonitis por hipersensibilidad o con un sistema inmune deprimido.

Aunque algunos mohos, como la especie ‘Stachybotrys chartarum’, pueden producir compuestos tóxicos, no se ha podido demostrar hasta la fecha una relación de causalidad entre su presencia y el desarrollo de afecciones pulmonares graves o problemas cognitivos.

Así es que, en general, salvo en casos aislados, no hay por qué preocuparse ni obsesionarse con el tema. Pero tampoco conviene dejar que los hongos campen a sus anchas por casa. Para evitarlo, existen numerosas medidas preventivas aconsejadas por los expertos, como ventilar bien, vigilar y cambiar de vez en cuando las cortinas de la ducha, mantener bajos los niveles de humedad, utilizar pinturas especiales, no poner moquetas en el baño y emplear productos de limpieza que los eliminen.

Si ya han aparecido, lo más importante es buscar y solucionar el problema que ha facilitado su proliferación (humedades, averías, etc.). Para eliminarlos, pueden usarse productos como detergentes o lejía (con las debidas precauciones) y desechar alfombras, papel o cortinas en el caso de que se hayan visto afectadas. En raras ocasiones (si el moho está muy extendido o alguien presenta problemas respiratorios graves) es conveniente buscar la ayuda de profesionales.

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