Su movimiento es casi hipnótico. Los contoneos de la cacatúa apodada Snowball (bola de nieve, en español) se han convertido en la sensación de internet: la capacidad de este ejemplar de cacatúa galerita o cacatúa de moño amarillo de bailar al ritmo de la música es insólita en el mundo animal.

Un baile verdadero consiste en movimientos espontáneos ejecutados al son de la música. Aunque está presente en todas las culturas humanas, este comportamiento es poco habitual entre otras especies.

Algunos animales saltan cuando escuchan una canción. Los perros pueden aprender algunos pasos, pero no de forma natural. Ni los canes, ni los gatos ni nuestros parientes más cercanos los primates saben contonearse al ritmo de una canción.

Si bien pudiera parecer sencillo, lo cierto es que el baile se produce gracias a conexiones en las áreas del cerebro relacionadas con el oído y el movimiento. Un entramado neuronal que solo está presente en aquellas especies capaces de imitar los sonidos que escuchan, como los elefantes, los delfines, los pájaros cantores y los loros.

Una estrella de internet

El primer vídeo de Snowball llegó a YouTube en 2007 de manos de Irena Schultz, la responsable del centro de cuidado de aves donde acababa de ingresar. Schultz, coautora de un reciente estudio sobre la cacatúa, observó que cuanta más música escuchaba el ave, más creatividad mostraba en sus movimientos.

Debido a su fama, han sido varios los investigadores que desde entonces se han interesado por sus capacidades. Es el caso del neurocientífico de la Universidad de Harvard Aniruddh Patel, otro de los coautores del trabajo publicado en ‘Current Biology’.

 

Patel y sus colegas han analizado vídeos de Snowball grabados en 2008 e identificado, al menos, 14 movimientos y dos combinaciones. Entre otras, la cacatúa bailó al ritmo de las populares canciones ‘Another One Bites the Dust’ y ‘Girls Just Want to Have Fun’. Escuchó cada una de ella tres veces y no repitió ni un solo paso.

Todo un repertorio

Lo más curioso, según los investigadores, es precisamente la diversidad de movimientos y la evolución que han sufrido desde los primeros vídeos a los últimos. Aunque los loros son famosos por sus imitaciones, lo cierto es que Snowball carecía de un modelo al que copiar: durante las sesiones musicales, solo Schulz permanecía en la misma habitación. Y no ejecutaba ningún paso de baile.

Según los autores del trabajo, la cacatúa daba prioridad a experimentar con nuevos movimientos, en lugar de esforzarse en la sincronización. Por eso, sugieren que sus bailes responden a un comportamiento social. Los utiliza para interactuar con su grupo de humanos a un nivel superior, más allá de expresar sus propios deseos o satisfacer sus necesidades.

 

La creatividad en animales se ha observado generalmente en comportamientos que tienen como objetivo conseguir un beneficio o una recompensa física inmediata, como el acceso a alimentos o a un compañero para reproducirse. Sin embargo, “Snowball no baila por comida ni para aparearse, sino que sus bailes parecen ser un comportamiento social que utiliza para interactuar con sus cuidadores”, señalan los autores del estudio.

Lo cierto es que el de la cacatúa no es el primer caso documentado de animal que sabe mover el esqueleto. En el 2013, un león marino llamado Ronan se convirtió en el primer mamífero no humano en tener ritmo, después de demostrar lo bien que meneaba su cabeza al compás de los Backstreet Boys. Sin embargo, a Ronan sí le enseñaron los pasos.