ayudan a combatir el cáncer

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Los copos de nieve pueden ayudar a entender el cáncer

Cualquier oncólogo mataría por colocar una cámara oculta sobre un tumor y comprobar con sus propios ojos cómo se las ingenian las células cancerosas para escaparse y expandirse por todo el cuerpo. Claro que, mientras ese sueño se hace realidad, no está nada mal poder resolver sus dudas usando algo que les viene caído del cielo: los gélidos copos de nieve.

Dos copos de nieve iguales
Dos copos de nieve iguales | Kenneth Libbrecht

Elena Sanz | @ElenaSanz_ | Madrid | 11/12/2018

Científicos de la Escuela de Ingeniería de Viterbi, de la Universidad del Sur de California (EE UU), aseguran que los copos de nieve y las células cancerosas tienen un elemento clave en común: que su crecimiento y organización obedecen a reglas fractales.

Tal y como aclaran los investigadores en un estudio publicado en Frontiers in Physiology, las matemáticas convencionales no sirven para representar la interacción de multitud de genes en multitud de intervalos temporales. Que es lo que hay que manejar cuando hablamos de un cáncer en expansión. Sin embargo, los fractales sí. Un fractal no es otra cosa que un objeto geométrico cuya estructura básica, fragmentada o aparentemente irregular, se repite a diferentes escalas. Como en un copo de nieve visto al microscopio.

Si la nieve te parece demasiado simple para ayudar a resolver un problema de peso como el cáncer, toma nota. Se calcula que hay 10 elevado a 18 moléculas de agua en un copo de nieve y que estas pueden ordenarse en un número casi infinito de formas. Así que encontrar dos copos de nieve idénticos se considera prácticamente imposible.

Su forma geométrica también tiene perejiles. Tal y como explicaba el año pasado en la revista PNAS la química Mary Jane Shultz, de la Universidad de Tufts (EE UU), los copos de nieve se forman a partir de vapor de agua. Y lo hacen de tal manera que, por un lado, hay un hexágono con tres moléculas en una capa y tres ligeramente por debajo.

Lo que ella describe como "un hexágono con forma de silla". Pero además en cada copo hay otro hexágono más grande formado por una molécula de agua en el centro rodeada por otras seis en la misma capa. Y ambos hexágonos están rotados uno frente al otro en un ángulo de 30 grados. Casi nada.

Para entender la complejidad de la nieve, investigadores suizos decidieron hacerse con unas cuantas Cámaras Multiángulo de Copos de Nieve (MASC, por sus siglas en inglés). Un sofisticado instrumento compuesto por tres cámaras sincronizadas que toman imágenes simultáneamente en alta resolución (hasta 35 micras) de los copos de nieve a su paso por un anillo metálico. Las instalaron cerca de Davos, en los Alpes Suizos, y en la Antártida. Y allí se quedaron todo un invierno.

Las imágenes obtenidas les llevaron a una conclusión: que los copos de nieve se pueden clasificar en seis tipos principales: cristales planares, cristales columnares, granizo o graupel, agregados, combinaciones entre planares y columnares, y pequeñas partículas. Además, comprobaron que la dendrita de hielo, una estructura con ramificaciones repetitivas que normalmente es considerada como el "copo de nieve perfecto", es escasa tanto en Suiza (10 %) como en la Antártida (5 %).

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