Se sabe que la mayoría de personas que contraen la COVID-19 lo hacen en su propia casa cuando algún miembro del núcleo familiar se infecta. Pero alguno de los eslabones de la cadena de contagios debe entrar en contacto con el coronavirus por primera vez fuera del hogar. Casi siempre, la gran incógnita es dónde.

Ahora que al fin ha comenzado la desescalada, muchas de las actividades permitidas, sin duda motivo de alegría y desahogo, nos producen también cierto desasosiego. Aceras llenas de gente, visitas masivas a los supermercados, corredores y ciclistas que circulan próximos a los viandantes… ¿Suponen estas situaciones un riesgo para nuestra salud?

La concentración del virus

Para que una persona resulte infectada de COVID-19, debe recibir una dosis suficiente de partículas víricas. En el caso del coronavirus causante del MERS, se estima que esta puede alcanzar varios miles, probablemente en torno a 10.000. Para el SARS-CoV2, la cifra debe ser algo menor, pues su tasa de transmisión es más alta. Quizá baste con unas pocas cientos o miles.

Al toser, pueden emitirse unas 3.000 pequeñas gotas que viajan a unos 80 kilómetros por hora. Un estornudo despide unas 30.000 gotas que dispersan rápidamente, a unos 322 kilómetros por hora. Así, una sola tos o estornudo puede liberar hasta 200 millones de partículas víricas.

Cuando respiramos pueden producirse entre 50 y 5000 de estas gotitas, aunque la mayoría precipitarán (no respiramos con la misma fuerza). En el caso de la gripe, se estima que pueden emitirse unas 33 partículas virales a través de la respiración.

Hablar supone la liberación de unas 200 partículas virales por minuto. No obstante, la cantidad de virus que libera un individuo contagiado no es constante. Depende tanto de la persona como de la etapa de la infección en la que se encuentre. Generalmente, la carga viral, y por tanto la cantidad de virus que pasan al ambiente, aumenta hasta que se desarrollan los síntomas.

¿Qué lugares entrañan más riesgo?

Así pues, la fórmula básica de contagio incluye dos factores: la cantidad de partículas del virus con las que entramos en contacto y el tiempo que estemos expuestos. Cuanto más altas sean ambas variables, mayores posibilidades de infección.

En el exterior, el continuo reciclaje de aire debido al viento, la humedad, la luz del sol, la temperatura y la distancia social hacen que el riesgo sea menor. Sin embargo, la cosa cambia en interiores. Actividades como estar frente a otra persona y conversar con ella algunos minutos o compartir espacio con un grupo (en oficinas, restaurantes, etc.) durante largos periodos de tiempo aumentan el riesgo de contagio.

El riesgo de contagio en exteriores es mucho más bajo que espacio sinteriores | Gustavo Fring para Pexels

Varios estudios (no revisados por pares) sugieren que la transmisión del virus se produce, principalmente, en interiores. Muchas de las gotitas emitidas mientras hablamos, tosemos o estornudamos acaban en el suelo o sobre las superficies, pero otras permanecen en el aire de la habitación, de manera que podemos entrar en contacto con ellas.

Algunos de los escenarios donde ya se han registrado fuentes de contagio han sido, por ejemplo, los mataderos (en Estados Unidos). Al gritar, sus trabajadores contribuyen a la rápida de difusión del coronavirus. Asimismo, se han detectado brotes en celebraciones familiares como bodas y cumpleaños (donde los gritos y cantos también son habituales) y en conferencias.

Un reciente estudio analizó el caso de un restaurante en China. Una persona cenó con nueve amigos y tardaron entre una hora y hora y media en terminar, mientras el aire acondicionado del sitio circulaba de derecha a izquierda. Aproximadamente la mitad de los comensales de la misma mesa enfermaron durante la semana siguiente y una de cada tres personas sentadas en la mesa adyacente en la dirección del flujo de aire.

Otro trabajo, esta vez sobre un ‘call center’ en Corea del Sur, examinó el efecto de un trabajador infectado que acudió a su puesto de trabajo. De los 216 empleados de su misma planta, 94 se contagiaron. La investigación pone de manifiesto el riesgo que entraña compartir el espacio y el aire con un elevado número de personas.

La práctica de actividad física en interior (como en los gimnasios) también aumenta la probabilidad de contagios. La respiración agitada de los deportistas supone tanto la emisión de partículas a gran velocidad como la aspiración profunda de las mismas. Tras la celebración de [[LINK:EXTERNO|||NOFOLLOW|||https://nationalpost.com/news/how-an-edmonton-curling-tournament-became-a-hotspot-for-the-covid-19-outbreak-in-canada|||un evento de ‘curling’ en Canadá]], 24 de los 72 asistentes resultaron infectados.

Para evaluar el riesgo de contagio (vía respiración) en una tienda o supermercado es necesario considerar factores como las dimensiones del local, el gran volumen de aire, el restringido número de personas y el tiempo limitado que pasan dentro. Todas estas circunstancias hacen que, excepto para los trabajadores que permanecen en el establecimiento toda la jornada, la probabilidad de infección sea más bien baja.

Junto con el hogar, los viajes en transporte público son otra de las formas más habituales de contagio, según un estudio que analizó 318 brotes y que encontró solo un caso de contagio en exteriores.

En general, a medida que cada vez más negocios abren y aumenta el abanico de actividades que podemos hacer en interiores, es importante tener en cuenta el ambiente en el que estaremos (número de personas, tiempo, dimensiones, ventilación, etc.) para evaluar los riesgos.