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LAS MUJERES QUE MIRABAN LAS ESTRELLAS

Las hijas de las Urania, las mujeres pioneras de la astronomía

El campo de la astronomía a menudo ha sido eclipsado (nunca mejor dicho) por los hombres. Sin embargo, de forma casi inadvertida, mujeres de diversos países del mundo contemplaron las estrellas con gran detalle y devoción, logrando descubrir cosas que habían pasado desapercibidos por sus homólogos masculinos.

Estrellas desde el Griffith Observatory

Agencias Estrellas desde el Griffith Observatory

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Surgida en los templos sumerios, probablemente la astronomía es la ciencia más antigua que existe. En primer lugar, por la íntima conexión entre el cielo y la religión, ya que el cielo estaba considerado como la morada de los dioses. Más tarde, la astronomía adquirió un sentido práctico inestimable, pues los ciclos de las estaciones, por ejemplo, marcaban los ritmos de las siembras y las cosechas en la agricultura, y las posiciones de las estrellas eran la guía de los marineros en alta mar.

Por ello, durante el Renacimiento la astronomía se desarrolló a una velocidad sin paragón, sobre todo a raíz de la publicación de la obra magna de Copérnico, 'De revolutionibus orbium' ('Sobre los giros de los orbes celestes') allá por 1543.

El conocimiento científico de la astronomía fue desplazando a la astrología, haciéndola retroceder al estatus de superchería. Así que no es extraño que tantas y tantas personas se sintieran interesadas por las estrellas.

Y ello incluyó a muchas mujeres.

Hijas de Urania

Urania es la musa griega de la astronomía. Urania, también, es un nombre común para observatorios astronómicos como son por ejemplo el Urania de Berlín, Viena, Zúrich y Amberes. También da nombre al observatorio astronómico histórico de Tycho Brahe, el Uraniborg, el más espectacular de su época.

Y como si fueran descendientes de Urania, también se forjó una legión de mujeres que en los siglos XVII y XVIII dedicaron todas sus noches a contemplar el firmamento. Tal y como explica Adela Muñoz Páez en su libro 'Sabias', "la mayor parte de ellas fueron hijas, esposas o hermanas de astrónomos. Su número fue especialmente elevado en Alemania, país en el que la organización gremial pervivió mucho más tiempo que en el resto de Europa".

Entre estas exploradoras del firmamento se encontraban nombres como Elisabetha Kopman Hevelius y Maria Winkelmann-Kirch. Ambas sufrieron los rigores de un mundo en el que los observatorios eran espacios vedados para el cromosoma XX.

No fue un capricho de la época: hasta hace pocas décadas las mujeres tenían verdaderos problemas para acceder a los observatorios en condición de investigadoras. De hecho, Vera Rubin, la descubridora de la materia oscura, fue la primera mujer en tener permiso para usar los instrumentos del importante Observatorio del Monte Palomar, del Instituto de Tecnología de California. Y eso ocurrió sobre 1950.

Lucretia

El caso más llamativo de esta nueva hornada de astrónomas alemanas, sin embargo, fue el de Caroline Lucretia Herschel. Como resultado de un ataque de viruela y tifus que padeció con apenas tres años, Lucretia vivió con la cara marcada y se quedó en una estatura de 1,20 metros. Su aspecto físico la condenó a una existencia subalterna y marginal, sobreviviendo mientras limpiaba casas ajenas, como una Cenicienta.

Sin embargo, su hada madrina vino de las estrellas, o más bien de lo que le inspiraron las mismas. Su hermano, William Herschel, le pidió que le acompañara a Inglaterra como ayudante de sus investigaciones. Su vida, a partir de entonces, se consagró a la observación de los cielos, convirtiéndose así en una gran exploradora.

De esta forma, los hermanos Herschel lograron identificar juntos más de 2.500 nebulosas. También fueron los primeros en determinar la naturaleza gaseosa de la superficie solar. También la sexta y séptima luna de Saturno, así como los períodos de rotación de su anillo, o las lunas de Urano, Titania y Oberón. Incluso, a pesar de su tecnología rudimentaria, lograron identificar las primeras estrellas dobles, pero no una o dos, sino más de mil.

Así, Lucretia alcanzó un estatus estelar, como una de las muchas estrellas que describió, como resume Adela Muñoz Páez: "A los 65 años, Caroline completó un inmenso catálogo con las posiciones de las nebulosas descubiertas por su hermano, y por esta obra recibió la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society londineses en 1828. Habrían de pasar 170 años antes de que otra mujer volviera a recibir tal honor".

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