CIFRAS PREOCUPANTES
Los adolescentes pasan casi un tercio de la jornada escolar en los móviles
Son las conclusiones de un estudio que señala el impacto directo en un cerebro aún en desarrollo.

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Para muchos adolescentes, el primer gesto del día no es desayunar ni prepararse para ir al instituto. Ni siquiera bostezar o encender la luz: es mirar el móvil.
En España, el teléfono (lo de inteligente habría que ponerlo entre comillas) se ha convertido en un objeto casi universal entre los jóvenes. Según la encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías en los hogares del Instituto Nacional de Estadística, más del 90% de los adolescentes de entre 12 y 15 años tiene ya su propio smartphone.
Y hay más: cuanto más temprano es el acceso a esta tecnología, más intensivo resulta su uso. Un informe de la iniciativa española Fundación FAD Juventud señala que los menores pasan varias horas diarias conectados al teléfono, con redes sociales, vídeos y mensajería como principales actividades. En total, a partir de los 8 años pasan 3 horas y 13 minutos al día y a los 12 el promedio ya supera las 4 horas diarias.
En los últimos años, psicólogos y neurocientíficos han empezado a preguntarse qué consecuencias tiene esto para el cerebro en desarrollo. La adolescencia es una etapa especialmente delicada: el sistema de control cognitivo, la capacidad para mantener la atención, resistir distracciones y regular los impulsos, todavía está madurando. Y, para muestras, un botón…
Científicos de la Universidad de Texas, Austin, observaron que tener el smartphone cerca reduce los recursos cognitivos disponibles para realizar tareas complejas, un fenómeno que bautizaron como brain drain (fuga de cerebro). Lo sorprendente es que esto ocurre incluso si el móvil está apagado.
En este escenario, el último estudio, publicado en Jama, sigue ese rumbo de investigación, pero en un ámbito que debería ser más controlado: las aulas. El análisis, liderado por Kaitlyn Burnell de la Universidad de North Carolina Chapel Hill, ha profundizado en el uso que los adolescentes hacen de sus teléfonos durante el horario escolar y qué relación tiene ese comportamiento con su capacidad de concentración.
A diferencia de estudios previos, basados en encuestas o estimaciones, el equipo de Burnell registró de forma objetiva el uso del smartphone hora a hora durante dos semanas y en dos grupos diferentes, uno en 2022 y otro en 2024. Esto permitió reunir miles de datos sobre cómo se comportan realmente los estudiantes a lo largo de la jornada escolar.
Los resultados mostraron que los alumnos pasaban casi un tercio del día escolar utilizando el teléfono, revisándolo decenas de veces, principalmente para redes sociales o entretenimiento. De hecho, más del 70% del tiempo de uso estaba dedicado a este tipo de aplicaciones.
"Los smartphones ya no son algo que los estudiantes utilicen ocasionalmente durante el horario escolar: están presentes cada hora del día", explica Eva Telzer, profesora de psicología y neurociencia en la universidad estadounidense y coautora del estudio.
Pero el problema no solo es el tiempo de uso, sino las interrupciones. En las conclusiones se observa que los estudiantes que revisaban el teléfono con mayor frecuencia mostraban peor control cognitivo, una habilidad fundamental para aprender y mantener la atención en clase. En otras palabras, no es solo cuánto tiempo se usa el móvil, sino cuántas veces interrumpe la atención.
Cada consulta rápida (una notificación, un mensaje o una mirada a una red social) fragmenta la concentración. Ese patrón de interrupciones repetidas puede debilitar la capacidad de autorregulación, una función mental clave para seguir una explicación, resolver problemas o completar tareas académicas.
"Lo que más nos sorprendió fue la enorme cantidad de tiempo que los adolescentes pasan con el teléfono durante la escuela – añade Burnell -. Los estudiantes estaban usando el móvil cada hora de la jornada".
Los resultados llegan en un momento en el que cada vez más sistemas educativos están revisando sus políticas sobre el uso del móvil en clase. En distintos países, y también en algunas comunidades autónomas españolas, se han propuesto restricciones parciales o totales del smartphone durante el horario escolar, precisamente por su posible impacto en la atención.
Según Burnell, limitar el acceso a aplicaciones especialmente adictivas durante las horas lectivas podría ayudar a proteger la concentración de los alumnos sin renunciar a los beneficios educativos de la tecnología. Porque el problema, concluye, "no es necesariamente el teléfono en sí. Es la interrupción constante de la atención en una etapa del desarrollo en la que el cerebro todavía está aprendiendo a concentrarse".
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