Son eternas
"Me llegó directa al corazón": la emoción por recibir y abrir una carta escrita a mano que ningún WhatsApp puede igualar
¿Por qué es importante? En la época de la inmediatez, de los móviles y de abrir el buzón tan solo para recibir facturas, hubo una tiempo no muy lejano en la que la gente ponía sus sentimientos al servicio del papel para esa persona querida.

Resumen IA supervisado
Hace no tanto tiempo, recibir cartas en el buzón era común; eran textos significativos de seres queridos que, a diferencia de los correos electrónicos, no podían borrarse. Aunque parece que ha pasado una eternidad, la práctica de escribir cartas a mano casi ha desaparecido. Sin embargo, algunas personas aún valoran estos recuerdos tangibles, como Irene, quien envía entre 400 y 500 cartas mensuales a través de su club de correspondencia. Cada carta trata un tema específico y suele incluir una postal diseñada por una artista emergente. Las cartas guardan historias y experiencias que permanecen en la memoria, evocando una época que, aunque reciente, parece lejana.
* Resumen supervisado por periodistas.
No hace tanto de aquellos tiempos. No hace tanto de esos días en los que en el buzón había algo más que cartas del banco o de facturas. En las que había textos, mensajes escritos en los que no había botón de borrar alguno, de un ser querido. No, no hace tanto y, sin embargo, parece que ha pasado una eternidad. Una eternidad que hace que muchos y muchas ni sepan lo que es recibir una carta de alguien a quien quieres, abrir el sobre y ver su contenido.
Porque casi nadie escribe ya cartas a manos. Casi nadie deja sus pensamientos en un papel a la espera de que esa persona especial lo reciba. "A la persona a la que te dirigías era porque le tenías cariño. Le tenías aprecio. Le estabas agradecido por algo. En fin, es algo que te apetecía mucho", dicen.
Y es que algunas guardan tanta fuerza aún en sus letras que se quedan en la memoria de quienes las recibieron: "Mi hermana me mandó una desde Venezuela. No me la esperaba y me puse a llorar. Me llegó directa al corazón", cuenta una mujer.
El papel habrá quedado en gran parte de lado, pero hay quien sigue prefiriendo esos recuerdos tangibles por encima de cualquier medio frío y distante. Es el caso de Irene y de los cientos de personas a las que envía una carta cada mes a través de su club de correspondencia.
"Mando entre 400 y 500 cartas al mes. La mayoría son en España, pero también mando muchísimas a Europa, Latinoamérica, EEUU... El otro día se apuntó una chica desde Nueva Zelanda, el país más lejano. Me hizo muchísima ilusión", cuenta.
Cada vez habla de un tema en concreto. En agosto fue el eclipse y, en sus cartas, siempre alguna sorpresa: "Todos los meses trabajo con una artista emergente que diseña una postal y me encanta".
Porque las cartas pueden ser de todos los tipos. Cartas como las que se mandaban para pedir salir a alguien. "Estaba en la mili en León y ella era de un pueblo de Asturias. Me dijo que no, que luego me iba a Madrid y no me iba a ver", cuentan sobre esas misivas.
Son relatos, historias, que no se han perdido con el paso del tiempo. Cartas y vivencias, experiencias, que quedan en la memoria. Que forman parte de una época que a pesar del poco tiempo que ha transcurrido con el presente parece cosa muy, muy lejana.