Antes de ayer me descargué una app de abdominales. 'Entrenamiento Plancha – Desafío Plancha 30 Días', se llama. Siempre digo que la muerte de un ser querido y la paternidad son los dos únicos hechos que te hacen replantearte las bases de tu vida y se ve que no, que el confinamiento por pandemia mundial es otro de esos hechos traumáticos. En mi puta vida me hubiera imaginado a mí mismo bajándome una app de abdominales. Nunca, jamás, bajo ningún concepto, y posiblemente hubiera tildado de señor atrapado en la crisis de los 40 a un amigo mío que lo hiciera. Pero ahí estoy, que la app me dice a las 12 que qué pasa que no estoy retándome a mí mismo a hacer planchas, que siempre me imagino que las hacían los presos en Guantánamo y así acabaron cantando dónde estaba el Mulá Omar.

Escribo esto a modo de desahogo y para dejar clara una cosa: no estoy yo para criticar a nadie. Esto del confinamiento es tan extremo, tan demencial y de consecuencias tan imprevisibles que todo lo que os sirva para sentiros mejor está bien. Y todo lo que hagan los demás que os haga sentir más animados, también está bien.

"Participar en todas las aplausadas es humanamente imposible"
Sin embargo, esto que viene sé que va a ser doloroso, pero alguien tiene que decirlo. Amigos, amigas, españoles, todos tenemos que sentarnos a hablar de LAS APLAUSADAS. Todos sabéis lo que son porque o habéis participado en una, o en varias, o en todas (lo dudo esto último, porque es humanamente imposible) o, si no, las habéis oído en vuestras calles. Las aplausadas son convocatorias, no se sabe muy bien de quién pero que se propagan como un virus (vaya, qué innecesario), en las que se nos convoca a los ciudadanos y ciudadanas de toda edad y condición con Whatsapp a salir al balcón o a la ventana a aplaudir para homenajear a un determinado colectivo de gente que, y esa es la verdad, estos días están demostrando que los más puteados son al final los que sostienen este país.

Empezó con que a las 22:00 se aplaudía a los trabajadores de la Sanidad Pública y luego eso pasó a las 20:00 horas para que se pudieran unir los niños. Y desde ahí, como todos y todas sabemos, esto se ha ido de madre. Yo me he hecho un cuadrante de aplausadas y ahora mismo se me están solapando. Porque tengo a la vez la cacerolada contra el Rey para que done los 100 milloncejos esos a la Sanidad Pública, pero a esa hora, según mi cuadrante, tenía prevista una aplausada para los empleados del sector de la alimentación, que era media hora después de la aplausada de los agricultores y ganaderos y una hora después de la aplausada de la Sanidad Pública, que a esa no hay que fallar. Y como nadie delimita la duración de la aplausada y queda un poco al albur de la emoción del momento, como con la de la Sanidad me flipo fuerte, pues no estoy cenando por aplaudir. Ya te pones en unas horas que qué haces. Si quieres además unirte a lo de los balcones, a lo de cantar 'Sobreviviré' en pijama o a lo de berrear 'Resistiré', en función de si eres más de Mónica Naranjo o del Dúo Dinámico, como poco las 12 te dan. Y ya que sales a la terraza, una te tomas. A nada que te enrolles a hablar con el vecino te dan las dos… y a las cuatro es la aplausada de los panaderos. Así que el confinamiento se me está haciendo Magaluf. Y si sigue así, en dos semanas no descarto el balconing.

En serio, haced todo lo que os venga guay para estar mejor. Lo necesitamos todos. Pero consumid aplausadas con moderación, que esto es largo.

Nota del Autor: todas y cada una de las aplausadas citadas son reales y no una parodia. Tengo la convocatoria de todas ellas.