La invasión rusa de Ucrania supone un peligro para el funcionamiento normal de algunas centrales nucleares, tal y como ocurrió con el reciente ataque a la central de Zaporiyia. Como consecuencia de la guerra, los sistemas de refrigeración de residuos radiactivos de Chernóbil podrían dejar de funcionar si no recuperan el suministro eléctrico. Además, Rusia es uno de los países con más armamento nuclear. Estas amenazas han agudizado el miedo a un accidente nuclear. Como consecuencia han aumentado las ventas y búsquedas de pastillas de yodo, un antídoto frente al yodo radiactivo. Sin embargo, hacer acopio de pastillas de yodo que se venden en farmacias no es la mejor solución; primero, porque la dosis es insuficiente; segundo, porque el tiempo de administración es clave, aun teniendo la dosis adecuada; y tercero, hay personas que necesitan ser tratadas con fármacos con yodo que podrían sufrir desabastecimiento.

El yodo es un elemento esencial para el correcto funcionamiento de la tiroides, una glándula endocrina situada en el cuello que produce hormonas involucradas en el metabolismo, como controlar el consumo de calorías, el desarrollo de tejidos o la velocidad a la que late el corazón. La tiroides participa en la producción de hormonas, especialmente triyodotironina (T3) y tiroxina (T4). Ambas se forman a partir de una molécula de tiroglobulina tras unirse a 3 o 4 átomos de yodo respectivamente. La cantidad diaria recomendada de yodo es de 0,15 mg y se adquiere a través de la dieta. Los bivalvos, el marisco y el pescado son los alimentos más ricos en yodo, además del ajo, el huevo, algunas frutas y verduras como el tomate o las espinacas y la sal yodada para cocinar.

Las dietas pobres en yodo, como en zonas alejadas del mar, puede causar hipotiroidismo, cuyos síntomas incluyen fatiga extrema, merma cognitiva, depresión, ganancia de peso, disminución del metabolismo basal y disminución de la temperatura basal (hipotermia). En mujeres embarazadas puede producir abortos y deformidades fetales, así como discapacidad intelectual posterior en los niños, por eso la suplementación con yodo es común en mujeres embarazadas o que buscan el embarazo. La deficiencia severa puede causar enfermedades como el cretinismo y el bocio.

El yodo es un elemento químico que se representa con el símbolo I, cuyo número atómico es 53. Esto quiere decir que en su núcleo tiene 53 protones. El número de protones indica qué elemento químico es. Por ejemplo, si tiene 52 protones será telurio y si tiene 54 será xenón, solo si tiene 53 es yodo. Además de protones, en el núcleo de los átomos hay neutrones, cuya cantidad puede ser variable. Elementos iguales (con el mismo número de protones) pero con diferente de neutrones se denominan isótopos. Existen varios isótopos de yodo, pero solo el yodo-127 es estable. El número 127 indica la suma de protones y neutrones del núcleo. Al ser yodo, tendrá 53 protones, el resto serán neutrones: 127-53= 74 son neutrones.

El yodo radiactivo es el yodo-131, con 53 protones y 78 neutrones. También se conoce como radioyodo por ser un isótopo inestable. Esto significa que con el tiempo se va transformando en especies más estables, y esto lo hace emitiendo partículas y radiación. En el caso del yodo estas transformaciones son la desintegración beta y gamma, que producen radiación mutagénica, es decir, radiación que es capaz de alterar el ADN y producir cáncer.

El yodo radiactivo es un producto de la fisión nuclear a partir del uranio-235, por lo que puede liberarse en accidentes nucleares o al usar armamento nuclear. Se puede incorporar al organismo por inhalación y a través del consumo de alimentos contaminados, que introdujeron yodo en la cadena alimentaria a través de la lluvia y el suelo. El yodo se concentra principalmente en la tiroides, ya que necesita yodo para funcionar. El problema es que la tiroides no es capaz de diferenciar el yodo radiactivo del yodo estable, así que, si tiene yodo a su disposición, la tiroides se atiborra hasta llegar a saturarse con el yodo que tenga a su alcance. El exceso de yodo que no puede asumir se excreta a través de la orina en unas horas.

El yodo estable se usa como antídoto contra el yodo radiactivo precisamente por esto. Si la tiroides está previamente saturada con yodo estable, no podrá acumular yodo radiactivo. Este antídoto se administra en forma de yodato o yoduro potásico, que son dos formas bioasimilables de yodo. También se usan como antídoto disoluciones de perclorato, un inhibidor competitivo del yodo, es decir, un compuesto que impide que el yodo se fije en la tiroides.

Estos antídotos para evitar la absorción de yodo radiactivo acarrean importantes efectos secundarios, solo asumibles en caso de catástrofe nuclear. Los percloratos provocan la enfermedad de bocio, y los yoduros y yodatos producen hipotiroidismo, hipertiroidismo, sialadenitis, además de alergias, erupciones cutáneas y perturbaciones gastrointestinales. Por esa razón estos antídotos solo se administran en casos extremos, cuando el beneficio del tratamiento supera los riesgos. Por eso, para minimizar riesgos la dosis del antídoto se ajusta según sea para niños, jóvenes, adultos o embarazadas.

Estos antídotos son de tipo profiláctico, es decir, se deben administrar como prevención. Evitan que el yodo radiactivo se fije en la tiroides, pero no provocan su eliminación. Por eso el momento de administración es clave. De nada sirve tomar el antídoto si se hace demasiado pronto o demasiado tarde. Según la OMS, el antídoto de yodo hay que tomarlo inmediatamente antes o justo en el momento de exposición al yodo radiactivo, que es cuando ofrece la protección más efectiva. Si se toma cuatro horas después de la exposición, la protección cae a la mitad. Si se toma después de 24 horas, ya no ofrece ninguna protección. Y si se consume demasiado pronto, habrá desaparecido del organismo, ya que el yodo se renueva completamente en la tiroides cada seis días, por eso como pronto debe consumirse 24 horas antes de la exposición.

Hay que tener en cuenta que los antídotos contra el yodo radiactivo solo protegen la tiroides y nada más que la tiroides. No protegen otros órganos, no protegen del resto de efectos de la radiación, y tampoco protegen de otros isótopos radiactivos comunes en estos accidentes como los de cesio.

Los antídotos contra el yodo radiactivo no se venden en farmacias. Según el Consejo de Seguridad Nuclear, en España se preparan en el Centro Militar de Farmacia de la Defensa. Están almacenados en las propias centrales nucleares, y en centros médicos, subdelegaciones de Gobierno y puestos de la Guardia Civil situados a un radio de 10 kilómetros de las centrales nucleares. Solo se administrarán a la población general bajo indicación de las autoridades sanitarias o de emergencias.

No se deben confundir los antídotos contra el yodo radiactivo con los medicamentos y suplementos con yodo que se venden en farmacias. La composición y la dosis de yodo es diferente, con lo que no serían eficaces en caso de emergencia nuclear. Consumirlos en exceso, de forma reiterada o sin indicación médica, podría provocar hipotiroidismo o hipertiroidismo. Además, los medicamentos y suplementos de yodo que se venden en farmacias están destinados a pacientes con carencias, para tratar otras patologías, y se formulan con concentraciones de yodo entre dos y tres órdenes de magnitud inferiores a los antídotos. Esto significa algo tan absurdo como que sería necesario consumir cientos o miles de pastillas para que pudiesen funcionar como antídoto, todas administradas a la vez en cuestión de horas.

Por eso, consumir pastillas de yodo de farmacia cuando no está indicado es un riesgo para la salud innecesario, y tampoco sería eficaz para protegerse frente a un accidente nuclear. Además, hacer acopio podría dejar sin sus medicamentos a las personas que realmente lo necesitan.