Aprobar leyes para mejorar la vida de personas que no conoces como si fueran a las que más amas. La frase de Irene Montero lanzada con calma, mesura y sin gritar a Macarena Olona representa todo lo que significa la buena política. El azar hizo que se juntara en el tiempo el ambicioso borrador de la ley del aborto al agradecimiento de la líder posfascista de VOX a Paula Fraga, Lucía Etxebarría, Lidia Falcón o Laura (Freixas o Redondo), un núcleo del feminismo que puso en la diana a la ministra por querer avanzar en los derechos fundamentales del colectivo transexual y que ha hecho muy difícil la concreción de avances en los derechos de las mujeres del ministerio de Igualdad. Montero ha tenido que lidiar con una agresividad no vista antes, a izquierda y extrema derecha, y está saliendo victoriosa de la batalla con una lista avanzada de medidas concretas para mejorar la vida de las mujeres con un proyecto feminista moderno y contundente. Y encima citando a Cristina Peri Rossi en la tribuna del Congreso. Que queremos el pan, pero también las rosas.

Irene Montero no lo ha tenido fácil en su labor ministerial. Pero su resultado en la mejora de los derechos sociales es de los que se recuerdan cuando pasan los años y se consolidan derechos que harán la vida de las mujeres, también la de las más vulnerables, mucho mejor. Los avances que el ministerio de Igualdad ha promovido estos tres años y con los que ha tenido que pelear ante la opinión pública en un contexto hostil merecen una alabanza que poca gente ha hecho de forma honesta por provenir del ministerio que lidera Irene Montero. Y lo merecen, porque son aquellos por los que se justifica que Unidas Podemos esté en el gobierno.

Ha sido el centro de un ataque furibundo por parte de la extrema derecha, política y mediática, que le ha hecho pagar con un machismo miserable ser la pareja de Pablo Iglesias. Ha tenido que sufrir el acoso con mayor virulencia y ha seguido firme en la línea que no todos en su partido han sabido ver, avanzando en la consecución de derechos sociales. Sabiéndose la diana de las miradas y odios del supremacismo masculino y la reacción machista, ha optado por un perfil pragmático que diera prioridad a la aprobación de medidas y leyes que lejos de consolidar derechos avanzara de una forma ambiciosa, valiente y creativa. Para poder hacerlo el ministerio de Igualdad se ha tenido que enfrentar no solo al fascismo más violento, verbal y políticamente, sino que ha tenido que soportar las difamaciones y mentiras de un sector radical del PSOE que no soportó quedarse sin el poder en el ministerio de Igualdad en el reparto de poder surgido tras la coalición y con la polémica por la aprobación de la Ley Trans.

El reciente borrador de la ley del aborto es el último ejemplo del impagable trabajo que el ministerio de Igualdad está haciendo exprimiendo las atribuciones y competencias que le han sido dadas. Un texto que tiene como objetivo inhabilitar el recurso del PP ante el Tribunal Constitucional de la anterior ley pero que no solo se ha quedado en un blindaje efectivo del aborto, que ya habría sido motivo suficiente de orgullo y alegría, sino que avanza en materias fundamentales que nunca antes se habían abordado. El borrador del ministerio de Igualdad considera los vientres de alquiler violencia contra las mujeres, atacando además el estigma que un sector del feminismo ponía a quien legislaba a favor de las vidas trans argumentando que se legalizaría la gestación subrogada. No solo no se ha hecho, sino que avanza de manera fundamental en la persecución legal de quien acuda en el extranjero a realizar una práctica ilegal en España. Esta medida por sí sola también merecería el aplauso de cualquier persona de izquierdas pero, además, pone en el debate público la necesidad de garantizar unos derechos que siempre se han considerado de segunda por sufrirlos solo las mujeres: los relacionados con la salud menstrual. La posibilidad de lograr tres días al mes de baja cuando el dolor provocado por la endometriosis sea incapacitante. Algo lógico y normal, que el dolor te haga quedarte en casa con la seguridad de estar protegida legalmente, pero que ahora era motivo de vergüenza y pocas mujeres se atrevían a ejercer un derecho que nos asiste a todos, el derecho fundamental de no ir a trabajar cuando una enfermedad o sufrimiento nos lo impide.

El proyecto de reforma de la ley del aborto es un avance gigante para las mujeres, dotarles de una vida digna que les limite los perjuicios que su condición les proporciona en una sociedad machista que pocas veces mira por sus necesidades. Ha habido muchas otras medidas y leyes que merecen ser recordadas para valorar y alabar el trabajo de Irene Montero y su equipo, mujeres como Ángela Rodriguez, Alba González Sanz y otras muchas en el ministerio de Igualdad. En esta legislatura se ha aprobado la importante Ley Trans y de Derechos LGTBI, la Ley de Libertad Sexual, porque solo sí es sí, el Plan de Inserción Socio Laboral para mujeres víctimas de explotación sexual, trata y en contextos de prostitución, la renovación del pacto de Estado contra la violencia machista de forma permanente, las medidas urgentes contra la violencia machista de julio de 2021, el cambio estadístico para los feminicidios, el Plan Corresponsables que dota de 400 millones de euros a la administración para que los menores de 16 años puedan estar de manera gratuita en centros fuera del horario escolar, y la próxima Ley de Trata que busca sacar de una vida de esclavitud a cientos de mujeres.

Apartando intrigas y peleas internas, que emborronan la fotografía, el trabajo de mujeres como Yolanda Díaz e Irene Montero es un ejemplo claro y diáfano de las políticas que mejoran la vida de las personas más vulnerables. La labor que tiene que ser la línea fundamental de la izquierda, poner la vida común en el centro, no perder de vista lo importante dejando a un lado el ruido político que nos rodea centrándose en avanzar sin miedo como estrategia más ambiciosa como dique contra el fascismo. Irene Montero no se ha dejado llevar por los complejos ante las batallas culturales contra el feminismo y ha respondido con leyes, reformas y aportando como curriculum político ofrecer una vida más fácil a las mujeres. No es algo que tengan que reconocer los hombres que bromean con el sangrado de la endometriosis dejando en evidencia que solo son capaces de pensar con sus enormes huevazos, es una medida para las mujeres, que sí saben lo importante que es poner la sangre menstrual y el dolor incapacitante que puede provocar en el centro del debate público blindando con una ley el derecho fundamental a descansar cuando el dolor las dobla. También por eso, por permitirlas permanecer en la cama cuando ser mujer las punza el vientre ya merece el esfuerzo y el trabajo de Irene Montero en el ministerio de Igualdad.