Mark Fisher en su obra "realismo capitalista" nos ofrece una cita de Fredric Jameson que avanzaba el escenario al que nos aboca el informe del IPCC: "Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Todos lo asumimos. Es más sencillo pensar que el planeta será destruido antes de plantearse el escenario de reducciones drásticas de emisiones de CO2 y el coste económico y de merma de beneficios de las grandes empresas y fortunas que plantean los científicos para mitigar el calentamiento global. Lo más probable es que no se haga nada, no lo suficiente, y que la degradación del planeta sea irreversible antes de que veamos el final del capitalismo. La lógica capitalista prefiere acabar con la especie antes de reconocer que su modelo económico es incompatible con la vida. Morir antes que ceder.

El informe del IPCC sobre la crisis climática no ha dicho nada que no sepamos todos aquellos que llevamos años escuchando a los científicos. El calentamiento global es antropogénico, la mano del hombre es la responsable de que el planeta se caliente irremisiblemente al menos 1,5 grados de manera global y con la posibilidad de superar los 4 grados si no actuamos de manera drástica. La manera de nombrar las cosas importa, el cambio climático es culpa del hombre, de la humanidad, de la especie, es culpa tuya. Es importante dejar claro de quién ha sido la responsabilidad porque así se podrán imponer las medidas necesarias para la transición ecológica a los causantes del desastre. Por eso nunca se cita al verdadero responsable de la crisis climática: un modelo económico hegemónico que se llama capitalismo. No nombrarlo es importante para no poner en cuestión al capitalismo y diseminar la culpa entre toda la humanidad, así consiguen que los que durante siglos han expoliado el planeta para enriquecerse queden exonerados. La crisis climática no es antropogénica, sino 'capitalismogénica'.

El causante de la crisis climática es el capitalismo. Un modelo que ha desarrollado unos beneficios privativos quemando combustibles fósiles hasta devastar nuestro hogar para que cuando la situación se ha hecho insostenible socializar los costes y descargar la culpa sobre aquel que no recicla o usa su coche diésel para ir al trabajo. La tremenda injusticia social que se pretende con la generalización de responsabilidad sobre la crisis climática no puede servir al ciudadano raso de excusas para no tomar medidas en su día a día, pero conocer esa intención perversa debe servir de acicate para que apartemos el foco de la responsabilidad individual y que recaiga de manera casi exclusiva sobre las grandes corporaciones. Solo 100 empresas en todo el mundo son responsables del 70% de las emisiones de C02, en España es Repsol una de ellas y es sobre esas corporaciones y las fortunas que se han enriquecido con la destrucción del planeta sobre las que hay poner todo el peso de los costes y acabar con un modelo capitalista que solo es rentable a costa de expoliar los recursos naturales de los que la especia humana depende.

Desde 1751 hasta 2016 las emisiones totales de C02 de EEUU han sido de 394.000 millones de toneladas. El siguiente en la lista es China, con 194.000 millones. Los argumentos esgrimidos por multitud de defensores del sistema capitalista es que las medidas sobre la crisis climática están lastradas porque el país, de partido comunista pero sistema económico capitalista, se niega a afrontar los acuerdos para la reducción de emisiones lastrando los esfuerzos del resto de países. Los estados que han sido capitalistas desde su conformación como nación llevan más de doscientos años contaminando el planeta sin medida exigen a los que solo llevan medio siglo haciéndolo que asuman el coste de revertir la destrucción del planeta que ellos han provocado. Una lógica que opera desde los países a las empresas para poner la máxima responsabilidad sobre el comportamiento individual del más humilde de los ciudadanos. Una trampa que es necesario revertir.

Un ejemplo sencillo. De ayer mismo. Iberdrola aprovechó el informe del IPCC para soltar un rapapolvo a todos esos ciudadanos que no hacen todo lo que deben para luchar contra la crisis climática. La cuenta de Twitter de Iberdrola se puso seria: "Ya NADIE puede mirar hacia otro lado", decían. No ellos, con sus política económicas, sino nadie, repartiendo la responsabilidad que les pertenece a ellos como uno de los máximos responsables de la crisis en nuestro país. Solo unos días antes Iberdrola actuaba mirando para otro lado con tal de aumentar el volumen de negocio. El mes de julio la eléctrica de Ignacio Sánchez Galán decidió desembalsar el agua en varios de los pantanos sobre los que tiene una concesión pública, es una manera sencilla de producir energía muy barata en el momento en el que la luz está en precios desorbitados para venderlo al precio máximo de mercado que entra en el mix energético. Producen la mayor parte de la energía al precio más barato vendiéndola al precio más caro posible, es lo que se denominan los "beneficios caídos del cielo". Los embalses están en mínimos históricos y los rendimientos para Iberdrola en máximos mientras se atreven a dar lecciones sobre la crisis climática.

No es tu culpa, es del capitalismo. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Recicla, cuida de tu entorno, pero mientras lo haces señala a los verdaderos responsables y exige de manera radical que sean los que paguen el alto precio de la urgente transición ecológica.