
Editorial: Nuevos Cuadernos Anagrama
Fecha de publicación: 2026
Es una tarea complicada scrollear en Tiktok e Instagram y que el algoritmo, en algún momento, no te enseñe una persona haciéndose una rutina facial de 12 pasos, recomendándote el retinol que hará que no tengas ni una sola arruga —spoiler: no es cierto—, o analizando qué se ha hecho tal famosa o influencer en la cara para aparentar 20 años menos de los que tiene.
Nunca antes hemos tenido tantas fotos de nosotras mismas ni hemos estado bajo el escrutinio de tantísimas personas
Las redes sociales se han convertido en la ventana a la que asomarse para observar a los otros y eso supone exposición: nunca antes hemos tenido tantas fotos de nosotras mismas ni hemos estado bajo el escrutinio de tantísimas personas.
Esto, por supuesto, es algo que el mercado tenía que capitalizar y la cara, como ya sabemos, es el espejo del alma, así que no iban a dejar escapar la oportunidad de crear una nueva y multimillonaria necesidad —¿lo oís? es la industria cosmética imprimiendo billetes—.
Leticia Sala analiza en su nuevo ensayo, Dame veneno que quiero vivir, cómo hemos llegado hasta aquí, qué conversaciones están surgiendo en torno a este fenómeno sociológico y propone una serie de ideas para sobrellevar esta vorágine colectiva.
El pinchacito
Leticia Sala abre debate sobre el uso del bótox como tratamiento estético, también analizando históricamente qué nos lleva a tener tanto miedo a que las arrugas formen parte de nosotras y cómo este tipo de tratamientos ordenan el mundo por clases sociales, género y etnias.
El bótox, cuyo nombre científico es toxina botulínica de tipo A, actúa bloqueando las señales nerviosas que ordenan a los músculos contraerse, lo que provoca una relajación o parálisis temporal. O, en otras palabras, esa arruga que estaba ahí ya no está. ¿Problema? El efecto del bótox es inversamente proporcional a lo que el paso del tiempo produce en nuestra piel, así que para que esa arruga siga lisa, deberás generar una relación duradera con tu clínica de confianza.
El ágora y el espejo
Cuenta Leticia que en un viaje a Japón visita Don Quijote, una de las tiendas más famosas del país, con dos plantas enteras destinadas a productos cosméticos. Ese pequeño universo, sitúa en las baldas inferiores de las estanterías —colocados estratégicamente a la altura de los ojos de sus potenciales consumidoras— productos cosméticos diseñados para mejorar la piel, incluso de quienes no lo necesitan: las niñas.
¿Qué dice de nosotras como sociedad que permitamos esta desprotección de la infancia por parte del mercado?
Allí encontramos mascarillas faciales con caras de animalitos, cuyo fin es crear la necesidad antes siquiera de que comprendan lo que esa palabra significa. ¿Qué dice de nosotras como sociedad que permitamos esta desprotección de la infancia por parte del mercado? ¿Qué lugar ocupa el paso del tiempo en nuestro inconsciente para demonizarlo de esta manera?
Explica que "los efectos nocivos traspasan la piel, llegan al alma y el espíritu de estas niñas y lo hacen durante unos años en los que su plasticidad es inconmensurable". Un problema para el que "la ley no está sabiendo adaptarse a la velocidad con la que la cultura del skincare se está infiltrando en la vida de los consumidores", defiende la escritora.
Antiedad
"Antiedad podría ser sinónimo de promuerte. Porque no existe parar el tiempo y seguir vivo" escribe Sala. En Dame veneno que quiero vivir, Leticia propone descifrar la obsesión histórica por amedrentar a las mujeres con la pérdida de juventud y cómo este mandato ha provocado de manera paralela, problemas de salud, miedos y fijaciones que disminuyen nuestra calidad de vida.
En las sociedades modernas las mujeres mayores se convierten en personas invisibles
La escritora nos recuerda que en las sociedades modernas las mujeres mayores se convierten en personas invisibles: pasan a ocupar ese no lugar al que se nos envía cuando perdemos belleza (según el cañón establecido). Dejamos de ser visibles y deseadas, penalizándonos simplemente por seguir vivas.
Quizás es un trabajo colectivo redefinir lo que es bello, ya que reducirlo a una piel tersa y sin arrugas es la cosa más absurda y vacua que hayamos concebido. Quizás, de esta manera, las niñas del futuro puedan disfrutar de cumplir años sin miedo.
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