Tomás Sánchez Bellocchio

Editorial: Alianza Editorial

Fecha de publicación original: 2026

Puede que la conversación que más veces tuve en mi adolescencia con mis amigos fue la de qué haríamos cuando perdiésemos la virginidad. Imaginábamos el momento, las circunstancias y todo lo relativo a nuestro desempeño en una tarea de la que desconocíamos todo. El quién no importaba porque lo que estaba en juego era nuestra hombría y tardaríamos muchos años en entender realmente de qué iba aquella carrera a contrarreloj que manteníamos para hacernos adultos.

'Los oscurecimientos' narra la vida de un grupo de adolescentes en su periplo por hacerse mayores antes de tiempo

No sabíamos nada sobre el sexo, igual que tampoco nos explicaron nada sobre la guerra y la violencia. De aquello se encarga siempre la propagada, herramienta imprescindible para convertir en atractivo y justo lo que sea que nos genere repulsa o miedo. Una conversación similar es la que resuena en Los oscurecimientos, la novela de Tomás Sánchez Bellocchio que recorre la casi-guerra entre Argentina y Chilede 1978.

Una historia que discurre en paralelo a la vida de un grupo de adolescentes en su periplo por y para hacerse mayores antes de tiempo. Dicho conflicto no ocurrió nunca, aunque tuvo su efecto en la imaginación de quienes soñaban con batallas épicas y una suerte de redención de la infancia que se mezcla con los códigos castrenses, intercambiando unos por otros para convertirse en hombres.

El tanque

Un grupo de adolescentes convive en los confines de la Patagonia argentina, en Punta Frías. Un lugar dejado de la mano de Dios, en un territorio ganado a través de la violencia y mantenido en una lucha constante contra los elementos. La misteriosa aparición de un tanque trastoca la vida de los jóvenes. Mientras sus vecinos intentan dilucidar qué significa ese cadáver de hierro y cuál es su posible origen, la mole acorazada irá modificando su percepción sobre la realidad que les rodea.

Su líder, Quito, es el verdadero protagonista, galvanizado por la mirada adolescente de sus compañeros. Solo sabemos lo que piensa o dice a través de los oídos y ojos de estos. Para ellos, Quito reúne todos los requisitos del hombre en el que desean convertirse. Sin vulnerabilidades, lleno de secretos y con la misma tenacidad heredada de una tradición militar que mezcla a partes iguales orgullo y vergüenza.

En 1978, Argentina y Chile estuvieron al borde del abismo de la guerra por el control del canal Beagle

En 1978, Argentina y Chile estuvieron al borde del abismo de la guerra por el control del canal Beagle, en la frontera entre ambos países y que fue objeto de disputas desde la independencia de ambas naciones. La dictadura de Videla se encontró a finales de la década de los 70 con el régimen sanguinario de Pinochet. El marco perfecto para que las tensiones entre dos naciones, cada vez más militarizadas, pudiese terminar escalando.

A partir de ese punto, Quito y sus amigos empiezan a inventar operaciones ficticias, avances invisibles y estrategias imaginarias. Un recurso que permite a su autor hablar sobre los estragos de la violencia y la cultura militar en los cerebros aún por formar. Bellochio utiliza todo esto para construir una reflexión profunda sobre cómo creamos enemigos y frentes imaginarios, convirtiendo la batalla en un rito de paso hacia el mundo adulto.

Sobre niños y hombres

A medida que la tensión escaló, la población patagónica se fue enfrentando a simulacros militares, como aquellos que dejaban a toda la región sin luz para emular un ataque enemigo y convenientemente llamados 'oscurecimientos'. No es de extrañar que de ahí tome su nombre el autor. Conocemos por la historia de aquella guerra que no fue, que las fuerzas armadas argentinas prepararon planes de ataque hipotéticos que pretendían asfixiar al país vecino y cortar sus rutas de suministro.

Argentina preparó planes de ataque hipotéticos que pretendían asfixiar al país vecino y cortar sus rutas de suministro

Si gobierno y militares se lanzaron a la elucubración, los protagonistas de Los oscurecimientos corren una suerte similar a lo largo de la novela. El chileno se convierte en un enemigo al que aplacar. Así empiezan a mirar con desconfianza a los vecinos que reconocen como extranjeros, sospechosos a los que vigilar de cerca y rebuscar en su basura.

Da la casualidad de que la única presencia chilena en el pueblo es la de dos hermanas, oscuro objeto de deseo y desconocimiento típico de una edad en la que es más fácil sentirse apelado por un tanque que por una compañera de clase. Y en ese equívoco es en el que se mueve esta novela. Los rituales que acercan a sus protagonistas a la madurez se entremezclan con lo infundado, el miedo y el desconocimiento absoluto. Un cóctel que hoy se sigue agitando para instigar conflictos en todo el mundo.

Los oscurecimientos

Hay algo hipnótico en que quienes traten la violencia sean los niños o adolescentes, quizás porque en un cuerpo aún sin formar, sus estragos siempre nos sorprenden más y las conclusiones resultan más propias de los adultos que del reino de lo infantil. Bellocchio invoca aquí la bibliografía de los niños malvados. Desde Las tribulaciones del estudiante Törless de Musil, El marinero que le perdió la gracia al mar de Mishima o El señor de las moscas de Golding.

La violencia y la patria se materializan a través de un lenguaje ágil, en constante cambio

No hay lugares comunes aquí. La violencia y la patria se materializan a través de un lenguaje ágil, en constante cambio y que no niega la carga poética de la edad de sus protagonistas. Los gestos más pequeños se convierten en los más trascendentales, las pequeñas traiciones adquieren la categoría de penas capitales y así sucesivamente en una novela que, como en una escalada de violencia, no deja de coger velocidad a medida que nos adentramos en ella.

Sigue el canal de Ahora Qué Leo en WhatsApp para estar al tanto de todas nuestras reseñas, reportajes y entrevistas.