
Andrew Porter
Traductor: Ce Santiago
Editorial: Muñeca infinita
Año de publicación original: 2025
Hay una pregunta que muy pocas personas nos atrevemos a hacer en voz alta: ¿conocemos realmente a nuestros padres? No me refiero al padre que creemos conocer. No el de las anécdotas familiares, las fotos de las vacaciones, los "ten cuidado" y los gestos repetidos durante décadas. Sino el hombre que existía antes de que llegáramos nosotros. El que tenía secretos, ambiciones, frustraciones y deseos que nunca llegamos a saber y que él ni siquiera verbalizó. Esa persona. ¿La conocemos?
Andrew Porter lleva cuatro libros preguntándoselo. Y en La vida imaginada ha encontrado por fin la forma definitiva de plantear la pregunta.
El escritor que nadie ve venir
Porter es de esos autores que se ha fabricado una estupenda reputación sin hacer ruido. Se graduó en el Iowa Writers' Workshop, el taller literario más exigente de Estados Unidos. Ganó el premio Flannery O'Connor de relato, publicó cuatro libros recibidos con entusiasmo por la crítica y seleccionados por el New Yorker, NPR y Esquire, y aun así se las ha ingeniado para seguir siendo prácticamente un desconocido para medio mundo.
Hoy, enseña escritura creativa en la Trinity University de San Antonio, Texas, en Estados Unidos. Vive tranquilo. No da charlas TED. No tiene un millón de seguidores. Tampoco le hace ninguna falta, la verdad.
¿Conocemos realmente a nuestros padres?
Lo que nos hace falta a nosotros para poder ser como Porter es tener la capacidad de escribir sobre vidas ordinarias con una precisión tan quirúrgica que parece que cada página duele. Caemos irremediablemente en su red. Sin hacer apenas ruido, se ha convertido en uno de los grandes escritores de ficción de Estados Unidos. Y ahora, con La vida imaginada, no podemos sino confirmar ese argumento.
Cincuenta años y un agujero
Steven Mills tiene cincuenta años, su mujer y su hijo se han marchado y puede que no vuelvan. Lleva casi cuatro décadas intentando no pensar en lo mismo: su padre, un profesor brillante y carismático, desapareció en 1984 cuando Steven tenía doce años. No murió. Peor. Desapareció. Se esfumó en medio de un escándalo académico después de no conseguir la plaza de titular que llevaba años persiguiendo, y no volvió a dar señales de vida.
Es el retrato de un hombre que a los cincuenta años sigue siendo el hijo de alguien a quien nunca conoció
Esta premisa distingue a Porter. No construye un thriller de secretos familiares. Fabrica algo mucho más incómodo: el retrato de un hombre que a los cincuenta años se da cuenta de que lleva toda la vida siendo el hijo de alguien a quien nunca conoció del todo. Y que eso, de alguna manera que no sabe nombrar, explica todo lo demás.
California y Fleetwood Mac
La novela se mueve en dos tiempos con una elegancia que parece sencilla y no lo es en absoluto. Por un lado tenemos el presente, donde Steven recorre la costa californiana entrevistando a los que conocieron a su padre: amigos, colegas, exparejas.
Es la Norteamérica de las casas bonitas, la de las películas de Frank Capra y las vidas que no son lo que parecen desde fuera
Por el otro lado está el pasado, el verano de 1984, con aquellas maravillosas jornadas chapoteando en la piscina, las películas proyectadas en el jardín, Fleetwood Mac sonando en todas las habitaciones y el mundo de los adultos desmoronándose despacio mientras un niño de doce años trataba de entender qué estaba pasando sin que nadie se lo explicara.
Esa California de los ochenta que Porter dibuja tiene la textura exacta de algo que ya no existe y que sin embargo se recuerda con una precisión extraña, como los sueños que se quedan contigo días después de haberlos tenido. Es la Norteamérica de las casas bonitas, la de las películas de Frank Capra y las vidas que no son lo que parecen desde fuera.
El misterio que importa
Porter ha reconocido en numerosas ocasiones que escribe sin saber adónde va, que el secreto o el misterio de la historia es lo que le obliga a seguir escribiendo. La vida imaginada tiene la tensión de un thriller sin ninguno de sus recursos artificiales. No hay giros calculados. Hay revelaciones que llegan como llegan en la vida real: de manera oblicua, a medias, en medio de otra conversación sobre otra cosa.
'La vida imaginada' tiene la tensión de un thriller sin ninguno de sus recursos artificiales
Cada persona que Steven entrevista le devuelve una versión diferente de su padre. Y con cada versión, la imagen del hombre que creía conocer se complica un poco más. Ese es el verdadero motor del libro: no averiguar qué pasó, sino descubrir que la pregunta correcta nunca fue esa. La pregunta correcta es si podemos conocer a alguien de verdad. Y si la respuesta nos cambia por dentro cuando llega demasiado tarde.
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