
Alicia Giménez Bartlett
Editorial: Destino
Año de publicación original: 2026
Son solo dos palabras: "Sigo enfadada." Así resume Alicia Giménez Bartlett —desde Almansa y su activismo en aquel revolucionario mayo del 68— que los setenta y cinco años de vida que recorren su piel no han ido exactamente hacia donde ella esperaba. Y con ese cabreo es con el que ha escrito Bajo el cielo infernal. No es un eslogan. Es una declaración de intenciones. Y vaya si se nota.
Una amiga que no envejece bien
Petra Delicado cumple treinta años en las librerías. Desde que en 1996 apareció en Ritos de muerte como la primera inspectora de policía de la novela negra española, ha sobrevivido a quince novelas, un par de series de televisión —una española y una italiana— y dos millones de lectores en todo el mundo. Eso, en cualquier otro escritor, habría convertido a su personaje en alguien amable, tranquilo, satisfecho. Giménez Bartlett ha hecho exactamente lo contrario.
La Petra de 'Bajo el cielo infernal' está de luto. Su marido acaba de morir. Y está más borde que nunca
La Petra de Bajo el cielo infernal está de luto. Su marido acaba de morir. Y está más borde que nunca. Giménez Bartlett no lo oculta: el fallecimiento de su propio marido ocurrió mientras escribía este libro. "Pensé que me convenía escribir algo así", ha explicado en varias entrevistas recientes. "Pensé que me ayudaría. No ha sido grato y a veces ha sido duro, pero pensé que no había otra salida".
El resultado es una novela que funciona como thriller y como duelo en igual medida. Dos géneros que comparten más de lo que parece: los dos tratan de encontrar respuestas donde solo hay preguntas.
Un jesuita alcohólico
El caso que le toca investigar a Petra esta vez es tan incómodo como ella. Lorenzo Santos aparece muerto a navajazos. Es un sacerdote jesuita dedicado a la rehabilitación de jóvenes con problemas en La Mina, uno de los barrios más estigmatizados del área metropolitana de Barcelona. La autopsia revela un detalle que nadie esperaba: el cura era alcohólico. Y ahí empieza todo.
La autopsia revela un detalle que nadie esperaba: el cura era alcohólico. Y ahí empieza todo
Giménez Bartlett eligió La Mina después de consultar a sus asesores policiales habituales. Necesitaba un barrio donde aún hubiera conflictos relacionados con la droga y donde existiera lo que ella llama "una cierta omertà": gente que no habla porque teme meterse en un lío, pero también porque no quiere contribuir a estigmatizar todavía más el lugar donde vive. Esa tensión, la de la comunidad que protege y calla al mismo tiempo, es el verdadero motor de la investigación.
La Iglesia: escenario y espejo
Lo que Giménez Bartlett hace con la Iglesia en esta novela no es una crítica fácil. Es algo más complicado y más interesante. "De la Iglesia me llama la atención todo", ha dicho. "Desde la liturgia, que es maravillosa, hasta su capacidad para sobrevivir en el tiempo. También la enorme diferencia entre unos curas y otros: desde algunos que son unos fascistones hasta otros que se entregan en cuerpo y alma a su comunidad".
Fermín Garzón, el subinspector que lleva treinta años siendo el ancla de Petra, vuelve también. Y Giménez Bartlett confiesa algo que pocos autores admiten: "Garzón incluso me cae bastante mejor que Petra. A veces ella es un poco excesiva." Que la creadora de un personaje reconozca que le cae mejor el secundario dice mucho sobre la honestidad con la que escribe.
Sigue enfadada
Bajo el cielo infernal es la novela de alguien que esperaba un mundo diferente y que no ha dejado de reclamarlo. "Yo soy de mayo del 68 y esto no es lo que esperábamos", dice. La explosión de la extrema derecha, las mujeres jóvenes ilusionadísimas con casarse de blanco... La rabia de Petra es la suya. Y es legítima. Treinta años, quince novelas, dos millones de lectores. Y sigue enfadada. Si sigue escribiendo novelas tan adictivas como esta, no hay mal que por bien no venga.
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