Santiago Roncagliolo

Editorial: Seix Barral

Año de publicación original: 2026

El día que salió la última fumata blanca del Vaticano y el nuevo papa saludó en español a "su querida diócesis de Chiclayo", Santiago Roncagliolo supo que tenía una historia que contar. Y no porque conociera a Robert Prevost.

"Me impactó descubrir que uno podía sufrir abusos sin darse cuenta. No te puedes defender del mal si no sabes que lo padeces"

Sino porque conocía Perú, conocía el Sodalicio de Vida Cristiana y sabía perfectamente lo que ese nombre significaba: décadas de abusos sexuales, psicológicos y económicos cometidos por sacerdotes contra niños y comunidades pobres, protegidos durante años por el silencio de una institución que prefería mirar hacia otro lado o, directamente, no mirar en absoluto.

Lo que Roncagliolo no sabía entonces es que escribir ese libro iba a obligarle a mirarse también a sí mismo y desenterrar cosas que llevan tiempo arrinconadas esperando su momento para volver a salir.

Rebuscando en el pasado

"Los momentos de hablar del maltrato fueron momentos de volver a cosas a las que no habría querido volver, pero a las que había que volver", ha contado Roncagliolo en entrevistas recientes. Escribir este libro le obligó a enfrentarse a algo que llevaba años sin querer mirar de frente: el Sodalicio de Vida Cristiana había operado durante décadas muy cerca de él, entre gente que conocía, y el horror había ocurrido en silencio mientras todos miraban hacia otro lado.

"Me sorprendió cómo esto podía haber ocurrido durante muchos años, muy cerca de mis narices, y nadie había hecho nada"

"Me sorprendió cómo esto podía haber ocurrido durante muchos años y contra mucha gente, muy cerca de mis narices, y nadie había hecho nada", ha explicado. "¿Cómo el horror podía ocurrir ahí al lado de todos, sin que nadie se atreviera ni siquiera a nombrarlo?"

Esa pregunta, que es también una forma de culpa colectiva, atraviesa todo el libro. Roncagliolo no se coloca fuera del problema. Se sitúa dentro, como parte de una generación y una sociedad que normalizó el silencio alrededor de lo que hacía el Sodalicio. Y eso, en un libro sobre el hombre que decidió no callarse, tiene un peso particular.

El misionero que no creaba guerras

Robert Prevost pasó décadas en Perú como misionero agustino antes de que Francisco lo llamara al Vaticano. Era, en el argot eclesiástico, un perfil bajo. Nadie lo conocía fuera de los círculos religiosos peruanos. Pero dentro de esos círculos había hecho algo que pocos en su posición habían tenido el valor de hacer: apoyar en silencio a los periodistas que investigaban los abusos del Sodalicio, facilitarles información, respaldar a las víctimas en lugar de proteger a la institución. Todo ello sin aspavientos, sin declaraciones públicas, sin crear lo que Roncagliolo llama "una guerra".

"Esto es lo que terminó haciendo que Francisco lo llevase al Vaticano y lo promoviese como un posible sucesor perfecto", explica el autor. Un hombre capaz de limpiar sin ensuciar más. De enfrentarse a lo oscuro sin convertirse en mártir ni en verdugo. En la Iglesia de 2025, eso era una rareza suficiente como para llegar al solio pontificio.

Lo mejor y lo peor en el mismo edificio

Lo que distingue a El pastor y los lobos de otros libros sobre el poder vaticano es que Roncagliolo no llega con la tesis hecha. "Para mí este es un libro sobre el bien y el mal", ha dicho, "porque la gente que he visto en la investigación es lo mejor y lo peor de los seres humanos, y están en conflicto dentro de la Iglesia como lo están en el mundo." Sacerdotes que lo dejaron todo para servir a los más pobres. Y sacerdotes que usaron esa misma proximidad con los pobres para abusar de ellos. En el mismo edificio, a veces en el mismo pasillo.

El libro reconstruye también la fractura interna de la Iglesia tras la muerte de Francisco: dos bandos, dos teologías

El libro reconstruye también la fractura interna de la Iglesia tras la muerte de Francisco: dos bandos, dos teologías, quizás dos dioses. Uno que vive en la tradición y en los templos. Otro que se manifiesta en los pobres y en los que sufren. Y un cónclave que se resolvió en apenas dos días con la elección del primer papa estadounidense de la historia, un hombre que había pasado más tiempo en las provincias pobres de Sudamérica que en los despachos romanos.

Preguntas sin responder

Roncagliolo es honesto. Lo que León XIV hizo en Perú está documentado y es real. Lo que León XIV hará desde el Vaticano es, todavía, una incógnita. Desde su elección en mayo de 2025, las palabras han sido las esperadas: por ejemplo, en su reciente visita a España pidió a la jerarquía católica "transparencia y reparación para las víctimas". Pero, precisamente, las víctimas no están satisfechas y lo dicen sin rodeos: el discurso de tolerancia cero es "una cortina de humo para seguir encubriendo y ocultando".

Las víctimas no están satisfechas. El discurso de tolerancia cero es "una cortina de humo para seguir encubriendo y ocultando"

El libro no puede responder a la gran pregunta porque nadie puede todavía. Lo que sí hace Roncagliolo es dejarnos con una duda capital. Un hombre que demostró tener el valor de enfrentarse a los lobos cuando era un misionero desconocido en Perú, ¿conseguirá no convertirse en uno de ellos ahora que tiene el poder para hacerlo?

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