Nos citamos con Espido Freireen el Museo del Ferrocarril de Madrid para hablar de dos de sus pasiones: los trenes y los viajes. Aunque bien pensado, lo segundo es consecuencia de lo primero o lo primero es ya parte de lo segundo, por lo que trenes y viajes vendrían a ser la misma cosa.
Sus primeros viajes en tren, como los de tantos otros, fueron en esos trenes de Cercanías blancos rotulados en rojo que unen los extrarradios de las grandes ciudades de España. En aquellos trenes que la traerían de un lado a otro de Bilbao nacería una forma de entender la vida.
Dejarse llevar
"Viajar en tren tiene la dimensión real del viaje", responde cuando le preguntamos por qué prefiere este medio de transporte a otros, como confiesa en Guía de lugares que ya no existen, el ensayo que acaba de publicar en el que repasa algunos de los sitios que han marcado de una u otra forma su vida. "A diferencia del avión, que te teletransporta, o el coche, que te exige un esfuerzo, en el tren solo tienes que sentarse y ver cómo el paisaje pasa", concluye.
Siempre he tenido la sensación de no pertenecer al lugar donde nací
Confiesa que ya de niña estuvo marcada por los viajes. Sus padres no eran de Bilbao y algunos de sus familiares emigraron a América, una pulsión viajera que ella misma heredó de alguna forma. "Siempre me he tenido la sensación de no pertenecer al lugar donde nací", asegura. Será por eso que se ha pasado la vida viajando por placer y por trabajo, para documentarse para escribir y por sus viajes organizados a destinos literarios, con los que lleva a lectores a conocer los escenarios naturales que inspiraron a Jane Austen o a las hermanas Brontë.

Sentados en la cafetería de un precioso tren original de los años 30, con su decoración en madera y sus lámparas de tulipas rojas, hablamos sobre esta especial guía de viajes con la que, invitándonos a viajar por lugares, nos está invitando en realidad a conocerla un poco mejor. Nos sentamos en una mesa preparada para nosotros en la que alguien con mucho tacto ha colocado un ejemplar de Cumbres borrascosas, uno de los libros que cita Freire en su ensayo. Un detalle que no pasa inadvertido a la escritora.
Viajar para vivir
Descubrimos que hay lugares que solo son nuestros y a los que aunque volviéramos físicamente, sería imposible volver a ver de la misma manera, como la "casa de la infancia, la casa de los abuelos, ese rinconcito o ese parque que se ha llevado el tiempo".
"Conocer el lugar al que viajamos nos priva de la sorpresa"
Otros, que ya no son para nadie, "son lugares que pasaron por una tragedia natural", cuenta en referencia al Bilbao que una riada arrasó en agosto de 1983, que inspiró a Dolores Redondo su Esperando al diluvio, o "lugares que han sufrido una guerra y han quedado arrasados" como esa Siria que conoció antes de la guerra y a la que hoy sería imposible volver.
Algunos lugares solo pertenecen a la imaginación del escritor y los hay que ya los conocemos sin haberlos pisado. El progreso, tan necesario, también nos ha robado cierta improvisación. Hoy es difícil sorprenderse cuando viajamos. "Ya conocemos los sitios a los que viajamos", asegura Espido Freire, "eso nos da un viaje muy masticado, pero nos priva de la sorpresa".
Espido Freire, la que en su momento fue la escritora más joven en ganar el Premio Planetagracias a sus Melocotones helados, se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto y desde entonces es pasión lo que siente por Jane Austen. Ha publicado varios libros en torno a la autora británica, tan de moda siempre gracias al esfuerzo de su familia, y organiza cada tanto visitas a Bath, la localidad inglesa en la que vivió y que los nazis trataron de destruir.
"En el Orient Express aprendí a disfrutar el viaje, no solo aprender"
Nos descubre también aquella Noruega en la que aprendió a vivir a otro ritmo "y a convivir con la luz y con el sol y con la oscuridad con la noche de una forma completamente diferente a la que yo tenía en España" o ese viaje en el Orient Express en el que Agatha Christie basó una de sus más conocidas intrigas que la enseño a dejarse llevar. "Recordé cuando ya había acabado el viaje, cuando ya me encontraba en la estación en París, que había que disfrutar y no solamente que aprender".
Espido Freire propone el plan en este ensayo ganador del XX Premio Eurostars Hoteles de Narrativa de Viajes que "aunque no es complicado, espero que lleve al lector a lugares complicados". El trayecto es cosa suya. Y usted, ¿adónde quiere viajar?
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