Asturias, con su clima, su sidra y sus gaitas, con su naturaleza, su exquisita gastronomía y sus mitológicas leyendas, acoge verdaderas joyas urbanísticas que han sido testigos de la historia de todo un país. La mayoría de ellas pertenecen aún a descendientes de aquellos que las ordenaron construir, pero existen algunas que por suerte podemos disfrutar en forma de hoteles. Sus paredes desprenden sensaciones que nos trasladan a otra época e inevitablemente nos llevan a pensar en sus orígenes y en las vidas, sueños y batallas que han contemplado sus paredes. Es el caso del Hotel Palacete Peñalba, un alojamiento único situado en la localidad de Castropol, en Figueras. Su historia se remonta a finales del siglo XIX, época en la que Wenceslao García –un asturiano que se embarcó para hacer fortuna en Sudamérica- y su esposa Socorro Granda, deciden trasladarse a Madrid tras vivir una temporada en Buenos Aires. Ella, tras quedarse viuda, ordenó la construcción de una residencia de verano en su tierra natal, un palacete idílico construido a capricho en 1912. El encargado de levantarlo fue Ýngel Arbex, uno de los discípulos de Antonio Gaudí, quien no escatimó en ornamentos vegetales para completar el estilo art nouveau del palacete. Años después, Avelino y su esposa Josefina decidieron adquirir la propiedad y  convertirla en lo que hoy es el Hotel Palacete Peñalba –conocido antiguamente como “el chalet de Doña Socorro”-. El edificio tiene torres circulares con terrazas desde las cuales se tiene una increíble vista de la ría del Eo, además de dos acogedores porches que invitan a conocer su interior. Le rodean unos jardines de gran extensión que fueron diseñados por el entonces jardinero de la Casa Real, en ellos predominan los árboles centenarios y algunas plantas traídas desde América. Cuenta con 20 habitaciones, todas ellas espaciosas, íntimas, elegantes y dignas de cualquier palacete colonial. Su decoración combina el estilo clásico con una inspiración modernista, además de muebles y elementos textiles que son verdaderos tesoros. El Hotel Palacete Peñalba ofrece un trato exquisito y un gran abanico de actividades que realizar por la zona, donde se encuentran las hermosas playas de Penarronda y Arnao. Un alojamiento singular desde el cual es posible soñar en otro siglo e imaginar, por un instante, que este maravilloso palacete es en realidad nuestra segunda residencia.