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NUEVO PROGRAMA DE ENVIADO ESPECIAL

Cómo la apuesta por la educación de un país puede ayudarle a evolucionar tecnológicamente

Educación y tecnología es un binomio que va de la mano y algunos gobiernos cada vez se están dando más cuenta de que es importante invertir en una educación de calidad si quieren ser un país tecnológicamente puntero. En el programa de Enviado Especial de esta semana, Jalis de la Serna viaja hasta Singapur, uno de esos lugares dónde lo han entendido a la perfección.

La educacion abierta en la Union Europea avanza a paso lento

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El último informe PISA, el que evalúa la educación en el mundo, arrojaba un resultado bien claro: Singapur daba un repaso a todos los demás países, ganando en todas las competencias analizadas, como Ciencia, Comprensión Lectora y Matemáticas. Por detrás quedaban economías tan boyantes como Japón, Canadá, Estados Unidos o Alemania.

Sin embargo, si comparamos los datos PISA con los ofrecidos por la OCDE en su estudio sobre lo que invierten los países en I+D, vemos que algo no coincide. En este análisis de la OCDE, se determina que los cinco primeros en la clasificación, en términos de gasto absoluto en I+D, son grandes potencias económicas como Estados Unidos, China, Japón, Alemania y la República de Corea. En China, por ejemplo se alcanza “un asombroso promedio de 18,3% de crecimiento anual del gasto en I+D, en comparación con la media del 1,4% de los demás países de ingresos medios-altos, según los datos del Instituto, aunque sólo representa el 2% de su PIB, unos 369.000 millones de dólares”, según la OCDE.

Entonces, ¿cuál es el secreto para que un país pueda evolucionar tecnológicamente gracias a su sistema educativo?

Las claves, en este sentido, parecen sencillas cuando están expuestas sobre un papel, aunque muy pocos países las llevan a cabo después. Los que lo consiguen, claro, obtienen el beneficio de ser países punteros y que, a medio y largo plazo, sacarán beneficio de esa inversión realizada en educación. Veamos algunos ejemplos de cómo se podría mejorar:

1.- Formación del profesorado

El principal problema actual del profesorado es la falta de motivación debido, sobre todo, a salarios que no van acordes con el trabajo que tienen que realizar y a extenuantes jornadas laborales tanto dentro como fuera de las clases.

En los países más avanzados y que aparecen en las primeras posiciones, los profesores son una profesión altamente valorada por la sociedad y con altas posibilidades de seguir promocionando en sus puestos, lo que les hace trabajar motivados y transmitir esa motivación a sus alumnos.

2.- Modelos educativos pioneros

Otra de las claves pasa por modelos educativos que se salen fuera de lo común. En nuestro país, por ejemplo, estamos acostumbrados a que, de toda la vida, se han dado las clases de una manera meramente teórica sin apenas tocar la práctica para nada.

Ahora, por suerte, esto está cambiando, aunque aún estamos lejos de otros países punteros y se empieza a dar más importancia a las tareas prácticas que ayudan a los alumnos a aprender más y mejor.

3.- Tecnologías punteras

Por último, si queremos que nuestras próximas generaciones estén a la vanguardia en tecnología hay trabajar con ellos desde el minuto cero con las últimas tecnologías. En países como Singapur, por ejemplo, los libros han dejado su lugar a las tablets y los “encerados” a las pizarras electrónicas. Además, hay talleres y asignaturas de robótica o desarrollo de hardware y software. En la educación primaria y secundaria, sí.

De este modo, si el resto de países quieren alcanzar este tipo de educación lo primero que deben hacer, y volvemos a los informes de la OCDE y PISA, es invertir en I+D y asignar presupuestos reales y que apuesten fuerte por la educación del futuro.

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