Un equipo de científicos de la Universidad de Brown (EEUU) ha publicado un artículo en el que explica, como si de un video-tutorial de internet se tratara, los pasos para construir un cerebro en miniatura. Aunque pueda parecer una receta al estilo Doctor Frankenstein, esta guía es de suma utilidad para la comunidad científica, pues estos mini cerebros sirven para probar el efecto de nuevos fármacos, hacer pruebas de trasplantes de órganos o estudiar el funcionamiento de las células madre, entre otras muchas aplicaciones.

Estas pequeñas pelotas de masa cerebral no piensan, pero emiten señales eléctricas y pueden formar sus propias conexiones neuronales, también llamadas sinapsis, convirtiéndolas en un banco de pruebas ideal para la investigación en neurociencias, han señalado los científicos.

"Los materiales son fáciles de conseguir y los mini-cerebros son fáciles de hacer", explica Yu-Ting Dingle, uno de los autores principales. ¿Más ventajas? Pues resulta que estos mini cerebros son, también, muy baratos. Además de los costes fijos asociados, la producción de cada una de estas pelotitas apenas supera los 0,25 dólares.

Para fabricarlas, tan solo se necesita una pequeña muestra de tejido vivo de ratones. Después se aíslan y concentran las células deseadas mediante centrifugación, y esta muestra refinada se siembra en un molde esférico de agarosa. Las esferas de tejido cerebral comienzan a formarse el mismo día después, y en el plazo de entre dos y tres semanas se forman complejas redes neuronales en tres dimensiones.

El resultado: unos “cerebritos” de menos de un milímetro de diámetro pero con unas propiedades que dan mucho juego en el laboratorio: contienen neuronas inhibidoras y activadoras, células gliales y conexiones sinápticas que les permiten forman redes complejas en 3D. Incluso son capaces de formar su propia matriz extracelular. Su densidad, de unos pocos cientos de miles de células por metro cúbico, es similar a la de un cerebro normal de ratón, y estos tejidos tienen una vida media mínima de un mes.

Obviamente, estos cerebros en miniatura no tienen todas las “funcionalidades” de un cerebro normal, con su sistema nervioso central, pero poseen la ventaja de ser sencillos de fabricar y con materiales igualmente fáciles de conseguir.

“Se trata de una buena alternativa a los modelos in vitro, que además podría reducir el uso de animales de experimentación”, ha explicado Molly Boutin, otro de los autores de este curioso trabajo que se publica en la revista científica Tissue Engineering.