El incendio que se desencadenó el 17 de agosto y que sigue activo en el Parque Nacional de Yosemite, al que cada año acuden más de cuatro millones de visitantes, ha hecho de nuevo protagonistas a las secuoyas gigantes, especie estrella del paque californiano. Se trata de unos espectaculares árboles milenarios considerados entre los más viejos y grandes del mundo, que pueden superar los 120 metros de altura.

Se da la circunstancia de que, hasta este incendio, el tercero más importante de California, estos árboles tan especiales habían visto recuperarse en los últimos años una costumbre de la antigüedad: la quema controlada a su alrededor que ha alimentado la leyenda de que toleran el fuego mejor que otras especies arbóreas.

Al margen de las tormentas eléctricas, muy frecuentes en esta zona de California, los gestores recuperaron hace unos 40 años los incendios selectivos que acostumbraban a hacer los indios americanos para favorecer el crecimiento de algunas plantas y garantizarse así alimento y medicinas, y que habían sido paralizados con la creación del parque.

Eso que a algunos podría llamar la atención -prender fuego al bosque- tiene justificaciones: abrir espacio, regenerar el suelo y dejar germinar nuevas secuoyas.

Pero no es que estos árboles tengan un traje ignífugo que las haga especialmente resistentes a los incendios. “No hay ninguna especie de plantas que ame el fuego porque representa un riesgo de ser destruida, otra cosa es que hayan encontrado estrategias para sobrevivir”, resume el botánico Bernabé Moya, director del departamento de Árboles Monumentales de Valencia, organismo público encargado de la conservación de los árboles más viejos de España.

Sin duda, para esa resistencia contra el fuego de estos gigantes de los bosques ha ayudado su gruesa corteza, endurecida durante cientos de años y que puede llegar hasta 50 centímetros de grosor en algunos casos.

De hecho, su longevidad ha alimentado la idea de que las secuoyas son especialmente resistentes al fuego, pero esto sólo se cumple en los ejemplares más viejos, grandes y altos de Yosemite, que no superarían los 250 ejemplares, supervivientes de la industria maderera que taló el 95% de las que había para levantar cercas para el ganado. Y estas verían parte de su madera vulnerable al fuego por las heridas que el tiempo ha abierto en su corteza, algunas tan grandes que son puertas de paso para los visitantes.

Así las cosas, aunque gozan de cierta resistencia, las secuoyas no son ni mucho menos inmunes a la amenaza.  Hasta el sábado las llamas habían arrasado 99.694 hectáreas y avanzan hacia los enclaves de Mariposa, Tuolumne y Merced, los tres bosques de secuoyas gigantes del parque.

"Todas las especies de plantas y árboles de Yosemite son importantes, pero las secuoyas gigantes son increíblemente importantes por lo que son y como símbolo de la red de Parques Nacionales", ha comentado el portavoz del parque Scott Gediman a Usa Today, en referencia a la herencia del presidente Abraham Lincoln, que en 1864 creó con Yosemite el primer parque nacional en Estados Unidos.

Los responsables han rebajado la creciente alarma sobre la amenaza del incendio para estos preciados testigos de la historia de la botánica por su larga relación con el fuego. "Estos árboles son muy viejos y no es el primer incendio que han vivido", ha comentado el director del parque, Jonathan Jarvis, a la agencia Reuters. Inmunes no, pero resistentes y experimentados sí.