Que si con la edad ya no te sienta igual, que si 'te dieron garrafón' o que si 'tenías que haber cenado algo': todo son simples excusas que te pones al día siguiente de irte de fiesta, esa abominable y perdida jornada en la que no eres capaz de hacer nada porque los litros del alcohol que te bebiste te han destrozado el estómago y parecen haber aniquilado a la mitad de las neuronas que creías seguían activas en tu cerebro.

Hay cantidad de remedios naturales para paliar los efectos de la resaca y acabar con ese malestar estomacal y craneal que te hace sufrir uno de los peores días de tu vida. Fenomenal, pero, ¿y si pudieses ponerle remedio antes -o mejor- durante la ingesta de alcohol? Y no hablamos de una pastilla mágica o de mezclar en tu vaso sustancias químicas que eliminen los restos nocivos: es tan sencillo como seguir estos tres pasos, además de un cuarto consejo adicional. A la mañana siguiente notarás la diferencia.

Ponme una, pero en el vaso adecuado

Se han acabado los días de beber de un mini, catxi, maceta o como sea que lo llaméis en tu zona. De hecho, puede que hayas notado que tus borracheras son algo menores que por aquel entonces…

No, no es que ahora asimiles mejor el alcohol que en tus años mozos. Resulta que el recipiente del que bebemos influye mucho más de lo que pensábamos en cómo digerimos el líquido, e incluso puede ayudarnos a reducir la resaca.

Según un reciente estudio realizado en la Universidad de Bristol, las personas que beben de un vaso estrecho en lugar de usar uno curvado o de balón, beben una media de 1,2 minutos más lentos. Cuanto más rápido bebemos, a más velocidad lo absorbe nuestro cuerpo y, en consecuencia, peor es su capacidad de reacción para poder metabolizarlo adecuadamente.

Los investigadores aseguraron que al utilizar vasos largos y finos nuestro cerebro cree que estamos ralentizando el ritmo y, aunque bebamos la misma cantidad que el resto de comensales, el hígado podría padecer mucho menos los litros de alcohol que corren por tus venas de manera repentina.

Primera ronda: un Bloody Mary

Como auténticas profetas, Las Kétchup ya nos advirtieron allá por 2007 que empezásemos a pedirnos "un Bloddy Mary, por favor". Ya seas de vino, cerveza o cubatas, lo cierto es que tomarte uno de estos sabrosos combinados antes de empezar a beber como si no hubiese un mañana es una muy buena estrategia para no arrepentirte al día siguiente de nada (al menos no en lo relacionado con la cantidad de alcohol que ingieras).

Tanto el apio como los tomates que contiene la fórmula mágica están formados por un 95% de agua, por lo que nos proporcionan una dosis extra de hidratación antes de empezar a quedarnos lentamente sin una gota de agua. Por si te lo estás preguntando, sí: beberte un litro de agua antes de lanzarte a las cañas también funcionará, pero de eso las hermanas Muñoz no nos lo advirtieron. Podemos culparlas.

El hielo: un refrescante aliado

Si eres de alcoholes fuertes combinados con refrescos, o cuando llega el calor te dejas llevar por el atractivo tinto de verano, estás de enhorabuena: poniendo una buena cantidad de hielo y dejando que se derritan a ritmo adecuado –sin que acabes tomándote un caldo de pollo sin el mismo– ayudarás a que el nivel de deshidratación no llegue de golpe y tu cuerpo pueda regular adecuadamente los niveles de energía que necesita para afrontar tu borrachera.

Si eres de los aficionados al vino o a la cerveza, lo sentimos: seguro que no querrás estropear tus preciados líquidos echándoles un hielo. Al menos sí pueden -igual que deberíamos hacer todos- comer algo: deja que empape el alcohol.