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UNO DE CADA CINCO HOMBRES ES INFIEL

Oxitocina, la hormona que puede evitar una infidelidad (o provocarla)

La oxitocina se activa en el sistema de recompensa del cerebro propiciando un vínculo sentimental más estrecho con la pareja. Cuando está en niveles más bajos es cuando se tiende a la infidelidad

Oxitocina

Pixabay Oxitocina

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La oxitocina está considerada como la ‘hormona del amor’ liberándose una gran cantidad de ésta durante momentos de euforia, el orgasmo, el parto e incluso a través de la leche materna.

Esto hace que esté estrechamente relacionada con los patrones afectivos de todos los individuos y, según el nivel de oxitocina, se pueda tener un vínculo paterno o materno-filial más estrecho, una relación sentimental más profunda e incluso, en niveles bajos, provocar la desidia en algunos hombres respecto a su pareja, lo que puede llevar a que éste sea infiel más fácilmente.

Salvo casos excepcionales, por naturaleza las mujeres liberan más cantidad de oxitocina, de ahí que, en su mayoría, ellas suelan ser más tiernas y amorosas con el entorno y las personas que les rodean. Evidentemente este es un análisis muy generalizado y cada ser humano –ya sea del género masculino o femenino- reaccionará diferente ante unos estímulos y sentimientos enviados desde el cerebro.

Pero si nos centramos en esa generalización de individuos podremos encontrarnos con estudios que indican que cuanto más alto es el nivel de oxitocina en un hombre, su deseo sexual hacia su pareja es mayor y, sin embargo, cuando se encuentra en niveles más bajos éste no llega a percibir el atractivo de su pareja –que tiempo atrás tanto le cautivaba- y tiende a buscar recambios temporales en forma de infidelidades esporádicas.

Un grupo de investigadores provenientes de varias universidades –entre ellas las alemanas de Bonn y Ruhr o la china de Chengdu-, realizaron conjuntamente una serie de estudios que contaron con la participación de cuarenta voluntarios masculinos heterosexuales con la intención de comprobar el comportamiento ‘fiel’ de éstos hacia sus parejas –todos ellos con relaciones estables-.

El experimento se realizó en varias fases. En la primera se les mostró una serie de fotografías de varias mujeres, entre las que se encontraban sus parejas y se fueron registrando todos sus impulsos cerebrales e intensidad emocional. De este modo podrían saber el nivel de atracción que cada uno sentía hacia sus compañeras sentimentales, muy determinante para la siguiente fase del estudio.

A continuación se les proporcionó a la mitad de ellos, a través de un inhalador nasal, un aporte extra de oxitocina – al resto se les dio placebo- y un nuevo pase de fotografías.

Quienes inhalaron la hormona se mantuvieron más tiernos y amorosos ante la visión de la imagen de su pareja y la mayoría de ellos no miraron de una forma especial o libidinosa las fotos de otras mujeres -evidentemente, dentro de los límites ‘normales’ en los que un hombre puede mirar la imagen de otra mujer, y más siendo imágenes de féminas atractivas-.

Todo lo contrario pasó con aquellos individuos a los que en la primera prueba se les notó unos niveles más bajos de oxitocina y a través del inhalador se les proporcionó un compuesto placebo que no contenía rastro alguno de la hormona.

A éstos se les detectaron importantes cambios en la segunda prueba, donde las respuestas neuronales ante la visión de fotografías de mujeres que no eran las suyas revelaban un mayor interés.

Otra fase del estudio consistió también en el visionado de imágenes de personas de ambos sexos muy próximas a los voluntarios –padres, madres, hermanos, amistades, compañeros de trabajo-. De este modo se podía determinar que las respuestas neuronales dadas en los primeros experimentos sólo las tenían con personas que no eran sus parejas ni de su entorno.

Con dicho experimento, el equipo dirigido por Dirk Scheele, experto en psicología cognitiva de la Universidad de Bonn, determinó que la oxitocina, al ser activada en el sistema de recompensa del cerebro -responsable de liberar neurotransmisores responsables de sensaciones placenteras-, mantiene un vínculo sentimental más estrecho entre personas afines –en este caso la pareja-, lo cual ayuda a la monogamia. Por tanto, aquellos hombres con mayores niveles de esta hormona se mantienen fieles a sus parejas.

Indirectamente, el estudio del doctor Scheele ayudó a conocer más a fondo otros aspectos relacionados con el mundo de las relaciones sentimentales y lo que se siente cuando éstas se rompen o se descubre una infidelidad. Esta decepción provoca que el nivel de oxitocina de la otra parte de la pareja descienda y la falta de secreción de la hormona provoque estados de depresión: el sistema de recompensa del cerebro entra en un estado semejante al del síndrome de abstinencia, de ahí que sean tan dolorosas algunas rupturas sentimentales o al enterarse de la traición de la pareja.

Esto lleva a dar la razón a quienes señalan que ‘el amor es como una droga’, debido a que el mecanismo biológico que produce la oxitocina es similar al que provocan ciertas sustancias estupefacientes en nuestro cerebro.

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