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INTOLERANTES A SEGÚN QUÉ SONIDOS

Misofonía: cuando no soportas los ruidos cotidianos que hacen otras personas

Según indican los expertos, cada vez son más los individuos que tienden a tener actitudes intolerantes con ciertos ruidos que son producidos por las personas que están y conviven a su alrededor.

Misofonía

Craig Sunter en Flickr CC Misofonía

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Hasta hace unos años, los ruidos cotidianos más comunes que nos podían llegar a molestar eran, por ejemplo, el de un taladro -sobre todo los fines de semana y horas de descanso-, el ladrido de un perro que lleva todo el día encerrado en casa, el vecino de arriba moviendo muebles, el volumen alto de la televisión de un piso contiguo, el de las obras en nuestra misma calle…

Incluso hay una serie de característicos sonidos que también pueden llegar ya no solo a molestar sino a crearnos dentera, como son el pasar las uñas por una pizarra o el clásico chirrido que hace un tenedor cuando araña el plato.

Pero la misofonía va mucho más allá de la típica ‘hiperacusia’: consiste en desquiciarse, perder los nervios e incluso tener cuadros de ansiedad tras escuchar una serie de ‘ruiditos cotidianos’ que hacen las personas que están alrededor de quien la padece.

La gama de sonidos que pueden llegar a exasperar a un misófono es muy amplia, pero los más comunes son el sorber con una pajita, mascar chicle, el que produce el teclear en un ordenador, el de las teclas del móvil cuando se escriben mensajes, el carraspeo continuo, el que se produce cuando alguien se sorbe los mocos, el 'click' al abrir y cerrar un bolígrafo con resorte, el sonido de las gotas de agua que caen de un grifo mal cerrado, una respiración profunda, los ronquidos, el chasquido producido cuando alguien se chasca lo dedos, los golpecitos continuos que se hacen con el pie en el suelo o el tamborilear de los dedos sobre alguna superficie. Y eso por citar sólo los más comunes.

Las personas que padecen este ‘Síndrome de Sensibilidad Selectiva al Sonido’, como también es conocido, tienden a irritarse, estar de mal humor, angustiarse, ponerse nerviosas y sufrir estrés tras estar expuestas durante un tiempo a todos esos sonidos que le son tan desagradables.

Pero ya no sólo les ocurre cuando esos ruidos son provocados por desconocidos o en lugares que no son su entorno habitual, sino que va en aumento y la tolerancia es prácticamente nula cuando los ruidos provienen de personas de su entorno más íntimo –familia, amigos, compañeros de trabajo…-.

Fueron los expertos Pawel y Margaret Jastreboff quienes presentaron en el año 2001 sus conclusiones tras varias décadas al estudio del oído. De hecho, es al doctor Pawel Jastreboff a quien debemos mucha de la información y avances que hoy en día tenemos sobre los Tinnitus. El término misofonía, que es el que usaron para acuñar a esta dolencia, significa etimológicamente ‘odio a los sonidos’, y proviene del griego ‘miso’ odio y ‘phonia’ sonidos.

No se ha encontrado una causa psicológica a este odio a los sonidos cotidianos, por lo que como enfermedad no puede encuadrarse dentro de las fobias. Todo parece indicar que su origen es neurológico y que se comienza a padecer en el punto intermedio entre el final de la pubertad y el inicio de la adolescencia, yendo en aumento según se crece.

Cabe destacar que hay que diferenciar entre los individuos que padecen la enfermedad de la misofonía desde hace varios años y como algo patológico -para lo cual acuden a un especialista con el fin de encontrar un tratamiento a su dolencia-, y aquellos que, con los años, se han convertido en intolerantes a cualquier ruido o sonido que los desconcentra y molesta.

Es tal el punto de intolerancia a los sonidos cotidianos de los ‘nuevos misófonos’ que uno de los productos estrella que más se ha vendido en el pasado Black Friday han sido los auriculares con cancelación de ruido. El continuo aumento de personas que aseguran padecer esta patología la ha convertido en una de las ‘nuevas enfermedades’ del siglo XXI.

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