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AVERIGUA QUIÉN ES BELLO Y QUIÉN NO

La fórmula del rostro perfecto

Al rostro perfecto se le pueden poner cifras. El ancho de una cara ideal sería equivalente a dos tercios de su longitud y el de la boca de los más guapos sería 1,618 veces más que la nariz, una cifra que coincide con la divina proporción o número de oro que usó Leonardo Da Vinci en sus dibujos de figuras humanas.

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Una cara con dos tercios la anchura que la longitud, y una boca 1,618 veces tan ancha como la nariz. En los años setenta el cirujano plástico estadounidense Stephen Marquardt se topó con estos datos mientras recopilaba las medidas de los rostros de las estrellas de cine y modelos para encontrar el secreto de la belleza. Con ellas creó una máscara que establece la distancia ideal entre los distintos elementos que componen una cara, y en esa máscara encajan a la perfección los rostros de Michelle Pfeiffer y Charlize Teron, entre otros.

A la búsqueda del rostro perfecto se han lanzado también científicos de Israel que, basándose en la respuesta de un centenar de hombres y mujeres, han desarrollado un software que mide la belleza de una cara. Con una fórmula matemática que contempla 234 medidas, como la distancia entre los labios y la barbilla o la separación entre los ojos, este programa crea una versión teóricamente más atractiva de cualquier cara sin hacer cambios sustanciales que nos impidan reconocer a quién pertenece.

En la Universidad de Toronto han hecho otros cálculos y han llegado a la conclusión de que la clave de un rostro bello reside en la distancia entre los ojos y la que hay entre los ojos y la boca. En concreto, las mujeres que se perciben como más atractivas tienen una separación entre los ojos y la boca del 36% de la longitud de la cara y la separación horizontal entre los ojos mide el 46% de la anchura de su semblante.

Por su parte Anthony Little, de la Universidad de Stirling, ha comprobado que el grado de atractivo facial depende en gran medida de la simetría y del dimorfismo sexual, esto es, cómo de masculina o de femenina es una cara. Según el investigador, ambos rasgos son indicadores de calidad genética y fertilidad. Por lo tanto, hay factores biológicos que explican qué percibimos como una cara bonita.

Sea como fuere, la belleza actúa como una droga sobre nuestras neuronas. Un estudio realizado hace algunos años por Hans Breiter, del Hospital General de Massachusetts eveló que cuando un hombre observa una cara femenina atractiva en una foto se activa la misma zona del cerebro ligada a la adicción a las drogas, el tabaco, la comida o el juego.

El efecto placentero de la belleza lo causa un neurotransmisor, la dopamina, que se genera en una región específica denominada núcleo accumbens. Esta zona cerebral se sobreactiva cuando ingerimos alcohol, lo que explica por qué cuando estamos ebrios percibimos más belleza en los que nos rodean que sobrios, como demostraba hace poco un equipo de investigadores británicos.

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