El sexo cada vez es más fácil. De ir a bares a pillar hemos pasado a cotillear en perfiles online de portales para ligar yendo al grano y, de ahí, a las aplicaciones móviles que permiten saber si hay una posible pareja sexual justo al lado de nosotros dispuesta a no perder el tiempo. Pero conviene no olvidar que el sexo rápido o casual no tiene que estar reñido con tener cuidado de no arruinarnos la salud.

En la última década, en Europa y EEUU se ha vivido un repunte de algunas enfermedades de transmisión sexual que parecían más propias de otras épocas o latitudes, como la sífilis y la gonorrea, que ya infectan a 500 millones de personas cada año. Y, en concreto, en el ámbito de las relaciones homosexuales, esto comienza a ser un problema con la aparición del sexo de app.

Los usuarios de aplicaciones para el sexo tienen un 23% más probabilidades de infectarse con gonorrea y un 35% más de probabilidades de infectarse con clamidia, según un estudio que acaba de publicarse en la revista especializada Sexually Transmitted Infections. El estudio se realizó con más de 7.000 hombres homosexuales o bisexuales que visitaban centros de salud sexual de Los Ángeles.

De entre todos ellos, un tercio (34%) solo buscaba parejas sexuales en persona; una proporción ligeramente menor (30%) buscaba parejas sexuales tanto en persona como en páginas web; y el grupo mayor (36%) incluía en sus búsquedas las aplicaciones diseñadas para los smartphones.

Estas aplicaciones geolocalizadascomo Grindr, Recon, Scruff, A4A o Growlr— permiten al usuario ver si hay algún otro usuario de esa red de contactos sexuales cerca a la que contactar para mantener un encuentro. Grindr, de las más exitosas, cuenta con 10 millones de usuarios en todo el mundo, siendo España el quinto país con más descargas de los 192 en los que está presente.

Los autores del estudio, de la Universidad de California y el Sistema de Salud de EEUU, creen que estas apps para el llamado e-cruising hacen que sea más fácil conseguir una pareja sexual con rapidez, aumentando así las posibilidades de relaciones anónimas de riesgo y por lo tanto de coger una infección de transmisión sexual. Según este trabajo, no había mayor incidencia de infecciones de VIH.

"Los avances tecnológicos que hacen más eficiente dar con parejas sexuales anónimas pueden tener el efecto no deseado de crear redes de individuos en las que los usuarios serían más propensos a tener infecciones de transmisión sexual que otros métodos y redes sociales menos eficientes”, señala el estudio.

"La tecnología redefine el sexo a la carta. Los programas de prevención deben aprender a aprovechar de forma efectiva esta misma tecnología para seguir el ritmo de evolución de los factores de riesgo contemporáneos de infecciones de transmisión sexual y de la transmisión del VIH", concluye el estudio.