UN CHUTE DE ENDORFINAS

UN CHUTE DE ENDORFINAS

La ciencia de las montañas rusas: ¿por qué nos gustan tanto las sensaciones fuertes?

La velocidad y el miedo que sentimos al recorrer tirabuzones imposibles en una montaña rusa producen en el cuerpo una auténtica fiesta química que provoca tanto la aceleración del ritmo cardíaco como sensaciones de placer.

Las emociones fuertes provocan en el cuerpo una respuesta innata al peligro
Las emociones fuertes provocan en el cuerpo una respuesta innata al peligro | Jeremy Thomson I Flickr

Lucía Caballero | @Lulucille_ | Madrid | 27/07/2018

Colas que duran horas bajo un sol abrasador para un viaje que dura tan solo unos minutos. Es el escenario con el que se encuentran muchos de los visitantes estivales de los parques de atracciones cuando quieren subir a una montaña rusa. Y el que están dispuestos a soportar con tal de ponerse boca abajo bucle tras bucle a una velocidad vertiginosa.

Es normal que quienes ven la experiencia como arriesgada, estresante e innecesaria se pregunten qué lleva a esas personas que gritan como locas en el vagón a querer pasar por tal suplicio una y otra vez. Más aún cuando la aventura puede saldarse con algún que otro percance.

Subir a una montaña rusa forma parte de esas actividades que, como hacer ‘puenting’ o tirarse en paracaídas, se asocian a la búsqueda de emociones fuertes. Sin embargo, no es tan fácil saber qué factor es exactamente el que provoca tan alto nivel de excitación en el cuerpo.

El placer de sentir miedo

Si bien podría pensarse que la rapidez es la culpable del subidón, lo cierto es que no todas las personas a las que les gusta la aceleración buscan este resultado. En el caso de los coches, por ejemplo, hay muchos conductores que rebasan los límites de velocidad sin esperar que el corazón les dé un vuelco o que los gritos salgan de su boca sin control.

El verdadero causante de esas sensaciones es el miedo. Ya en los años 80, los científicos comprobaron que las complicadas atracciones producen en el cuerpo humano una reacción de lucha o huida, una reacción fisiológica que se desencadena ante situaciones de ataque y peligro que pueden amenazar la supervivencia.

De esta forma, ante una percepción de peligro, el sistema nervioso de los animales produce una descarga de hormonas y mensajeros químicos que provocan un aumento del ritmo cardiaco y respiratorio, la detención de los procesos digestivos y el incremento de los reflejos y la contracción muscular, entre otros efectos.

Girar a toda velocidad nos produce miedo y estrés | Sarah I Flickr

Pero también es posible experimentar otro tipo de sensaciones después de caer o girar a cientos de kilómetros por hora. En aficionados al ‘puenting’ que llevan poco tiempo practicándolo se ha observado un aumento de los niveles de endorfinas en la sangre y ellos mismos aseguran sentir bienestar y euforia después de saltar. Este tipo de evidencias refrenda la idea de que es posible disfrutar y sentir placer al darse una reacción de lucha o huida en condiciones controladas y seguras.

Asimismo, los estudios demuestran que el cuerpo de estos aventureros segrega grandes cantidades de la hormona cortisol, encargada de producir una respuesta al estrés en el organismo. Aunque pueda parecer que esta reacción choca con las anteriores, causantes de placer, el estrés no siempre tiene efectos negativos.

El endocrino Hans Selye acuñó el término ‘euestrés’ para referirse a la percepción de una situación estresante no como una amenaza, sino como un reto que superar y que va a condicionar una respuesta para lograr este objetivo. Que alguien sea capaz de tener esta visión va a depender de factores como la sensación de control o el lugar y momento en que se produzca la situación estimulante.

El papel de la dopamina

Si bien, como explicábamos, se ha comprobado que el organismo segrega endorfinas después de saltar desde un puente o montar en una montaña rusa, la pasión por este tipo de prácticas no se debe a que los aficionados presenten normalmente unos niveles bajos de estos neurotransmisores.

Sin embargo, otros estudios sugieren que podrían existir diferencias en la química del cerebro que sí podrían condicionar el deseo de vivir emociones fuertes después de analizar las variaciones de dopamina, otro mensajero químico implicado en el circuito de recompensa del cerebro. En uno de estos trabajos, los participantes que presentaban mayores niveles de dopamina también eran los que más subidones buscaban.

Aunque faltan piezas en el puzle, disfrutamos en una montaña rusa debido a un cóctel de factores como la velocidad, el miedo, el afán de superar los retos y la explosión fisiológica que ocurre en el cuerpo. No es perjudicial como las drogas, es legal y relativamente barata así que, ¿por qué no repetir la excitante experiencia una y otra vez?

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