MUCHO MÁS QUE UN JUEGO

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El tres en raya más pequeño del mundo está hecho de ADN

La técnica empleada para reconfigurar el tablero podría utilizarse en un futuro para crear nanomáquinas que se puedan reparar o mejorar después de construidas.

Molécula de ADN
Molécula de ADN | Sinc

Las fichas están hechas de ADN y programadas para comportarse de un determinado modo: por ejemplo, una X que siempre se coloca en el extremo inferior izquierdo o una O que se sitúa en el hueco más a la derecha de la fila central. Las partidas son largas, tanto que la primera ha durado una semana, pero el objetivo no es crear el juego más entretenido del mundo, sino dar un paso importante hacia la creación de sofisticadas nanomáquinas reconfigurables.

Tres en raya en el ADN | Caltech

Los científicos de Caltech que están detrás de este avance ya mostraron el funcionamiento de su origami de ADN, como se conoce la técnica, cuando ‘pintaron’ con teselas de ADN la más pequeña imitación de la famosa Mona Lisa que jamás haya existido. Era un gran hito, pero tenía una limitación, la misma que el propio retrato de Da Vinci: una vez creada la icónica imagen, no era fácil cambiarla.

Así que decidieron buscar algo más dinámico. En primer lugar, probaron con un emoticono sonriente que se convertía en la carita con el ceño fruncido. Eso ya era una estructura de ADN que cambiaba de forma, como el origami en que se inspira, pero quisieron ir más allá. Un tablero microscópico de tres en raya, en el que los jugadores colocasen sus X y sus O introduciendo ‘fichas’ de ADN especiales en la estructura, era un reto mucho más estimulante.

 

En un tubo de ensayo, los investigadores mezclaron la solución que daría lugar a las casillas en blanco. Una vez que el tablero se había autoensamblado, los jugadores fueron añadiendo fichas de X y O a la solución, diseñadas, como hemos dicho, para colocarse en un lugar determinado del tablero, reemplazando las casillas en blanco. Un proceso laborioso para un juego muy sencillo, pero las aplicaciones podrían ser enormes. El objetivo es usar esta técnica para desarrollar nanomáquinas que puedan ser modificadas o reparadas después de construidas.

“Cuando se te pincha una rueda, probablemente la cambias en vez de comprar un coche nuevo. Una reparación manual de ese tipo no es posible con máquinas a escala nanométrica”, explica el líder del estudio. “Pero con este proceso de desplazamiento de piezas que hemos descubierto, se vuelve posible reemplazar y mejorar múltiples partes de nanomáquinas para hacerlas más eficientes y sofisticadas”.

Ciencia en TecnoXplora | @TecnoXplora | Madrid | 28/12/2018

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