Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts han descubierto algo que hasta ahora permanecía en el anonimato: la forma de nuestro paladar influye en la forma de transmisión de la gripe. En concreto, se refieren al velo del paladar, también llamado paladar blando, situado en la parte más posterior.

El sorprendente hallazgo tuvo lugar al tiempo que los científicos examinaban la cepa de la gripe A (H1N1), causante de la pandemia que tuvo lugar en 2009 y que acabó con la vida de más de 250.000 personas. Según el biólogo Ram Sasisekharan, uno de los principales autores del estudio, previamente había sido demostrado que la propagación del virus a través del aire depende de si la hemaglutinina (HA), una glucoproteína antigénica que se sitúa en la superficie del virus de la gripe, puede unirse a un receptor específico en la superficie de las células respiratorias humanas.

Sasisekharan explica que algunos virus de la gripe se unen mejor a receptores de glicano, clasificados como alfa 2-6, que se encuentran principalmente en los seres humanos y otros mamíferos, mientras que otros se adaptan mejor a los receptores alfa 2-3, que se instalan predominantemente en las aves. En su estudio, los investigadores hicieron cuatro mutaciones en la molécula de HA de este virus, lo que hizo más adecuado unirla a receptores alfa 2-3 en lugar de receptores alfa 2-6.

El paladar blando es clave para la propagación de la gripe

Los científicos creían que el virus mutado no se extendería, pero se quedaron fascinados al  comprobar que éste viajaba por el aire exactamente igual que el virus "original". Tras secuenciar el material genético del virus, encontraron que se había sometido a una reversión genética que permitía a su proteína HA unirse tanto a receptores de glicano alfa 2-6, como a los alfa 2-3. "Este experimento es clave para darnos cuenta de que la unión al receptor alfa 2-6 es fundamental para la transmisión de aerosoles", concreta el experto.

A continuación, los autores examinaron el tejido de las diferentes partes de las vías respiratorias, y hallaron que los virus con reversión genética eran más abundantes en el paladar blando. De hecho, tres días después de la infección inicial, el 90% de los virus revertidos se encontraban en esta zona, un fenómeno que no ocurría en el resto de lugares del tracto respiratorio, donde tenía lugar una mezcla de los dos tipos de virus.

Dados los resultados, la tarea que les ocupa ahora a los investigadores es tratar de averiguar cómo se produce esta reversión genética, y por qué sucede casi siempre en el velo del paladar.  “Ahora que hemos confirmado que los virus capaces de unirse a los dos tipos de receptores de glicano (alfa 2-6 y alfa 2-3) pueden propagarse de manera efectiva entre los mamíferos, podríamos utilizar esta información para ayudar a identificar a los responsables de las pandemias”, concluye Sasisekharan.