¿Recuerda la primera vez que soñó con ser ingeniera aeroespacial?

Desde que tengo memoria. Creo que siempre me ha apasionado el espacio. Cuando era pequeña le preguntaba a mis padres, que son científicos ambos, cómo podía dedicarme a eso.

¿Y le animaban a hacerlo?

Por supuesto. Me inculcaron el deseo por aumentar mis conocimientos, por saciar mi curiosidad, en este y en cualquier otro campo.

Hace unos meses fue usted elegida “International Emerging Space Leader” por parte de la Mars Society. ¿Cómo se lo tomó?

Me llevé una gran sorpresa. Imagínate. Fuimos elegidas solo 8 personas de todo el mundo, en base a la trayectoria profesional y académica. ¡Y yo estaba en esa lista!

Ser seleccionada implicó ponerse al frente de una misión simulada a Marte, en el Desierto de Utah. Suena a gran aventura, ¿lo ha sido?

Sin duda. Una aventura genial, de hecho. No todos los días tiene una la oportunidad de participar en una experiencia así, de vivir en aislamiento, y con recursos limitados, o de realizar actividades radicalmente diferentes a las de su día a día. Y encima, como comandante, tenía que ocuparme de la seguridad de la misión, coordinar todo el planning y las actividades de la misión, asegurarme de que se cumplían los objetivos. Todo un desafío.

¿Cómo de importante es el equipo humano en una misión de estas características?

Es esencial. Éramos ocho personas y habíamos hablado por videoconferencia durante casi un año, pero nunca habíamos pasado tiempo juntos. Y a pesar de eso, el equipo funcionó muy bien. Trabajamos duro, pero a la vez supimos cómo disfrutar y tuvimos incluso algún tiempo de ocio, que creo que es importante para la dinámica del equipo y para soportar el aislamiento en un espacio reducido.

En una misión análoga como esta, ¿acaba uno creyéndose que está en Marte?

No del todo, pero casi. Porque tratamos de simular lo más posible una misión espacial real y acabamos metiéndonos en la dinámica. En Utah vivíamos en total aislamiento. Teníamos limitados tanto el agua (no nos pudimos duchar en dos semanas) como la comida, que era enlatada y deshidratada. Y las comunicaciones también, porque solo conectábamos una vez al día con la 'mission control' para mandar los resultados de operaciones y de investigación y recibir la aprobación del plan de la siguiente jornada.

Usábamos un traje espacial simulado. Incluso abríamos y cerrábamos las puertas con los mismos protocolos que usaríamos en el planeta rojo para evitar que se despresurice el módulo. Pero obviamente, estábamos en la Tierra y los desafíos (y nuestro "chip") eran distintos que en Marte.

Después de la aventura, ha vuelto a su trabajo en Canadá, un país al que llegó con una beca de La Caixa y donde se ha quedado a vivir. Trabaja en Euroconsult, una empresa de consultoría internacional especializada en el sector espacial. ¿A qué se dedica?

Siempre digo que el espacio es mi trabajo y también mi pasión, y en el tiempo libre me implico en proyectos relacionados con la exploración espacial, como hice en la misión análoga a Marte. Unas "vacaciones". Pero centrándonos en Euroconsult, me dedico a la consultoría estratégica y análisis de mercado en el ámbito de la exploración espacial.

Y eso me permite conocer de primera mano qué hacen los diferentes actores del sector espacial (organizaciones gubernamentales, agencias espaciales, empresas privadas, inversores...)

Con toda esa información que maneja, ¿qué nos puede decir sobre el futuro inminente de la exploración espacial? ¿Estamos listos para viajar?

Falta aún desarrollo tecnológico. Pero estamos en un momento apasionante. Con respecto a los planes globales actuales, por parte del sector público y privado, es desarrollar una presencia sostenible alrededor de la Luna y en la Luna la próxima década, como paso intermedio a futuras misiones tripuladas a Marte en la década de 2030. Mientras tanto habrá misiones robóticas a diverso planetas y cuerpos planetarios.

¿A la Luna? ¡Pero si hay personas que aún dudan si el hombre fue a la Luna!

Sí (se ríe), se da esa paradoja. A lo mejor esta vez los escépticos se quedan sin argumentos. Porque la idea es volver a la Luna pero crear una presencia sostenible, permanente, nada que ver con la dinámica del programa Apolo. Se pretende nada menos que desarrollar una especie de estación espacial pequeña alrededor de nuestro satélite.

Hay muchos que no consideran prioritaria la exploración de otros planetas. ¿Cómo les convencería?

La exploración planetaria, al igual que en otras áreas de exploración espacial, es clave para aumentar nuestro conocimiento científico acerca del Sistema Solar y del Universo y su historia, esencial también para entender nuestro propio planeta y nuestros orígenes.

Pero es que además fomenta la innovación, crea empleo, desarrolla tecnología que tiene aplicaciones en medicina y en comunicaciones, e incluso fomenta la colaboración internacional entre países y sectores diferentes. Y por encima de todo, es una enorme fuente de inspiración.