Hace más de 4.000 millones de años, mientras el Sistema Solar estaba aún en formación, un enorme objeto estelar del tamaño de Marte golpeó la Tierra. El impacto fue tan violento que los fragmentos desprendidos se fundieron y quedaron parcialmente vaporizados.

Existen dos grandes teorías sobre el nacimiento de la Luna. Una defiende que el satélite es el resultado de la fusión de esas rocas y metales generadas por el fuerte choque. La otra sugiere que emergió de la Tierra cuando nuestro planeta era todavía una ‘synestesia’, es decir, una hirviente nube de roca vaporizada con forma de rosquilla que giraba alrededor de sí misma.

Independientemente de qué hipótesis elijamos para explicar su origen, el satélite y nuestro planeta acabaron enfriándose y pasando a una segunda fase de crecimiento, caracterizado por abundantes impactos de meteoritos. En cada choque, dejaban parte de su material, contribuyendo al aumento de masa y volumen de ambos cuerpos.

No obstante, a pesar de su origen común y de haber seguido un proceso de desarrollo similar, la Tierra y la Luna difieren en muchos factores, como su composición y su aspecto. Unas variaciones que los científicos tratan de explicar.

La composición lunar

La presencia de elementos como el oro, el iridio, el platino y el paladio (los conocidos como siderófilos o afines al hierro) es relativamente escasa en el satélite natural, si la comparamos con su concentración terrestre.

Debido a que estos elementos provienen de los meteoritos, es difícil explicar estas diferencias en la composición, teniendo en cuenta que el bombardeo de meteoritos dio lugar al crecimiento de ambos cuerpos durante cientos de millones de años. Resolver este problema es crucial para averiguar exactamente qué ocurrió mientras la Tierra y la Luna se convertían en los objetos que hoy conocemos.

Los cráteres lunares son consecuencia de choques de meteoritos | NASA

Recientemente, un equipo internacional de científicos ha aportado nuevas pistas. Según reflejan en un estudio publicado en ‘Nature’, han desarrollado una detallada reconstrucción que explica las variaciones en la concentración de elementos siderófilos y arroja luz sobre el proceso de acreción de la Luna.

El efecto de los meteoritos

Los investigadores han modelado los millones de impactos de meteoritos que habrían aportado materiales tanto a la Tierra como a la Luna. Para validar su modelo, compararon el número de choques que predecía con el número de cráteres existentes en la actualidad en la superficie del satélite natural terrestre.

Sus resultados demuestran que, debido al menor tamaño de la Luna y a que algunos de los impactos se habrían producido a un ángulo menor, los meteoritos habrían dejado menos material en el satélite que en nuestro planeta. De ahí algunas de las diferencias de composición entre ambos.

El estudio sugiere que los elementos siderófilos comenzaron a depositarse en la corteza y el manto lunares hace unos 4.350 millones de años, bastante más tarde de lo que se creía. Casi al mismo tiempo que el océano de magma que cubría la Luna se solidificaba. El núcleo férrico fundido del satélite habría engullido los elementos siderófilos que llegaron en impactos anteriores.

Por otro lado, la hipótesis que defiende el surgimiento del satélite a partir de una ‘synestesia’ explica cómo, a pesar de haber heredado la composición de la Tierra, la Luna habría perdido elementos volátiles como el potasio, el sodio y el cobre, relativamente comunes en nuestro planeta.