Los rudistas son un grupo de moluscos extintos que vivieron hace millones de años, durante el Jurásico y el Cretácico. El crecimiento de estos organismos, que formaban colonias similares a los arrecifes, era tan rápido que sus conchas sumaban un anillo diario.

Los fósiles de estos animales sirven hoy como una ventana al pasado para los paleontólogos y aportan información muy valiosa sobre la evolución de nuestro planeta y los seres que lo habitaban.

Gracias al estudio de conchas de una especie rudista del Cretácico (‘Torreites sanchezi’), una reciente investigación ha demostrado que la Tierra rotaba mucho más rápido en la época de los dinosaurios que en el presente. Este giro del planeta sobre sí mismo es el que determina tanto la duración de los días como el número de estos que conforman un año.

Los autores del trabajo han utilizado tecnología láser para cortar finas láminas de las conchas fósiles y contar los anillos de manera muy precisa, más de la lograda con un microscopio. Así, consiguieron determinar el número de días que tenía un año y la duranción de cada uno de ellos hace 70 millones de años.

Por entonces, la Tierra completaba 372 movimientos de rotación anuales, a diferencia de los 365 que realiza hoy en día. Esto significa que cada jornada duraba 23 horas y media y no las 24 horas que podemos contar actualmente. Aunque ya se sabía que los días duraban menos en el pasado, esta es la estimación más precisa hasta la fecha del periodo Cretácico.

Bivalvo rudista del Cretácico | Wikimedia Commons: Wilson44691

Los investigadores han estudiado un ejemplar de ‘Torreites sanchezi’ que vivió durante más de nueve años en el fondo de un mar tropical en el actual Omán. Este tipo de animales cumplían por entonces una función similar a la de los corales en los ecosistemas. El estudio sugiere que estos organismos podrían vivir en simbiosis con otros seres fotosintéticos, como ocurre con las almejas gigantes actuales y las algas.

La influencia de la Luna

Además, los datos obtenidos en el trabajo permiten mejorar los modelos que explican cómo se formó la Luna y cómo de cerca ha estado de la Tierra durante el baile gravitacional que ambas ejecutan desde hace 4.500 millones de años.

La duración de los años ha sido constante durante toda la historia de nuestro planeta, ya que su órbita alrededor del Sol no ha variado. Sin embargo, la duración de los días ha ido aumentando, con lo que el número de días por año ha disminuido.

Las jornadas se han hecho más largas debido a la fricción de las mareas oceánicas, (provocadas por la gravedad de la Luna), que frena a la Tierra en su movimiento de rotación.

La atracción de las mareas acelera un poco la órbita lunar. Por eso, a medida que la velocidad de giro de la Tierra disminuye, su satélite natural se aleja un poco más. Concretamente, se aparta de nosotros unos 3,82 centímetros cada año. Las mediciones con láser han conseguido monitorizar este alejamiento gracias a los reflectores que las misiones del programa Apolo dejaron en la Luna.

Sin embargo, los científicos saben que el satélite no ha podido alejarse a este ritmo durante toda su historia. Si fuera así, los cálculos lo colocan en el interior de la Tierra hace solo 1400 millones de años. Pero se sabe que la Luna lleva mucho más tiempo acompañándonos.

El estudio de los fósiles de rudistas y de otros organismos extintos puede ayudar a los expertos a desvelar nuevos datos sobre la evolución del sistema Tierra-Luna.