Las agencias reguladoras han autorizado la administración de una vacuna infantil contra la COVID-19 para niños entre 5 y 11 años. La campaña de vacunación pediátrica, que empezó en España el 15 de diciembre, no ha estado exenta de polémica: manifestaciones en contra de la vacunación a grito de "los niños solo contagian alegría", por las redes sociales circula información falsa que se ha hecho viral, la desinformación se ha propagado como de costumbre, incluso por parte de algunas personas con formación sanitaria que se han desviado del consenso científico, sembrado dudas y miedos. En todas las profesiones hay irresponsables. Entre la falta de conocimiento científico y lo difícil que resulta para algunos encontrar información fiable y de calidad, hay padres que están indecisos.

Para que una decisión sea libre, debe ser una decisión informada. En este artículo encontrarás todos los datos, las fuentes oficiales y todas las referencias científicas que te ayudarán a saber por qué deberías vacunar a tus hijos contra la COVID-19. También encontrarás mi opinión como científica: vacúnalos.

1. Para protegerlos de la enfermedad grave

La mayoría de los niños que contraen la COVID-19 desarrollan la enfermedad de forma leve y la letalidad es muy baja para ellos: fallecen 2 de cada 100.000 niños infectados con SARS-CoV-2. No obstante, la enfermedad es más grave para los niños inmunocomprometidos o con otras patologías como la obesidad. Las complicaciones derivadas de la enfermedad que más sufren los niños son el síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (SIMP) y el síndrome de la COVID-19 persistente.

La vacuna pediátrica contra la COVID-19 ha demostrado un perfil de eficacia por encima del 90% contra la enfermedad grave. La vacuna ofrece protección frente a las complicaciones derivadas de la COVID-19 que más están afectando a los niños de 5 a 11 años.

2. Para reducir los contagios, sobre todo en niños

El 90% de la población diana de España ha recibido la vacunación completa. El 15 de diciembre comenzó la campaña de vacunación de niños entre 5 y 11 años, que constituyen el 7% de la población española. Como la mayoría de los niños todavía no se han vacunado, la incidencia de la COVID-19 se está cebando especialmente con ellos. La vacunación pediátrica servirá para controlar esta preocupante tendencia.

Hay que recordar que las personas vacunadas contagian, pero menos que las no vacunadas. Esto es así porque las vacunas contra la COVID-19 no son vacunas esterilizantes, es decir, pueden disminuir la probabilidad de contagio, pero no lo evitan completamente. Esto no es algo nuevo o inusual en una vacuna; las del sarampión, la difteria o la varicela tampoco son esterilizantes, aun así han servido para cortar la transmisión y han salvado incontables vidas.

La razón principal por la que se debe vacunar a los niños es para protegerlos a ellos. La vacunación infantil no es para proteger a los adultos, sino para proteger a los niños. Es cierto que indirectamente toda la población se beneficiará de la vacunación infantil. Esto es algo que ocurre con todas las vacunas, que son una forma de protección colectiva. También cuando un adulto se vacuna, además de protegerse a sí mismo, está protegiendo a los demás, también a los niños: ayuda a cortar las vías de transmisión, sirve de escudo protector para las personas inmunocomprometidas, frena la aparición de nuevas variantes del virus, etc.

Por todo esto, la vacunación infantil se recomienda especialmente en niños de riesgo (inmunocomprometidos, con obesidad…) y en niños que conviven con personas de riesgo.

3. Porque las vacunas infantiles son seguras

La EMA, la agencia reguladora europea, ha autorizado una vacuna infantil contra la COVID-19. Se trata de la vacuna Comirnaty 10 μg/dosis de los laboratorios Pfizer & BioNTech. La autorización por parte de las autoridades sanitarias se fundamenta en dos pilares: eficacia y seguridad. Ninguna vacuna se autorizaría si hubiese dudas acerca de su seguridad, o si los riesgos de la vacunación se considerasen mayores que sus beneficios. Para esta vacuna, el balance entre riesgos y beneficios está claramente inclinado hacia los beneficios. La vacuna pediátrica Comirnaty ha mostrado en los ensayos clínicos un excelente perfil de seguridad.

Además de los ensayos clínicos, Estados Unidos e Israel, entre otros países, han comenzado a vacunar a población infantil de 5 a 11 años. En concreto, en Estados Unidos se han administrado más de 6 millones de dosis a niños hasta ahora sin que se haya detectado ninguna señal de alarma.

Como todos los medicamentos, las vacunas pueden provocar efectos secundarios, pero la mayoría son leves y de corta duración: dolor en el brazo, cansancio, malestar general, escalofríos, dolor de cabeza y algo de fiebre.

4. Porque contraer la COVID-19 entraña más riesgos para los niños que los efectos secundarios más graves de la vacuna

Los efectos secundarios de la vacuna son en general muy leves. Los efectos secundarios más graves han sido casos muy raros (13 casos por cada 100.000 varones vacunados entre 12 y 29 años) de inflamación de partes del corazón (miocarditis y pericarditis) después de la vacunación de la COVID-19. No obstante, los pacientes más jóvenes se han recuperado en pocos días sin apenas tratamiento.

Entonces, ¿vale la pena vacunar a los niños pese al riesgo de miocarditis o pericarditis? Sí, puesto que la miocarditis y pericarditis ocurren muy raramente tras la vacunación, pero es bastante más frecuente que se padezca la infección natural por COVID-19 por contagio desde otra persona infectada. Los niños de 11 años y menores son el grupo de edad con mayor incidencia de casos de contagio actualmente. Estos niños que se infectan, de forma excepcional pueden tener graves complicaciones como el síndrome inflamatorio multisistémico que se caracteriza por fiebre e inflamación de diferentes partes del cuerpo como corazón, pulmones, etc.

No obstante, si tu hijo tiene alguna condición de salud especial y tienes dudas acerca de la idoneidad de la vacunación, consúltalo antes con el pediatra.

5. Porque las vacunas infantiles funcionan

La vacuna pediátrica Comirnaty funciona preparando al organismo para que este sepa defenderse de la COVID-19. Contiene una molécula llamada ARN mensajero (ARNm) en la que están escritas las instrucciones para producir una proteína llamada proteína spike. Esta proteína es la misma que el virus SARS-CoV-2 tiene en su superficie y usa como llave para entrar en las células del cuerpo.

El ARNm de la vacuna no permanece en el cuerpo, se descompone poco después de la vacunación.

Cuando una persona recibe la vacuna, algunas de sus células leerán las instrucciones del ARNm y producirán temporalmente la proteína spike. El sistema inmunitario de la persona vacunada reconocerá esta proteína como extraña y activará un sistema de defensa específico contra ella: producirá anticuerpos, activará las células T (glóbulos blancos) para atacarla, etc. De esta manera, si más adelante la persona entra en contacto con el virus SARS-CoV-2, su sistema inmunitario lo reconocerá y sabrá cómo defenderse de él.

En el ensayo clínico más importante que se ha hecho sobre esta vacuna infantil, los resultados de eficacia han sido excelentes: de los 1.305 niños que recibieron la vacuna tan solo 3 desarrollaron algún síntoma de COVID-19, mientras que de los 663 niños que recibieron placebo en el ensayo, 16 enfermaron de COVID-19. Esto significa que la vacuna tiene una eficacia por encima del 90%.

Además, los estudios más recientes indican que la vacuna protege de todas las variantes conocidas de SARS-CoV-2, incluida la Ómicron.

6. Porque si no vacunas a tus hijos, esas dosis se perderán

Según la Organización Mundial de la Salud la vacunación infantil es beneficiosa, pero no urgente. La prioridad debería ser la vacunación global. Hay países cuya tasa de vacunación no alcanza ni el 3%. El reparto desigual de vacunas está causando estragos sobre todo en los países más pobres. Además, donde el virus circula a sus anchas tiene más oportunidades de mutar y es más probable que surjan nuevas variantes que azoten al mundo entero. Por eso la pandemia no puede resolverse de forma local, sino global.

Dicho esto, la realidad es que las vacunas que ya han sido adquiridas por un país no se van a destinar a otros países más desfavorecidos porque unos padres decidan no vacunar a sus hijos. Esas vacunas se desperdiciarán, de hecho, lo más probable es que caduquen, ya que no son fáciles de conservar.

Así que, por desgracia no está en manos de los padres hacer un reparto global y ético de las vacunas. Las dosis destinadas a tus hijos se perderán si decides no ponérselas. Todo el esfuerzo económico, sanitario y científico que hizo posible que tus hijos dispongan de vacunas se irá a la basura si las rechazas.