Si algo caracteriza a la reacción de este país es lo fiera que se muestra ante los débiles y cómo corre a llorar y pedir protección cuando se le devuelve una parte mínima de la violencia simbólica que proporciona. Cobarde incluso cuando no se le devuelve esa violencia verbal y solo se le planta cara. Abascal y sus acólitos de VOX se han puesto en modo plañidera porque en Ceuta han expresado algo natural, que un discurso de racismo y de odio como el que fue a expresar aprovechando el dolor y la preocupación por los hechos que provocó el sátrapa marroquí no es bienvenido en una ciudad multicultural con una convivencia ejemplar. Ceuta repudió a Abascal porque su miserabilidad solo tiene cabida en el contenedor. Una muestra de orgullo y luz entre tanta indigencia.

Nombrar persona “non grata” a Abascal es una consecuencia lógica si lo que se quiere es preservar la convivencia religiosa y cultural en una región ejemplar por la coexistencia de religiones y culturas diferentes pero con un equilibrio fácilmente perturbable. Juan Jesús Vivas, el presidente de Ceuta, conoce perfectamente la región que gobierna y amenazó con dimitir si alguien en Génova se atrevía a desautorizar su decisión de abstenerse para que la moción de reprobación a Abascal saliera adelante. Vivas sabe que la actitud de VOX en Ceuta es un peligro de orden público que no puede tolerar y no le ciegan las lógicas de los pactos nacionales para entender que necesita poner pie en pared contra el discurso racista de VOX. A veces hay masa gris en el PP, aunque está lejos de Madrid.

El PP nacional en materia dialéctica, discursiva y simbólica es un juguetito en manos de VOX. Los de Abascal pretenden humillarlo siempre que pueden, tienen cierto éxito al marcarle el debate y virarlo a sus posiciones, pero no saben culminar la obra. No se atreven y acaban reculando. El que gobierna y manda es el PP, porque en este juego de castratis posfascistas todos gritan muy agudo pero con el empuje de un toro manso. Abascal y sus escuadristas de saldillo braman mucho, pero luego hacen lo que el PP quiere. Nunca osan a poner en juego las cosas de comer y han protegido a los de Pablo Casado cuando se dirimen los asuntos importantes. El PP sabe que VOX es inofensivo con sus bravatas porque no tiene el valor suficiente para romper ninguno de sus gobiernos y acaba solucionando las pataletas de Abascal sacando a una mandada como Andrea Levy para que les calme diciendo cuatro ridiculeces incoherentes e inconsistentes ante una cámara.

Pero les funciona. Sus intereses son los mismos y no hay diferencias excesivas entre los fascistas de VOX y los de Génova. En una entrevista en El Mundo, Abascal reconoce cómo les torean: "En Andalucía están incumpliendo los pactos, se ríen de nosotros. No tenemos nada que hablar con ellos. La incomunicación puede llegar a Madrid. Votaremos lo que nos dé la gana en cada votación. Ellos nos necesita". Es cierto todo, se ríen de ellos porque saben que van a votar lo mismo que el PP en lo importante y no tienen los arrestos necesarios para romper los pactos. El PP los necesita, claro, pero saben que de manera sistemática se han plegado a los conservadores después de amenazar con sus rupturas. No son creíbles en sus ultimátums.

La extrema derecha española tiene muchas diferencias con sus homónimos europeos, pero una de las fundamentales es que solo sirve de muleta de los conservadores tradicionales en todas sus formas y concreciones. Los posfascistas de otros países hacen una enmienda a la totalidad de los partidos tradicionales y ponen en cuestión de forma tangible a aquellos a los que aspiran a sustituir, en España tan solo quieren lograr mover a sus posiciones al PP para darle apoyo en todos los ayuntamientos y comunidades autónomas y lo harán en el gobierno nacional si tienen oportunidad. Aquí nos han tocado en desgracia unos posfascistas timoratos, llorones, cobardes y ruidosos a los que nadie hace caso cuando pretenden meter miedo al PP con su última fanfarronada de acomplejados.