
Editorial: Seix Barral
Fecha de publicación: 2026
Después del Madrid obrero de los ochenta y noventa de La mala costumbre, Alana S. Portero nos lleva a la Andalucía de 1937. En Cosamala, su segunda novela, nos adentra en Guillena, un pueblo como tantos otros, herido por la guerra.
Partiendo de un crimen real cometido durante la Guerra Civil, la autora crea un universo entre la vida y la muerte. Entre la resistencia que corre con camisas blancas por los campos andaluces, oliendo a sangre y sudor, y las que se quedan atrás, en habitaciones frías y calles oscurecidas por el miedo.
La columna Carranza
Desde Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano, responsable militar de la sublevación en Andalucía, impone un régimen que se extiende por toda la región. Sus discursos radiofónicos, llenos de amenazas y violencia, extienden el terror a cualquiera que tenga la radio puesta.
Toreros, falangistas, terratenientes y guardias civiles destrozan la vida antes incluso de llegar al pueblo
El 6 de agosto de 1937 Guillena se convierte en zona de guerra. En ese escenario avanza la columna Carranza, encabezada por un brillante caballo de charol. A su paso siembran el miedo, primero por los campos de trigo que Manuela la Esterona aprendió a cuidar con su padre. Pisan la tierra que está descansando para cultivar garbanzos. Toreros, falangistas, terratenientes y guardias civiles destrozan la vida antes incluso de llegar al pueblo.
Con ellos, llega el olor a muerto y a destrucción. La noche se hace más oscura, y los que lo tienen que hacer, saltan al campo en una lucha desesperada por sobrevivir a lo que es inevitable. Guillena queda sometida al cañón de la escopeta unos, y al aceite de ricino las otras.
Las 17 Rosas de Guillena
Mientras los maridos mueren, se rompen, y se desgarran en la espesura de los campos, un grupo de mujeres resiste de otra forma. Lideradas por La Camacha, se adentran en esa oscuridad que ahora forma parte de las calles de su querido pueblo.
Alentadas por otras mujeres que también lo han perdido todo, buscarán una venganza endemoniada
Trini sabe de trigo, La Tórtola, si de algo sabe, es de hombres, Lola, una jovencísima embarazada, va a tener que aprender qué es el horror. Alentadas por otras mujeres que también lo han perdido todo, buscarán una venganza endemoniada.
La Camacha conoce los secretos que guardan los que están bajo tierra, y las mujeres, empujadas cada una por su dolor, aprenden y cruzan la frontera que separa lo vivo de lo muerto. En Cosamala, Alana devuelve la vida a las Rosas de Guillena, un grupo de mujeres detenidas en septiembre de 1937. Fueron rapadas y torturadas por los falangistas. Después de un paseo de humillación por su pueblo, las fusilaron en una localidad cercana.
La otra resistencia
La autora convierte una historia de represión franquista en una novela gótica sobre mujeres que se niegan a aceptar el orden impuesto por sus verdugos. La brujería se convierte en resistencia. Vengan a los asesinados y les dan la sepultura que merecen. Convierten la tierra en el lugar sagrado donde las almas van a descansar, no donde se desangran abandonadas. La tierra vuelve a ser tierra y no una fosa.
La brujería se convierte en resistencia
En esta nueva novela, la autora, a través de la sangre, de la tierra removida y de los cuerpos humillados nos acerca al sentimiento de venganza. Con una escritura explícita y lorquiana, la autora hace que convivan la belleza y el horror. Alana construye una Andalucía terrenal y, al mismo tiempo, sobrenatural. Una tierra donde los muertos no terminan de marcharse porque nadie les ha permitido descansar.
Aunque nunca se deja de hablar de ella, con el estreno de La Bola Negra, la Guerra Civil ha vuelto a ser tema de conversación. La película nos ha vuelto a poner delante a los fusilados y a los que disparan, pero al verla, me pregunté dónde estaban las mujeres españolas y qué les pasaba mientras ellos ocupaban la gran pantalla. Alana S. Portero que, las cosas de la vida, hace un cameo en la película, me ha dado la respuesta en este libro.
Estaban librando su propia batalla. La resistencia de los huidos también está en las que aguantan en casa y los esperan sabiendo que igual nunca volverán. Madres, esposas, hermanas e hijas enlutadas que traman su propia venganza en los pueblos arrasados por la muerte.
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