
Fernanda García Lao
Editorial: Candaya
Fecha de publicación: 2025
"Antes de que acabe el siglo, no habrá manera de distinguir el asunto más básico de su fingimiento", explica uno de los personajes de Estación Saturno, la última novela de Fernanda García Lao, aunque la frase bien podría pasar por un pasaje de Deleuze y Guattari. No lo mencionamos de pasada ni casualidad, algo hay aquí de las Mil mesetas y del rizoma deleuziano en el que no entraremos en demasía por no fatigarles a ustedes ni desviarnos nosotros en exceso.
Una prosa alucinada que permite a su autora jugar con el lenguaje hasta el extremo
La escritora argentina arrastra a sus dos protagonistas, hermanos sin nombre que viven el duelo por el gemelo muerto hace escasos días, de vuelta a Saturno, su pueblo natal. Aquella población con nombre de cuerpo celeste, es en realidad una conocida zona de avistamientos de ovnis, un lugar que tiene menos de geográfico y más de cerebral.
Deciden alojarse en el hotel Tiānqì, un paraje extraño donde las leyes del mundo no operan de forma habitual, el tiempo no discurre de forma lineal y sus huéspedes viven en un estado de confusión que se parece más a un sueño febril que a unas vacaciones. Todo lo que ocurre después sirve a una prosa alucinada pero increíblemente interesante y que permite a su autora jugar con el lenguaje hasta el extremo.
Lo que se lee
La llegada a Tiānqì viene precedida por la desaparición del gato del hermano perdido. Un presagio que sus protagonistas aceptan con la misma determinación sonámbula con la que se hospedan en el hotel. Fernanda García Lao no utiliza diálogos al uso, agolpa cada una de las escenas que componen Estación Saturno a través de epígrafes: "Lo que aparece", "lo que muerde", "lo que se frota", y así un largo etcétera.
Lao nos pone frente a un grupo de personas obsesionadas con el contacto con extraterrestres
Parece querer su autora indicarnos hacia dónde dirigir nuestros sentidos, inútiles por otro lado en el viaje que están a punto de realizar. Lao se sirve de las limitaciones del lenguaje para sembrar la duda en los lectores y confundir a la pareja de hermanos. El deseo sexual de ella se mezcla con la extrañeza que él siente por el parecido con su hermano gemelo fallecido, y a partir de ahí la novela se disloca en todas direcciones.
Desde que llegan a Saturno, los dos personajes se encuentran invadidos por sus extraños huéspedes, incapaces de recordar cuánto tiempo han pasado allí dentro. La confusión se extiende también al personal. Lao nos pone frente a un grupo de personas obsesionadas con el contacto con extraterrestres, deseosos de una experiencia sobrenatural que esperan poder conseguir con la llegada de sus dos nuevos invitados.
Lo que se intuye
Fernanda García Lao levanta en el interior del hotel Tiānqì una estructura confusa que parece diseñada con el mismo espíritu que los dibujos de M. C. Escher, tratando de desconfigurar nuestro sentido de la orientación. El lenguaje es abigarrado, mezclando los pensamientos de unos y otros para convertirlo todo en un flujo de información que puede llegar a parecer caótico.
Aunque en ese agolpamiento de sensaciones saquemos algunas cosas en claro sobre nuestro propio mundo. Volviendo a la frase con la que abríamos esta reseña, la sensación como lectores es que la humanidad lleva alojada en el Hotel Saturno unos cuantos años. De la misma forma que el AI Slope —ese término, recientemente acuñado, que hace referencia a las obras cutres y malogradas de inteligencia artificial— nos hace plantearnos si lo que vemos es realmente real.
[[DEST:Fernanda García Lao levanta en el interior del hotel Tiānqì con el mismo espíritu que los dibujos de M. C. Escher]]
Sin un centro al que asirnos, reaparece la oscura filosofía de Gilles Deleuze y su rizoma. Que resumiremos como una estructura en la que las ideas no se organizan con un centro o jerarquía y que gira sobre sí misma. En ese giro se encuentran los personajes con otros, pero también con ellos mismos y sus deseos. De nuevo el hermano incapaz de superar la muerte de su gemelo, reencontrándose en cada habitación desde la que los espejos le devuelven el rostro del fallecido.
¿Es necesario conocer el rizoma para leer Estación Saturno? Afortunadamente no. Pero como hoy tampoco tenemos forma de saber si esta reseña es fingida, si su autor conoce realmente la obra de Fernanda García Lao o si cuanto ha leído hasta ahora ha sido generado por los tentáculos de la IA, mejor invocar a la indeterminación humana que nos separa de la frialdad quirúrgica de las máquinas, resumida en una frase más humana que la ansiedad: esto es como todo.
Lo que se sabe
Porque todo está en Tiānqì todo el tiempo. El hotel se va convirtiendo en un portal interdimensional, aunque ni un solo alien haga acto de presencia aquí. Se lo desvelamos por adelantado por si tratan de alojarse esperando seres verdes y platillos volantes. Como mucho se descubrirán a ustedes mismos en los deseos y anhelos de quienes tratan de entender sus vidas en aquel lugar extraño.
Una novela original, cerebral y filosófica, aunque también divertida y sorprendente
Otra cosa que podemos asegurarles es que la Estación Saturno existe realmente y se encuentra en Partido de Guaminí, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Lo sabemos porque lo pone en la página de Wikipedia de aquel lugar. Pero, ¿lo sabemos realmente? Como no queremos ensanchar el espacio de la incertidumbre con la que nos deja Estación Saturno corto abruptamente este párrafo, otra muestra de libre albedrío e inteligencia humana, para que no duden.
También les podemos asegurar que si andan buscando una novela original, cerebral y filosófica, aunque también divertida y sorprendente, van a disfrutar mucho del último libro de Fernanda García Lao. Y si ya habían leído a la argentina y les interesa el universo literario que lleva construyendo desde hace décadas con una originalidad que podríamos calificar de humana y para nada fingida, pues bienvenidos sean a la Estación Saturno y buena suerte tratando de regresar.
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