
Hye-Young Pyun
Traductora: Alba Verea Pérez
Editorial: Destino
Fecha de publicación original: 2018
Quienes hayan visto o leído Cuando Johnny cogió su fusilde Dalton Trumbo recordarán la escena en que su protagonista, paralizado, mutilado por un obús y obligado a ser mantenido con vida, intenta telegrafiar con el movimiento de su cabeza la palabra "matadme" una y otra vez. Un capellán castrense, incapaz de tranquilizarle por la vía espiritual, le espeta a uno de los oficiales que eso es "el producto de su profesión" y no de la suya.
A Johnny solo le quedaban aquellos movimientos espasmódicos para pedir ayuda mientras "el mundo se aleja y solo quedo yo", que rezaban Metallica en su canción One, inspirada también en dicha historia y cuyo videoclip recuperó las imágenes de la adaptación de 1971.
En esa misma situación se encuentra el protagonista de El pozo de la surcoreana Hye-Young Pyun. Un relato que mezcla el terror psicológico con el suspense para presentarnos a un hombre que, tras un fatal accidente de tráfico, pierde a su mujer y queda totalmente paralizado y mudo, a merced de los cuidados de su suegra quien se comporta de una forma cada vez más errática, aislándole del mundo. Un libro que consiguió el prestigioso premio Shirley Jacksonen 2018 y que ahora se edita en nuestro país.
Una prisión de carne y hueso
Cuando Ogi despierta en el hospital se encuentra atado a una cama, paralizado, magullado y sin idea de qué había ocurrido en su vida hasta ese momento. Su mujer ha fallecido y, sin padres o hermanos, nadie parece dispuesto a cargar con el peso muerto en que se ha convertido su vida. Su suegra, en una situación similar, viuda y sin su hija, decide tomar las riendas de la vida de Ogi y cuidarle durante su recuperación.
Pero algo cambia a medida que pasan los días. Su suegra se hace con el control de la casa, desentierra las libretas y diarios de su hija y empieza a cavar en el jardín trasero, sin un objetivo claro. Lo que empezó siendo una relación cargada de compasión, termina por convertirse en una tortura.
Sin voz no puede gritar, sin pies no tiene adónde ir, sin manos no podría acabar con su propio sufrimiento
La mujer empieza a tratarle con mayor crueldad, controlando quién le visita, descuidando su alimentación o aislándole por completo. Sin voz, Ogi no puede gritar, sin pies no tiene adónde ir, sin manos no podría acabar con su propio sufrimiento e igual que en la novela de Dalton Trumbo, el lector está atrapado en el soliloquio de su protagonista.
Agujeros en la memoria
Ogi trata de ordenar sus recuerdos, recordar cómo era la relación con su difunta esposa, cómo vivían y qué perdieron cuando ocurrió el accidente. A medida que afloran se da cuenta de las diferencias que existían entre ambos y, nosotros, profundizamos más en la instantánea de aquella vida previa a la colisión.
El jardín que tan delicadamente plantó su hija, se convierte a lo largo de las semanas en un campo de minas
Postrado y solo, su suegra tendrá la última palabra a la hora de tomar todas las decisiones, palabras que Ogi no podría pronunciar en su precario estado. El jardín que tan delicadamente plantó su hija, se convierte a lo largo de las semanas en un campo de minas, lleno de agujeros y privado de vida. Mientras se pregunta por qué su suegra destruye lo que su mujer con tanto cariño intentó hacer crecer, Ogi se irá acercando cada vez más a una verdad a la que, en su estado, tampoco se podrá enfrentar.
El Pozo
La fascinación con la cultura surcoreana tiene nombre propio: Hallyu. Una expresión que vendría a significar 'Ola Coreana' y que se ha cristalizado en las últimas décadas en el Kpop de bandas como Stray Kids o BTS, en la literatura con la Nobel Hang Kang o en el séptimo arte con el Oscarizado Bong Joon-ho, director de 'Parásitos'. A nadie le sorprende a estas alturas que ese remoto y pequeño país hoy produzca un alto porcentaje de cuanto se consume en Occidente.
Hye-Young Pyun llega bajo ese mismo paraguas, pero también con el prestigioso premio Shirley Jackson que consiguió en 2018, precisamente, por El Pozo. Los ingredientes para una adaptación al cine que, por cierto, lleva en manos del director Kim Jee-woon desde 2024 y de la que no sabemos más noticias.
La fascinación con la cultura surcoreana tiene un nombre: Hallyu
El Pozo es un libro que podría devorarse en cuestión de horas, que no termina de profundizar en ninguna de las cuestiones que abre y que parece que cae en el género del suspense por ser esa la sensación que nos deja tras la lectura: en suspensión y a la espera de algo más. Si la novela de Trumbo era un fuerte alegato antibelicista o proeutanasia, según se mire, El Pozo no es alegato de absolutamente nada.
Su autora le niega un nombre a todos los personajes, exceptuando a su protagonista. Un detalle que nos podría dar información sobre cómo Ogi ve el mundo y que podría inclinar la balanza de la compasión hacia otro lado, generándonos dudas sobre su inocencia. En esa negociación que se establece entre autor y lector por dar pistas contradictorias, generar atmósferas que cambien para no perder nuestra atención y ofrecernos algo más que la confirmación a nuestras propias intuiciones.
Hye-Young Pyun consiguió el premio Shirley Jackson en 2018 por El Pozo
Pero no: aquí los malos siempre lo son, los buenos cuentan con un arsenal de excusas y como lectores solo nos genera la suspicacia de saber demasiado pronto cómo va a transcurrir la historia. En cualquier caso, con tan prestigiosos premios engalanando su faja, su lectura es amena y sus 200 páginas una invitación a que cada uno saque sus propias conclusiones.
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