Editorial: Altamarea
Traductor: Ernesto C. Gardiner
Fecha de publicación original: 1976
Los buenos ganan. Hay banderitas, un desfile y fuegos artificiales. Da la casualidad de que la comitiva atraviesa el centro de Manhattan y que quienes han vencido son norteamericanos de rostros blancos. Afeitados y aseados, paladines angelicales de ese patriotismo estadounidense que, desgraciadamente, no terminó de quebrarse definitivamente a partir de Vietnam.
Aún así la vuelta de miles de jóvenes a casa provocó una fractura social entre los que trataban de recuperar su vida y a quienes se les relegó al olvido de una guerra que provocó más vergüenza que orgullo. Ron Kovic fue uno más de los 2.7 millones de jóvenes que se alistaron en pleno fervor patriótico. Y, aunque pudo regresar, lo hizo en una silla de ruedas después de perder la movilidad del tren inferior en la jungla.
Su biografía, Nacido el 4 de julioprovocó un seísmo en la opinión pública estadounidense. Poniendo patas arriba todo un sistema de valores que inspiró una película inolvidable de Oliver Stone y una archiconocida canción antibelicista. Bruce Springsteen —a cargo de su prólogo— debe al escritor su Born in the USA, malinterpretado en su país sistemáticamente como una canción patriótica que, en realidad, denunciaba lo vivido durante casi una década en Vietnam.
Un mes, tres semanas, dos días
Un mes, tres semanas y dos días. Ese fue el tiempo total que Kovic le dedicó a su redacción. Escrita íntegramente en 1974, desaforadamente en lo que, para el escritor, era su última voluntad cuando pensaba que su vida acababa de terminar Descargando la rabia sobre los recuerdos de la guerra, del antes y el después. Convencido de no querer convertirse una mera tragedia y de que la bala que le dejó postrado a una silla de ruedas no pudiese atravesar la vida de ningún otro joven.
Escrita íntegramente en 1974 en lo que, para el escritor, era su última voluntad.
Fue detenido en más de una decena de ocasiones por manifestarse contra la guerra. Quienes le enviaron entonces al sudeste asiático lo estaban haciendo en 2005 de nuevo con toda generación rumbo a Irak. Fue en ese momento cuando este libro se actualizó con un prefacio que se añadió a esta edición —que publica ahora Altamarea en nuestro país— y que llega a conclusiones igual de urgentes y necesarias: "Abogar por una alternativa a este caos y a esta estupidez, a esta locura y brutalidad".
Sangre en la arena
Kovic arranca su Nacido el 4 de julio desde la misma arena donde perdió la movilidad de sus piernas. No hay grandes arcos de redención, nada de lo que así se cuenta se presenta galvanizado por el patriotismo. El veterano recuerda cómo jugaba de pequeño a imaginar guerras en su patio trasero y cómo al final de su adolescencia decidió convertir esos juegos en realidad alistándose en los marines.
Nada de lo que así se cuenta se presenta galvanizado por el patriotismo.
Desde ese punto, Kovic analiza el patriotismo inculcado a toda su generación. Los delirios de un país en plenaGuerra Fría, con la hipervigilancia y la noción de que morir lejos de todo cuanto se conoce era la única forma aceptable de terminar con todo. Escrito con una honestidad que no cejó en su literatura, pero tampoco en su vida privada.
Hacer callar a Nixon
En 1972, durante una convención del Partido Republicano, Kovic tomó el escenario cuando lo hizo el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. Lo hicieron con sus trajes de marines, recortados, con parches y adaptados a la miserable vida civil a la que se les había relegado tras la guerra.
En las imágenes de aquel año podemos ver a Kovic ataviado con su chaleco, el pelo largo y barba. El vestigio incómodo de una guerra a la que todavía le quedaban años de sufrimiento y vidas que cobrarse. La estampa se convirtió en el signo inexcusable de la situación que atravesaban los hijos olvidados de aquella guerra.
Kovic tomó el escenario junto a Richard Nixon en 1972 en señal de protesta
Kovic comparte cumpleaños con la nación por la que perdió la mitad de su cuerpo y parte de su vida. Cuando nació lo hizo al son de los fuegos artificiales, de la noche americana inflamada en estrellas rojas fulgurantes. Del himno sonando en cada avenida, de un sueño americano que desde el siglo pasado se cobra en cuerpos el combustible de un patriotismo atroz.
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