J. D. Barker

Traductor: Julio Hermoso

Editorial: Destino

Año de publicación original: 2025

Billy Hasler vive en New Castle, un pequeño pueblo costero de New Hampshire donde todo parece demasiado tranquilo como para ser cierto. A los 17 años, su vida todavía es una especie de versión previa de él mismo. Es como una vida que desaparecerá: instituto, amigos, planes intrascendentes.

'El pacto' parte de una idea muy sencilla pero absolutamente demoledora

Pero ese equilibrio salta por los aires cuando David Spivey, su mejor amigo, hereda una casa en una isla cercana. El plan es un sueño adolescente: pasar allí el último verano antes de la universidad rodeados de sus amigos, sin adultos, sin normas, sin vigilancia. Un lugar apartado del mundo donde todo parece permitido y nada parece tener consecuencias.

El problema es que sí que las va a tener. Porque en esa casa empiezan a ocurrir cosas que están a años luz de la idea de unas vacaciones: sucesos extraños, presencias difíciles de explicar... y, sobre todo, muertes.

No una. Varias. Y ninguna accidental.

Muerte adolescente

J. D. Barker es un autor estadounidense nacido en 1971 y conocido por su capacidad para tejer thrillers tremendamente adictivos. Destaca especialmente su trilogía de El cuarto mono. En esta ocasión Barker gira claramente hacia el terror místico y sobrenatural, pero sin abandonar su ADN más reconocible: capítulos ágiles, ritmo muy alto y una construcción tremendamente visual de la tensión.

El pacto parte de una idea muy sencilla pero absolutamente demoledora. En esa casa heredada hay una historia de violencia que no ha terminado de cerrarse. Y se ceba con los pobres adolescentes que han ido allí pensando que van a pasar el mejor rato de sus vidas.

J. D. Barker se desplaza desde el thriller puro hacia el horror

El problema no es sólo quién muere, sino que nadie consigue entender qué lo provoca ni cómo detenerlo. Uno de los ejes del libro que influye en lo mal que lo he pasado leyéndolo es la relación entre Billy Hasler y David Spivey. Barker no la trata como la típica amistad idealizada. Da a luz un vínculo intenso, dependiente y cada vez más desubicado por lo que ocurre a su alrededor.

El pacto confirma algo que ya se venía viendo en la trayectoria reciente de J. D. Barker: su desplazamiento progresivo desde el thriller puro hacia un territorio híbrido donde el suspense sigue marcando el ritmo, pero el horror —y en concreto el horror ligado a espacios— gana cada vez más peso.

Del thriller al terror sobrenatural

Si en la trilogía de El cuarto mono el motor era el juego psicológico, la investigación y el asesino, aquí lo es la atmósfera. Y, sobre todo, el lugar como detonante. En ese sentido, Barker se mueve en una línea bastante reconocible dentro del género: no busca la incomodidad extrema ni la experimentación, sino la eficacia. Es más Stephen King que Nick Cutter, más heredero de la tradición del "small town horror" que del terror contemporáneo más radical.

Lo mejor de 'El pacto' es su ambientación. La isla, la casa, el aislamiento, la sensación de que algo no encaja

Las comparaciones no son gratuitas. La novela dialoga claramente con ese King de los setenta y ochenta donde el mal está anclado a un espacio concreto y se transmite casi como una enfermedad (It, El misterio de Salem’s Lot, incluso El resplandor en la idea de lugar contaminado).

Pero también hay algo interesante en el tono. Ese aire de verano americano que recuerda, en momentos concretos, a Ray Bradbury. No tanto por el lirismo, sino por esa sensación de inocencia inicial que se va torciendo poco a poco. Eso sí, Barker no se queda en la sugerencia. Donde Bradbury insinúa, él ejecuta. Donde King a veces se recrea, él acelera.

La ambientación lo es todo

Lo mejor de El pacto es su ambientación. La isla, la casa, el aislamiento, la sensación de que algo no encaja desde el principio. Todo eso está muy bien construido y sostiene la lectura con bastante solidez. También funciona el ritmo. Barker sabe perfectamente cómo cerrar capítulos en el punto justo para que quieras seguir.

Ahora bien, no todo juega a favor porque, a veces, hemos sentido que los personajes no siempre están a la altura del entorno. Cuesta conectar emocionalmente con ellos en ciertos momentos, y eso en una novela de terror es un pequeño problema: si no te importan del todo, el miedo pierde fuerza. Aun así, El pacto tiene muy claro lo que quiere ser: una novela de terror accesible, con buen ritmo y una atmósfera suficientemente sólida como para sostener casi seiscientas páginas sin que acabemos abandonando antes de tiempo.

En ese terreno, Barker juega con ventaja. Porque sabe exactamente cuándo abrir la puerta. Y, sobre todo, cuándo cerrarla.

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